Javier Corral Jurado
Raúl Trejo Delarbre, uno de los más importantes teóricos de la comunicación y la sociología de los
medios en América Latina, autor del libro
Mediocracia sin mediaciones, su más reciente obra, nos ha regalado en
estos días que han seguido al "decretazo" como ya se le conoce al acuerdo Fox-CIRT, una serie de artículos
que, compilados, constituyen otro libro de enorme valor para el análisis de las relaciones entre los medios y el
poder en México.
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Foto: Gullermo Olivares/ Cortesía de La Crónica |
No tiene desperdicio ninguno de ellos, todos publicados en
La Crónica de Hoy. Imbatibles por su
rigor, seriedad y hondura en el escrutinio de esa realidad mediática que nos ha presentado en estos días a
un "Gobierno arrodillado" ante el poder de las televisoras; de una gran claridad por el desmenuzamiento que
hace de las barbaridades que se han dicho por las partes negociadoras en las "15 mentiras del gobierno y la
CIRT" y las consecuencias funestas que vendrán "Después del decretazo", entre ellas la dinámica de distorsión en
la que ha caído la Secretaría de Gobernación sobre las implicaciones de esas nuevas reglas para la radio y
la televisión, lo que tendrá un costo que "posiblemente el presidente Fox y su secretario de Gobernación
todavía no imaginan".
Al igual que Raúl Trejo, un centenar de escritores y articulistas abordaron en sus espacios editoriales de
los diarios de la ciudad de México el tema de las nuevas disposiciones, con un profundo sentido crítico. Más de
200 escritos en una semana; las plumas de mayor prestigio se empuñaron decididamente en contra de los
decretos, y se dio una participación inesperada de personajes de la política que frente a estos temas se habían
manejado con cuidado, por no decir con distancia.
En un desplegado publicado en El Universal, Reforma y La
Jornada, y que aparece en esta edición de etcétera, otro conjunto de más de 200 intelectuales, creadores, artistas, periodistas, políticos, investigadores,
actores, articulistas, estamparon su firma para condenar el albazo reglamentario del 10 de octubre por el que
se modificó el reglamento de la Ley Federal de Radio y Televisión, y casi desapareció el tiempo fiscal que
los concesionarios entregaban al Estado. Como punto central de la publicación solicitan al Congreso de la
Unión acometer directamente la tarea de reformar la Ley Federal de Radio y Televisión, dando plena cabida a
las demandas sociales en esta importante asignatura de nuestra democratización.
Los representantes de los más de 40 organismos ciudadanos que participaron en la Mesa de Diálogo
para la Reforma Integral de la Legislación en Medios Electrónicos cuyos trabajos se desarrollaron a lo largo de
18 meses, entraron en un activismo que desde hace algunos años ya no se les veía.
La respuesta social y política ha sido contundente. Y a pesar del manejo que las dos principales
empresas televisoras del país dieron al asunto, se ha logrado una clara conciencia en la opinión pública del retroceso
que significan esas modificaciones, pactadas a espaldas de la sociedad y muy lejos de la transparencia prometida.
Por supuesto que se advirtieron algunas de las reacciones que se han expresado, pero se pensaron
escenarios de mucho menor impacto. Estaba en los cálculos que habría oposición, "la prensa haría ruido", "a lo
mejor Corral se enoja", "digamos que por él se logró el derecho de réplica", pero frente a cualquier
preocupación nuevamente se repetía la frase mágica al poder de las televisoras: "pero para eso están ustedes". Para
sofocar, pero no pudieron.
A pesar del nivel de la reacción, no hay intención de rectificar. El intento justificador recurre a
extremos bochornosos, extravagantes: se falsifica la historia del origen del impuesto, se insiste en bondades que
no existen, en avances que son retrocesos, en ventajas que son renuncias, en conquista de derechos que no
tienen obligaciones, se desprestigia el concepto ciudadanización, se formaliza el ambulantaje electrónico en
la madrugada, se nos quiere traducir Ejecutivo por Estado, nos quieren cambiar las matemáticas,
inútilmente buscan convencer que con menos, tenemos más.
La única esperanza es el Congreso y no hay mejor momento que éste. Si se pasa, se va una oportunidad
que difícilmente hubieramos podido construir en otras épocas: la de un marco legal democrático y moderno
que transparente la relación entre el Estado, los medios electrónicos de comunicación y la sociedad mexicana.
Hay signos contradictorios frente a esta coyuntura. Existe un gran malestar pero hay miedo. El reto es
traducir esa irritación en participación y decisión legislativa que coloque por encima de la rentabilidad que ofrece
el encuentro efímero de los partidos con el imperio mediático durante las elecciones, el deber ético de la
convicción y de la responsabilidad.
El reto es vencer el pragmatismo y la vulnerabilidad en la que se ha colocado la propia política.
Dice Trejo Delarbre: "Cada vez crece más la tendencia a considerar que los medios son el único espacio
en donde puede ser procesado el consenso político. Esa imagen de los medios, coincide con el declive público
de los partidos y con el desprestigio de la política tradicional, incluso de las formas de representación
parlamentarias. En esta hora del descrédito que padecen los mecanismos tradicionales del quehacer político debido a faltas
bien documentadas, pero también a causa de la magnificación mediática de sus abusos, los medios llegan a
erigirse como los instrumentos de expresión y presión, por excelencia en las sociedades modernas".
Sería penoso y autodestructivo para el sistema de partidos formalizar, con su inacción, la sustitución de
ellos por los medios en la determinación de la agenda política, de los reglamentos y las leyes, de los impuestos y las contribuciones, de su relación con la gente.
No digo que se perdería el tema para siempre; habrá de llegar. Pero perderíamos otra oportunidad de hacer algo tan simple y tan trascendente como ponernos al día con el mundo democrático.