Fernando Mejía Barquera
El 17 de mayo, el Partido Acción Nacional (PAN) fijó la cifra límite a que deberán sujetarse los gastos de precampaña
de sus cuatro aspirantes a ganar la candidatura a la Presidencia de la República (Santiago Creel, Felipe Calderón,
Francisco Barrio y Alberto Cárdenas): 75 millones como máximo para cada uno durante la primera etapa, de la cual saldrán
dos "finalistas", y 25 millones adicionales para cada integrante del dúo que, en una segunda etapa, disputará mano a mano
la nominación. O sea que del 11 de septiembre de 2005 en que se iniciará el proceso, hasta el 6 de noviembre cuando
habrá de conocerse el nombre del candidato, estos políticos podrán gastar en conjunto 350 millones de pesosen promover
su imagen y sus propuestas políticas ante militantes y simpatizantes del PAN.
Candidatos mediáticos
¿Qué porcentaje de esa cantidad habrá de gastarse en propaganda mediática? Probablemente la mayoría si se
consideran las palabras de Francisco Barrio, uno de los precandidatos: "Se requiere ese dinero para
spots propagandísticos, ya que sería imposible recorrer los 150 municipios que tienen más de 300 militantes activos"
(La Jornada, 18/V/05).
El gasto anunciado por el PAN es apenas el anticipo de una cifra supermillonaria por gastos electorales que habrá
de dispararse cuando comiencen las precampañas de otros partidos y, por supuesto, cuando den inicio formalmente las
campañas electorales del próximo año.
Entusiasmados, medios y publicistas se preparan para obtener el mayor beneficio posible de un fenómeno
relativamente nuevo en México, pero que les genera cada vez mayores ingresos: recuérdese que hasta hace diez años, los
medios electrónicos (en complicidad con el gobierno) eran el principal obstáculo para la difusión masiva de mensajes políticos
y partidistas; hoy, los concesionarios de medios electrónicos son los pricipales promotores y beneficiarios de que el
escenario fundamental donde se realizan las campañas electorales sean la radio y la TV.
Millones en 2006
En una declaración que permite imaginar la "derrama económica electoral" que se avecina, el señor Juan Carlos
Arteaga, coordinador general de Expopublicistas 2005, aseguró que en 2006 el gasto publicitario se duplicará en relación con el
de este año y que ello será causado "por la elección de Presidente de la República"
(El Financiero, 17/V/05).
Según Arteaga, en 2003 el gasto publicitario en México fue de 37 mil 577 millones de pesos, en 2004 llegó a 42 mil
308 millones y en 2005 se espera que llegue a 50 mil millones. Para 2006, debido a las elecciones, se calcula que subirá a
100 mil millones, cifra sin precedente. Para 2007 las aguas volverán a su nivel, en espera de subir con las elecciones
intermedias de 2009 y crecer aún más con las presidenciales de 2012.
En 2004, según la misma fuente, la televisión captó 56.6% del llamado "pastel publicitario" (23 mil 972 millones
de pesos) y se espera que este año llegue a 57.2% (26 mil 750 millones). La radio capturó en 2004 apenas 10.19% (cuatro
mil 310 millones de pesos) y se calcula que en 2005 llegue a cuatro mil 743 millones. Si en efecto, como se prevé, las cifras
de 2005 se duplican en 2006 gracias a las campañas electorales, es comprensible que los concesionarios se opongan a
cualquier intento de regular o limitar los tiempos contratados y los gastos realizados por los partidos políticos en los
medios electrónicos durante campañas electorales, y que Jorge Mendoza, vicepresidente de Televisión Azteca, haga
declaraciones como ésta: "El reducir los tiempos y gastos de radio y televisión [en campañas electorales] nos llevaría [...] a un
atentado contra los avances democráticos que con tanto esfuerzo hemos logrado los mexicanos"
(Reforma,13/IV/05). La democracia convertida en negocio.