Boletos caros y pobre oferta
Víctor Ugalde
Trece millones de mexicanos dejaron de asistir a las salas de cine en 2003. Según datos de la Cámara Nacional
de la Industria Cinematográfica (Canacine) se consumieron 139 millones 76 mil 780 boletos, mientras que en
2002 asistieron 152 millones 431 mil 547 espectadores, la caída fue de
9.60%.1
A decir del presidente de Canacine, Miguel Ángel Dávila, esto se debe en gran parte al cobro de un peso
por espectador para apoyar la producción de cine mexicano. Sin embargo, olvida que fueron los empresarios de
la exhibición quienes incrementaron hasta cuatro pesos el costo del boleto a principios de 2003. El presidente
de Canacine y director general de Cinemex
amenazó2 con dejar de invertir en México si el fallo de la corte no
anulaba la recaudación de un peso por espectador.
La caída de espectadores es preocupante porque privó a gran cantidad de mexicanos de su diversión pero
afectó mínimamente el ingreso de los empresarios cinematográficos. Sólo hay que comparar los cuatro millones 548 mil
pesos obtenidos en 2003 con los cuatro millones 685 mil de un año antes: la reducción es de 3%, sin considerar sus elevadas ganancias por la venta de las palomitas y refrescos a precios exorbitantes y la publicidad comercial que atiborra
sus pantallas.
Soy un cinéfilo de hueso colorado y tengo que reconocer que cada día que pasa me cuesta más trabajo ir a ver
una película en alguna sala de cine comercial. Son múltiples las razones, mismas que deberían considerar los
exhibidores para que no se les reduzca aún más la asistencia.
Para empezar, el costo del boleto es alto en relación con el tipo de servicio que se recibe, en ocasiones el
sonido se anuncia como Dolby y termina siendo estéreo o monoaural con bocinas dañadas. La falta de certeza en el
horario en la exhibición de una película es un problema constante. Últimamente algunos empresarios no dan función si no
hay un mínimo de espectadores. ¿Quién quiere ir a pagar el carísimo estacionamiento sin ver la película y regresar a
casa malhumorado?
Cuando por fin se logra coincidir con el horario de la sala y sobrevivir los 20 minutos de comerciales, muchas
veces nos pasan películas mutiladas o cortadas por intereses comerciales, tal y como sucedió con la cinta
En carne viva, de Jane Campion e interpretada por Meg Ryan, que se exhibió con 11 minutos menos que la versión original
difundida en el mundo. Y parece que lo mismo sucederá con la cinta
Un secreto de esperanza pues, de acuerdo con su
director Leopoldo Laborde3, los distribuidores le suprimieron 20 minutos sin que las autoridades correspondientes hagan
valer la ley de cine que prohíbe este tipo de prácticas, ni la Profeco se movilice para evitar el fraude que representa
para el consumidor, venderle una versión alterada como si fuera una original. Tal parece que las distribuidoras nos
consideran su patio trasero y les tiene sin cuidado el aspecto artístico de una cinta ni el derecho de los mexicanos de
verla tal y como la concibió el director.
Todo lo anterior hace que uno se la piense dos o más veces antes de ir al cine a gastar un mínimo de 200
pesos por salida, pero creo que la razón fundamental por la que uno se ausenta cada día más de las salas, es que la
oferta fílmica es muy pobre y se reduce a 40 títulos aproximadamente, en las más de mil salas que funcionan en
promedio a la semana en el DF y su área conurbada. ¡Imagínense la capacidad de elección de los pobladores de las
ciudades pequeñas!
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El año pasado se produjeron más de cuatro mil películas en el mundo, sin embargo, en la capital mexicana sólo
se estrenaron 279 cintas en corridas comerciales. La mayor parte de los estrenos fueron manejados por cuatro
distribuidoras estadounidenses que representan los intereses de la Motion Pictures Asociation. Las 170 cintas de origen
estadounidense representaron 60.93% del total de los estrenos pero su presencia se incrementó, aún más, por el número
de copias que utilizan, las cuales terminaron por ocupar 80.21% de las pantallas disponibles. Al cine mexicano, con
sus 25 películas estrenadas (8.96%), le correspondió ocupar 9.40% de las pantallas existentes y para las 84 cintas del
resto del mundo, que representaron 30.11% de los estrenos, las pantallas que ocuparon fueron sólo del orden de
10.38%. ¿Cuál diversidad cultural, cuál posibilidad de selección?
La pluralidad de la oferta cinematográfica de los capitalinos está acotada por el control comercial que ejercen
sobre el mercado las grandes transnacionales. Los estadounidenses estrenan 3.42 cintas en promedio semanal pero lo
hacen con cientos de copias. Valga como ejemplo que primero se estrena
Buscando a Nemo, de la Columbia, con 222
copias y después sigue Estafa
maestra, de la UIP, con 94 copias, luego Todo
poderoso, de la Columbia, con 157 y así por
el estilo. No alcanza a reducirse la audiencia de un estreno cuando ya otro del mismo origen ocupa su lugar. El
resultado de esta práctica es que las cintas estadounidenses ocuparon en seis semanas más de 90% de las pantallas
capitalinas, en 19 superaron 80% y en otras 19 sucedió con 70%.
Cada 15 días se estrena una cinta mexicana y su promedio es de 65 copias por título, pero en muchas
ocasiones se programan en salas alejadas y a la primera semana se les reduce el número de copias y se restringen sus
horarios, como lo denunció el director Jaime Humberto
Hermosillo4 con Escrito en el cuerpo de la
noche, a lo que que representan las muestras y festivales de cine en los que se nos ofrece la pluralidad del mundo por sólo unos díasy todo porque
el resto del año nuestras pantallas se saturan con cintas estadounidenses, oferta repetitiva que nos aleja cada día
más de los cines comerciales.
Notas
1 La reducción de espectadores fue un fenómeno que también ocurrió en Estados Unidos (-4.5%), Canadá (-2.5%) y en los principales mercados consumidores de cintas estadounidenses como Inglaterra y Alemania.
2 Reforma, 2 de enero, 2004.
3 Reforma, 22 de enero, 2004.
4 La Jornada, 18 de marzo, 2003.
Víctor Ugalde es guionista, director e investigador cinematográfico.
Correo: vicmanugal@hotmail.com