José Fonseca
Hace varios años, los productores del programa 60 minutos hicieron un sondeo entre varios reporteros acerca de lo que pensaban merecía ser publicado y con la intención de determinar los límites de su responsabilidad como profesionales y como ciudadanos.
Le preguntaron a un reportero:
"... Durante la Segunda Guerra Mundial los convoyes de buques que transportaban equipo y tropas a Europa
estaban constantemente amenazados por los submarinos nazis. Por esa razón se mantenía como estricto secreto el día y la hora
en que salía un convoy, porque para los alemanes era fácil calcular el ritmo del viaje y escoger un sitio en el Atlántico
para atacarlos.
"Si usted, como reportero, hubiera sabido casualmente el día y la hora de salida de un convoy, ¿la habría publicado?
La respuesta fue inmediata: Sí.
"¿No sentiría ninguna responsabilidad por las vidas que se perdieran en un posible ataque? La respuesta del
reportero fue contundente: No, porque yo no había ordenado el día y la hora en que saldría el convoy...".
Cada día que pasa la competencia entre los medios se vuelve más feroz, razón por la cual a veces la ética y la responsabilidad se soslayan en aras de "ganar la nota", de "tener la exclusiva".
Más recientemente la revista Newsweek provocó una información acerca de una presunta profanación del libro sagrado del Islam, El Corán, por parte de tropas estadounidenses en la base de Guantánamo, donde están recluidos prisioneros durante la guerra en Afganistán.
Sin llegar a una retractación,
Newsweek ha publicado una explicación en la cual lamenta que esa información
-que ahora resulta que no está confirmada- haya causado tantas protestas islámicas y hasta 17 muertos sólo en Afganistán.
La aclaración de la revista suenatan vacía de ética como la respuesta del reportero sobre los convoyes de la
Segunda Guerra Mundial.
Es que, como se dijo en este espacio de
etcétera, la ética se fue de vacaciones.
Y sigue de vacaciones junto con la responsabilidad profesional.