Fernando Mejía Barquera
De no ocurrir una sorpresa, este mes de marzo habremos de escuchar cotidianamente en la radio dos
anuncios que integran una campaña impulsada por la Secretaría de Salud contra la homofobia: "La cena", donde un joven gay platica con
su madre sobre la pareja de aquél, con toda naturalidad, sin que a la señora se le pongan los pelos de punta, y "Preguntas",
en el que un locutor formula cuestionamientos al radioescucha con la intención de hacerlo reflexionar sobre la
discriminación contra los homosexuales.
"Patología" gay
Apenas se tuvo conocimiento de que esta campaña saldría al aire, el Comité Nacional Provida protestó contra ella.
Nada tiene de extraño que este grupo se escandalice cuando alguno de los temas que le obsesionan (el aborto, la
homosexualidad y el condón) es abordado en los medios de una manera distinta a la que ellos desearían, pero sí llama la atención que
ahora pretenda darle a su intolerancia un carácter "legal".
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El 14 de febrero, Jorge Serrano Limón, líder de Provida, entregó a la Secretaría de Gobernación, dependencia
encargada de aplicar la normatividad en materia de contenidos para radio y TV, un texto en el que pidió cancelar la campaña con
el argumento de que atenta contra los artículos 5 y 10 de la Ley Federal de Radio y Televisión, y "el 39" (en realidad es el
37) del reglamento sobre la materia. El primero de ellos, establece, en su fracción II, que radio y TV deberán "evitar
influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud"; el segundo le señala a Gobernación el deber
de "vigilar que las transmisiones... se mantengan dentro de los límites del respeto a la vida privada, a la dignidad personal
y a la moral y no ataquen los derechos de terceros..."; el último indica que "se consideran contrarias a las buenas
costumbres: I. El tratamiento de temas que estimulen las ideas o prácticas contrarias a la moral, a la integridad del hogar, se ofenda
al pudor, a la decencia o excite a la prostitución o a la práctica de actos licenciosos; y II. La justificación de las
relaciones sexuales ilícitas o promiscuas...".
Para Serrano Limón el retiro de la campaña se justificaría porque "la homosexualidad es una anormalidad, una
patología; promocionarla como pretende hacerlo la Secretaría de Salud a partir de marzo, a través de dos
spots radiofónicos, significa atentar contra la moral y la integridad del hogar"
(Milenio Diario, 15/II/2005, p. 12).
Ley moralista
Ni en la ley de radio y TV ni en su reglamento se menciona que la homosexualidad atente contra la moral, la integridad
del hogar, ofenda al pudor y la decencia o constituya un acto "licencioso o promiscuo". Todo eso está en la mente de
Serrano Limón, pero no en la ley. Por eso, su interpretación del texto legal no es válida para cancelar la campaña contra la homofobia.
Sin embargo, debe aceptarse que tanto la ley como el reglamento se inscriben en una tendencia cultural que en
materia de sexualidad dominó en el mundo occidental durante los siglos XIX y XX, y que el maestro Sigmund Freud analizó en
su clásico La moral sexual cultural y la nerviosidad
moderna (1908): el establecimiento de una moral que rechaza el
sexo como placer y lo reduce a la función reproductora "legítima", o sea "dentro del matrimonio". Esta "moral sexual
cultural" está presente en los textos que pretenden regular los contenidos de radio y TV en donde se leen los términos de
tufo moralista citados por Serrano Limón y que, eventualmente, podrían ser utilizados por funcionarios ultraderechistas
para tratar de imponer la "censura moral" o de fomentar la discriminación por motivos de preferencia sexual.
De ahí que sea urgente la reforma de esos textos. El anteproyecto de nueva Ley Federal de Radio y Televisión que
se debate desde hace algunas semanas en el Senado de la República propone en su artículo 134 fracción II la
siguiente disposición: "Quedan prohibidas las transmisiones que...: II. Sean discriminatorias de las personas por su raza,
etnia, nacionalidad, género, religión, preferencia sexual y/o capacidad diferenciada". Ojalá se apruebe, aunque se enojen
Provida, A favor de lo mejor y la Unión Nacional de Padres de Familia.