Los productores, en desventaja
frente al duopolio televisivo
Víctor Ugalde
El control duopólico que mantienen Televisa y TV Azteca en la televisión de señal abierta y las redes de señal
restringida están impidiendo desde hace años el crecimiento sano y la consolidación de la incipiente recuperación por la
que atraviesa el cine mexicano y se ha convertido en un cáncer que mantiene crónicamente enferma a la
cinematografía nacional.
De nada sirven las buenas intenciones del gobierno mexicano en apoyo de nuestro cine, tampoco sirve el hecho
de que las cintas mexicanas logren muy buenos resultados en las salas cinematográficas de nuestro país. En 2002 las
19 películas mexicanas estrenadas representaron 7.30% del total de cintas exhibidas, pero sus ingresos fueron de
448 millones de pesos, lo que represento 9.84% del total captado, es decir que en promedio las cintas nacionales
recuperaron 23 millones de pesos por título mientras que las extranjeras sólo obtuvieron 17, esto gracias a la aceptación del
público a cintas como El crimen del padre
Amaro, 5.2 millones de espectadores; El tigre de Santa
Julia y Amarte duele, 2.3, y La habitación azul
1.9, sólo por citar las más exitosas.
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Sin embargo, todo se estrella cuando el productor ofrece su producto a las dos empresas que acaparan los seis
canales de la televisión comercial. Éstas ofrecen unos cuantos miles de dólares que pueden ir de 15 a 20 mil o quizá hasta
35 o 50 mil dependiendo del éxito del filme por los derechos de transmisión por un periodo de siete años que incluye
un promedio de siete pasadas y por supuesto todo el cable gratis. Dinero que las empresas televisoras recuperan con lo
que cobran en unos cuantos segundos a través de los comerciales de la primera transmisión pública, lo demás es
ganacia leonina que sólo los beneficia a ellos.
De esta situación sólo se salvan las empresas productoras cercanas a los intereses de las televisoras (Videocine,
por poner un ejemplo). A esas sí se les paga lo que en justicia correspondería, pero en realidad la operación sólo significa
sacar el dinero de una bolsa para metérselo a otra y pagar así menos impuestos.
De sobra es conocido el éxito que tiene el cine mexicano con los televidentes. De esta manera, cada vez que el
rating anda bajo o cuando se quiere competir, las televisoras recurren a programar cine nacional. Un ejemplo reciente:
cuando La academia de TV Azteca les estaba robando el público dominical, Televisa programó un ciclo del llamado "nuevo
cine mexicano" para así atraer la atención del público que lo abandonaba domingo a domingo. Tanto en México como
en el mundo las películas tienen mayor penetración en la televisión que en los cines y se podría decir que en un pase
se consigue entre el doble y el cuádruple de la audiencia conseguida en las salas.
La tendencia mundial actualmente es que una de las grandes fuentes de financiamiento para la producción fílmica
son las empresas de televisión, ya sea a través de la coproducción de las cintas o de la compra anticipada de los derechos
de transmisión. En países como Alemania los ingresos por la transmisión por TV representan 88% de los ingresos
de recuperación de la cinta; en España, 87%; Francia, 76%, en nuestro país por las condiciones leoninas que impone
el duopolio no cubren ni 10%, mucho menos coproducen en la medida de sus posibilidades.
En promedio, a nivel mundial los ingresos televisivos superan por tres a los obtenidos en las salas de cine. Por ello,
en algunos países donde sí se piensa en el futuro audiovisual se legisla claramente la relación cine-TV y se obliga a
las empresas televisivas a destinar como mínimo 5% de los ingresos obtenidos por la venta de publicidad para financiar
sus cinematografías nacionales, así también se regulan los tiempos y las formas de explotación de los filmes a través de
la TV para no afectar el desarrollo de su cinematografía.
En México esto no sucede, pues las dos televisoras saben que los productores nacionales no tienen más opción
que aceptar sus mezquinas ofertas, lo que termina por descapitalizar a las empresas cinematográficas. A esto hay que
agregar la injusta distribución de lo obtenido en la taquilla donde la mayor parte se la quedan los exhibidores, por esto no
resulta raro que 90% de los productores nacionales se descapitalicen y pierdan dinero película tras película.
Los integrantes de la comunidad cinematográfica de México lo saben, por ello desde el 30 de agosto de 2000
le solicitaron al entonces candidato Vicente Fox una nueva Ley de Radio y Televisión que termine con los
privilegios antidemocráticos que reciben unos cuantos empresarios de la comunicación y permita, así, una relación cine-TV
más justa. Mientras esto no ocurra el cine mexicano no logrará consolidar su recuperación aunque obtenga año tras año
éxitos en las salas de cine.