El Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica cumple 60 años y lo celebra el 4 de abril con la presentación de la cinta
El bárbaro del ritmo (La vida de Benny
Moré), película producida por el STPC en 1987, dirigida por Sergio Véjar y Rapi Diego,
que recientemente fue remasterizada por Marcela Fernández Violante para su estreno oficial después de más de 15 años de
permanecer enlatada.
No es la primera vez que se enlata una película sindical ni la primera que produce. Lo ha hecho en múltiples ocasiones con el fin
de impulsar la expresión de sus miembros y aportar obras valiosas para nuestro país. Lo hizo en la década de los 50 a través de la
Cooperativa Alianza Cinematográfica porque los productores de cine se negaban a producir cintas que no fueran comerciales y no apoyaban un
cine más profundo y artístico. Gracias al sindicato, directores como Luis Buñuel y Alejandro Galindo realizaron
Ensayo de un crimen y Los Fernández de
Peralvillo, respectivamente, llegando a producir una docena de títulos que hoy se consideran clásicos de nuestro cine.
En los 60, dos de sus secciones (Actores y Técnicos y Manuales) se asociaron para filmar
La sombra del caudillo, dirigida por Julio Bracho, misma que el secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, les prohibió exhibir por presiones del Ejército mexicano por
casi 30 años. En la década siguiente organizaron los dos concursos de cine experimental que revitalizaron el hasta entonces anquilosado
cine nacional. De éstos salieron más de una veintena de cintas y debutaron 17 directores. En el primero ganó
La fórmula secreta, de Rubén Gámez, y en el segundo el premio le correspondió a
En este pueblo no hay ladrones, de Alberto Isaac.
En los años 70, el STPC apoyó la política de renovación promovida por el director del Banco Cinematográfico, Rodolfo Echeverría
(ex secretario general del STPC), con quien coprodujo mas de 50 películas, entre las que destacaron
Matinée y La pasión según
Berenice, de Jaime Humberto Hermosillo; Las
poquianchis, El apando y Canoa, de Felipe Cazals;
Los albañiles, de Jorge Fons;
Cascabel, de Raúl Araiza, sólo por citar unos cuantos títulos y autores. Este patrimonio audiovisual que pertenecía a los trabajadores y la nación se
intentó vender junto con toda la producción estatal por los funcionarios cinematográficos del salinismo a precios de ganga. Afortunadamente,
la oportuna intervención del secretario general de la Seccion de Autores del STPC, el director Jaime Casillas, con el apoyo de José
María Fernández Unsaín, presidente de la Sogem, lograron rescatar sus 50 títulos pero las demás fueron malbaratadas y fueron a parar a
manos de empresarios cercanos a los intereses de los funcionarios en turno. Uno de éstos terminó vendiendo los derechos patrimoniales del
cine estatal a Ted Turner de CNN.
La historia del sindicato en defensa de nuestro cine ha sido intensa. Le tocó impulsar la creación de la primera Ley de la
Industria Cinematográfica en 1949 y su reforma del 52, que propició la producción de más de tres mil películas. A principios de los 60, impulsó
la adquisición y estatización de la compañía operadora de teatros y cinematográfica Cadena de Oro porque sus condiciones leoninas
ahogaban a los productores mexicanos. En los 80, su secretario general José "Perro" Estrada se sumó a la demanda hecha a los funcionarios de
RTC por incumplimiento a la ley de cine que generó la Asociación de Productores de Películas Mexicanas y a través del plan Sogem se creó
el Fondo de Fomento al Cine de Calidad, mismo que en su breve historia permitió más de 40 películas.
En los 90 le tocó sumar fuerzas con la Sogem para impedir que se reformara la ley de cine, esfuerzo que resultó infructuoso.
A partir de ahí, se sumó a la lucha de la Sogem y empujó, de manera conjunta con un grupo de cineastas, la reforma de la ley de cine
que se logró en 1998 y que ha permitido la recuperación de nuestra cinematografía.
A lo largo de su existencia el STPC ha tenido momentos brillantes pero también errores. Dentro de lo criticable fue cuando cerró
sus puertas e impidió que entraran nuevos cuadros. Con esta acción se detuvo el natural relevo generacional en esta industria durante más
de una década, hasta que primero la sección de autores la abrió y en los 70 la sección de directores permitió incorporar a Cazals, Fons
y muchos más. También ha sido criticable que su contrato colectivo no evolucionó con la debida rapidez y por ello durante un tiempo se
le acusó de encarecer las producciones al imponer una plantilla numerosa con excesivas prestaciones sin necesidad pues el avance
tecnológico permite filmar con poco personal. A seis décadas de distancia el balance general de su existencia arroja un saldo positivo.