Y Carmen tiene... creo que es una buena reportera, tiene capacidad de exposición, creo que es buena
entrevistadora, pero tiene un defecto que es inevitable en los conductores pero en ellos particularmente agudo: que habla
demasiado, generalmente habla más que el entrevistado, con una enorme cantidad de intenciones y comentarios.
¿Qué se siente ser el director de la revista política más importante del país?
¿Qué se siente? Pues voy a contestar como político o funcionario público tradicional: una enorme
responsabilidad (risas). No, no se siente nada en particular; es una responsabilidad asumida en plenitud; lo que yo considero
está dentro de mi capacidad. Durante muchísimos años fui jefe de redacción bajo la conducción de Julio Scherer, y
no sólo aprendí por los años, sino aprendí por la cercanía con él, no sólo en el campo estrictamente del periodismo
sino también en cómo manejar grupos humanos. Y en este caso conducir una empresa es sumamente delicado; es
una empresa que contrariamente a lo que se ve desde afuera -muy fuerte, muy agresivos en su trabajo periodístico-
al mismo tiempo es una empresa muy eficaz que se requiere manejar con mucho cuidado, no se le puede
trastocar arbitrariamente porque una de las metas que me tracé desde que asumí la dirección es conservar la línea editorial,
la disciplina. Y lo hemos logrado, nuestra independencia absoluta, nuestra capacidad crítica permanece. Y
podemos haber asumido algunas formas distintas en el tratamiento de los asuntos y aun en la parte visual de la revista
respecto de lo que era cuando era dirigida por don Julio, pero son cambios de forma, no de fondo. Yo creo que uno de
los éxitos de la revista es que durante casi 29 años hemos conservado la independencia, nuestra línea editorial,
nuestros principios, nuestras convicciones. Se siente la enorme responsabilidad de que esto no se salga del cauce que
siempre ha tenido y al mismo tiempo mantener la viabilidad en un mercado de altísima competencia, y saber que
siempre vamos a estar sometidos a la observación rigurosa y a ratos excesiva no sólo de otros segmentos de la sociedad
sino de nuestros propios colegas. Siempre es un desafío.
Creo que si alguna característica tiene ser director de
Proceso es que no hay vacaciones en esto, no hay días
de descanso, quizá ni siquiera haya jornadas de sueño pleno. Es permanente la sensación de tener bajo la
responsabilidad esta pequeña maquinaria que tiene un sentido hacia fuera y un sentido hacia dentro, de esta revista que emplea
a alrededor de 200 familias, que no cambiarían su casa de trabajo por nada y que dependen de esta casa de trabajo
y dependen de la congruencia y coherencia de su casa de trabajo. Yo creo que esa sensación de qué se siente
es exactamente eso, estar permanentemente en la dinámica de esa responsabilidad.
¿Le pesó demasiado la sombra de Scherer?
Yo creo que la palabra exacta no es pesar y tampoco la palabra exacta es sombra. Refleja lo que es una
presencia que nace del ser excepcional que es él, y del periodista excepcional; es decir, es un ser humano con valores, con influencia pública, con presencia pública, con peso público, con prestigio gigantesco, con aprecio gigantesco.
Esa presencia, obviamente, es permanente en la revista. Él no coopera en cuanto al manejo periodístico pero su
presencia está aquí y convivimos muy cerca de él y al mismo tiempo cerca de nosotros sin intervenir en las decisiones
editoriales pero ciertamente sí se manifiesta cerca de nosotros. En cuanto a algunas de las cosas con las que estuve
cierto cuando llegué a la dirección es que lo peor que le podía pasar a Rafael Rodríguez es pretender compararse con
Julio Scherer García.
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Fotos: Bernardo Moncada |
Así que no sólo no me pasó por la cabeza compararme sino imaginar superar esa presencia. Quizá sea el
hecho que pasa todas las semanas, sentirme honrado de tener esa responsabilidad y hacer honor a ella. Y en este boleto
no es cosa de una semana ni dos, sino de todas las semanas hasta que esté yo aquí o hasta que me muera. La meta no
se alcanza más que cada domingo en que la revista salga al público; ésa es mi prueba de fuego de cada semana y lo
será para siempre. La mejor revista, la mejor edición que hayamos hecho no importará nada si fallamos en la
siguiente. En ese sentido el haber ubicado los pies en la tierra es para mí creo que uno de mis valores fundamentales, es
decir, no soy "el sucesor" de Julio Scherer, soy el director de la revista
Proceso, que debe hacer un buen producto o intentar hacerlo, una empresa exitosa y debe hacer que esta casa de trabajo sea importante para quienes
estamos aquí, que nos permita sostener decorosamente a nuestras familias, y que al público lector -tanto aquel público
duro que se identifica con
Proceso desde hace muchísimos años como el nuevo- siempre le llegue a sus manos por
30 pesos un producto de la mejor calidad que esté a nuestro alcance.
Sobre la responsabilidad que es dirigir esta revista, ¿cuál es el momento o la decisión más difícil que le ha
tocado tomar?
Creo que estamos presenciando una de ellas, la decisión de cómo confrontar una demanda, aunque sea sólo
de carácter civil proviene del máximo poder en nuestro país. Y la otra decisión también difícil tiene que ver con
otra agresión por parte de una instancia estatal: el caso de Notimex, cómo afrontar eso desde el punto de vista
informativo; digamos que las dos decisiones nada tienen que ver con la versión del Ministerio, no con problemas
políticos específicos.
¿Para usted es una agresión la denuncia de Marta Sahagún?
Yo creo que es una clara agresión contra
Proceso, por las formas como se dieron, por el contexto, oscuro
y manipulado en el que se da la demanda y el persistente ocultamiento de la demanda contra
Proceso y por el cuestionamiento que se le hace a la revista, que es en última instancia por no haber ejercido la censura previa.
Yo creo que es una agresión, y tendremos que abordar un litigio.
¿Según usted, cómo actúan las demandas?
Bueno, no fue un golpe instantáneo porque fue confuso: nos llegó una notificación casi al mismo tiempo que
se difundía un boletín de la oficina de la señora hablando de una demanda contra Olga Wornat en aparente relación
con la difusión de Crónicas
malditas y las alusiones que ahí se hacen a los hijos. Incluso muy confuso, no sabía yo si
era una misma demanda, si había dos demandas, si eran dos demandados y una sola demanda... no sabíamos. En
ese sentido fue más difícil digerirlo por confuso.