Thelma Gómez Durán / Rafael Rodríguez Castañeda
Esta plática sucedió hace poco más de seis meses, no la publicamos porque el entrevistado así lo pidió y nosotros reconocimos su derecho para hacerlo. En cambio, los directores de Proceso y de etcétera convinieron en que tendrían una conversación sobre temas varios del periodismo y que sería difundida en esta publicación.
Rafael Rodríguez Castañeda incumplió el acuerdo y no quiso estar en foro alguno donde se reflexionara sobre la postura editorial de Proceso. A pesar de su falta de seriedad, no habríamos publicado la conversación, como no lo hicimos en este tiempo.
Sin embargo, ahora difundimos la charla por dos razones. Una es porque cada vez resulta más claro que la línea informativa de ese semanario -aun en desdoro de la información- forma parte de la defensa que el fundador de la revista hace de su hijo, acusado de diversos ilícitos. La otra es porque según
Proceso habría un complot en su contra si el juez falla a favor de Marta Sahagún en su conocida demanda. En el primer caso no se justifica
el denuesto del gobierno si es para lograr el perdón del familiar entrañable y, en el segundo, habrá que ver por qué el director de Proceso resta solvencia ética y profesional a la señora Olga Wornat mientras descalifica a los críticos de esa periodista argentina.
¿Cuál es el periódico con el que se despierta?
Me despierto con la lectura de tres diarios:
La Jornada, El Universal y
Reforma.
¿Alguno de ellos es su preferido?
Leo por necesidad de información, no los leo por preferencia.
Entonces, ¿cuál es el periódico que más le gusta?
The New York Times. Creo que es un periódico muy serio, que ha sabido ajustarse a los tiempos; es un
periódico muy viejo, pero nunca ha perdido la frescura de la información. Su lectura es muy rápida. Pese a los tropiezos que
ha tenido en fechas recientes es un periódico muy confiable.
¿Hay demasiados periódicos en el país?
Sí. Hay demasiados periódicos y muy pocos verdaderos periodistas. Los periódicos cumplen papeles muy
diversos, no todos necesariamente tienen como función estrictamente informar; creo que la mayoría tienen objetivos
muy personales o particulares de grupos o de empresas y son, o intentan ser, factores de presión o de influencia
para obtener ciertas prebendas políticas o económicas.
Dice que no hay verdaderos periodistas. ¿Esto se ha agudizado en los últimos años, había más antes?
Sí, ha habido un deterioro de la calidad profesional del periodista promedio. Esto no quiere decir que en
México no haya ediciones excelentes o que no existan excelentes periodistas, pero creo que la sobreoferta de la
información, la explosión demográfica en el campo del periodismo propicia que no lleguen necesariamente los mejores
elementos a estar al frente o trabajar en los medios que importan. Esto tiene que ver también con la apertura informativa de
los últimos años, por lo menos de hace unos diez o 12 años, desde que el país ha experimentado una evolución a
una apertura mayor a lo que existía antes. Eso, como en otros terrenos, también propicia la improvisación.
Cualquiera puede sentirse capaz de ser periodista. Creo que estamos viviendo un momento de enorme mediocridad en
el periodismo. Uno de los peores momentos que a mí me ha tocado presenciar.
¿A qué periodista admira?
El periodista más admirable para mí es Julio Scherer. Su influencia fue decisiva en la segunda mitad del siglo
XX, tanto en Excélsior, durante los años en que fue director, como en
Proceso, durante los 20 años como director de
la revista. Creo que dejó una escuela o un parámetro de comparación muy alto.
Si compara el periodismo que se hizo durante la época de Scherer al frente de
Excélsior (finales de los 60 y principios de los 70), con el periodismo que se hace en la actualidad, ¿cuáles serían las principales diferencias?
Es muy difícil hacer estas equiparaciones, pero en estos momentos, en un análisis muy somero, no existe
en México un periódico de la profundidad, de la importancia, de la densidad, de la influencia y del prestigio que
llegó a tener el Excélsior de finales de los 60 y principios de los 70.
¿Con qué noticiario de televisión se informa?
Por las mañanas, con el de (Carlos) Loret de Mola.
¿Y en radio?
Escucho una parte del noticiario de Carmen Aristegui
(Hoy por Hoy). Al medio día no tengo posibilidad
de escuchar noticiarios y en la tarde no suelo hacerlo.
¿Cuál es el futuro periodístico que le depara a Carlos Loret de Mola y a Carmen Aristegui?
La impresión que tengo es que a Carlos lo están preparando para que llegue a ser, algún día, el conductor
estrella de Televisa. Y siento que él mismo tiene esas pretensiones, que tiene la virtud de la frescura que da la juventud,
que no es un mérito necesariamente, pero que es una aportación en el sentido de la improvisación, tiene buen modo,
tiene carácter. Pero obviamente es un Loret de Mola que yo llegué a escuchar porque participo como comentarista en
su programa, que tenía una forma en el radio muy distinta a la televisión. Creo que podrá en un momento dado llegar
a alcanzar esa meta que le han trazado, pero ya lo veo muy ajustado a las normas tradicionales de la televisión
comercial, Televisa en particular, lo siento golpeador en ciertos ámbitos, con evidente línea por parte de la empresa. Y en
radio lo siento más suelto y golpeador, pero de otras partes de los elementos en conflicto. Entonces yo creo que le
está pasando lo que le pasa a López-Dóriga, que es un López-Dóriga en la televisión y otro López-Dóriga el del radio.