Los retos de México
Javier Corral Jurado
Estamos envueltos en una revolución tecnológica sin precedentes en la historia de la humanidad que está
transformando nuestras comunidades y nuestra cultura; modifica las relaciones tradicionales de las principales instituciones, y
genera nuevos métodos de intermediación comercial, financiera y organizacional.
El modelo industrial que marcó al siglo XX está derivando en un nuevo tipo de organización económica y social,
la denominada sociedad de la información.
Esta revolución tecnológica está centrada en la convergencia digital: la concurrencia acelerada entre la
microelectrónica, las telecomunicaciones, la radiodifusión, los multimedios y las tecnologías de la información y la comunicación.
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Foto: Raúl Ramírez M. |
Es un proceso que genera nuevos productos y servicios, así como nuevas formas de gestionar la economía, de
hacer negocios, tener nuevas relaciones comerciales. Éste es el énfasis que hasta ahora conocemos entre nosotros de
la sociedad de la información. Pero los efectos no sólo son de naturaleza económica, y no sólo pueden estar
enmarcados en los intereses del mercado; más allá de las relaciones comerciales, creemos que tiene un impacto social
indiscutible que la política debe atender en forma inmediata.
Para el análisis de este proceso y la forma en que los Estados nacionales han de enfrentar el desafío que plantea
este nuevo modelo social, las Naciones Unidas resolvieron convocar a la Cumbre Mundial de la Sociedad de la
Información, que se llevará a cabo del 10 al 12 de diciembre del presente año en Ginebra, Suiza; cumbre que se equipara en
igualdad de oportunidad e importancia, a las que para la mujer y el medio ambiente convocó la misma ONU.
De esa cumbre debe surgir una visión y entendimiento común de lo que constituye la sociedad de la información,
las estrategias que garanticen el mayor acceso de las personas a las nuevas tecnologías de la información, así como el
mejor uso y conocimiento de sus diversas aplicaciones. La meta es encontrar la mejor manera para reducir lo que se ha
dado en llamar la brecha digital, que no es otra cosa que la distancia que existe en la posibilidad del disfrute de
estos instrumentos de la comunicación.
La posición mexicana en esa cumbre es muy importante, pues se trata de presentar una visión de Estado e
integral sobre el desarrollo de la sociedad de la información. Hasta ahora la conformación de esa postura era de la casi
exclusiva participación del Poder Ejecutivo.
Por ello la Comisión de Comunicaciones y Transportes del Senado de la República, en coparticipación por sexta
ocasión consecutiva con la Fundación Konrad Adenauer, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Unesco, la
Universidad Iberoamericana y la Asociación Mexicana del Derecho a la Información, convocaron a la Sexta Conferencia
Internacional sobre "El reto de México ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información".
En el Senado de la República tenemos interés en que haya un rostro humano de las nuevas tecnologías de
la información y de la comunicación. Manuel Castells señala "que se está introduciendo una nueva forma de relación
entre economía, Estado y sociedad. Los cambios sociales son tan espectaculares como los procesos de transformación
tecnológica y económica". "Vivimos dice Castells en un mundo digital".
Las tecnologías de la información deben ponerse al servicio del hombre. Hay un riesgo que no solamente tiene
el mundo, sino nuestro país, que estos instrumentos poderosísimos queden en unas cuantas manos. Existe el mayor
riesgo en que ciertos países o círculos privilegiados monopolicen las nuevas tecnologías de la información y de la
comunicación mientras que el resto del mundo es segregado.
Tenemos la plena esperanza de que la sociedad de la información se convierta en la sociedad del conocimiento,
pero con acceso del mayor número posible de ciudadanos y países a este enorme potencial de desarrollo y para ello
la legislación es un instrumento poderoso.
En el centro de la cuestión está el gran tema por el que hemos luchado en los últimos años: la democratización de
los derechos de la información y de la comunicación. Si bien es cierto, las tecnologías pueden hacer avanzar y superar
los grados de marginalidad y pobreza y de ignorancia de los pueblos pobres, de las zonas marginadas de nuestros
países, también pueden ahondar y ampliar esa diferencia y esa distancia. Más allá de lo tecnológico y más allá de lo
comercial y de lo económico, como ciudadanos mexicanos, como senadores de la República, pero sobre todo como
sociedad, necesitamos y nos corresponde pensar coordinada y cooperativamente en el modo en que estos instrumentos
pueden cambiar y mejorar la calidad de vida del ser humano.
Cómo podemos combatir la pobreza de nuestros pueblos; cómo podemos usarla para combatir la marginación y
la impunidad. Y éste es el reto que México debe plantear con toda claridad en esa reunión de jefes de Estado.
Si bien es cierto el reto de la Cumbre de Ginebra, en Suiza, es cerrar la brecha digital, esta distancia entre los que
tienen y los que no tienen recursos económicos para el acceso a las nuevas tecnologías, no podemos dejar a un lado que
en muchos de los países del mundo mantenemos el gran pendiente de la democratización de los medios electrónicos
de comunicación, bajo las tecnologías tradicionales.
Sería simple y sencillamente impensable e imposible estar hablando de cerrar la brecha digital cuando aún no
hemos podido cerrar todavía la brecha analógica que constituye la democratización de los medios electrónicos de
comunicación. Pero en esa tarea también estamos comprometidos con paso firme, sin tregua alguna.