Dentro de los medios, línea, censura y abusos
Jorge Carpizo
A. No hay posibilidad alguna de que pueda existir un sistema democrático sin medios libres e independientes de
los otros poderes, especialmente del político.
Uno de los fundamentos del nacimiento de la democracia moderna es el principio de la libertad de expresión, el
cual fue uno de los más valiosos instrumentos contra el antiguo régimen y el Estado absolutista. Uno de los termómetros
para conocer la fortaleza de la democracia en un país es la independencia que gozan los medios. Uno de los parámetros
de las libertades reales que se disfrutan en una nación son las libertades de los periodistas. Uno de los grandes
problemas de la democracia en América Latina es el número de periodistas asesinados con motivo del ejercicio de su profesión y
la impunidad que disfrutan los victimarios.
Una democracia se fortalece y vitaliza con medios libres, independientes, responsables, comprometidos con la
ética y con el pleno respeto de los derechos humanos.
En una democracia, quienes intervienen en los medios en alguna de sus formas, fuentes, actividades o etapas
deben tener asegurados sus derechos humanos. Ello es indispensable pero, para fortalecer esa misma democracia, es
también indispensable que los medios masivos sean respetuosos de los derechos humanos dentro del marco de la norma jurídica.
La democracia regla los derechos y obligaciones de los actores sociales, políticos y económicos. Nadie tiene
derechos sin obligaciones. Nadie tiene libertades ilimitadas porque implicaría vulnerar, restringir o suprimir las libertades de
los demás. Libertad ilimitada es equivalente a la ley de la selva y a la ley del más fuerte.
Los medios masivos son indispensables a la democracia pero dentro de un Estado de derecho que a todos
beneficie y a todos obligue.
Las ideas anteriores, en una forma u otra, han sido expresadas por los más diversos autores; son nociones simples
y de sentido común. Sólo se oponen a ellas quienes desde los medios luchan no por un régimen de libertades, sino
por asegurar el libertinaje, por aplicar la ley que les es propia: la del más fuerte.
B. Muy importante es también la democracia interna en los medios para asegurar la responsabilidad, objetividad
y sentido ético de la información. No es posible defender el sistema democrático como régimen político y ser partidario del sistema vertical en una asociación, organización o en una empresa de intereses público y social cuya materia
constituye uno de los aspectos más sensibles para la sociedad como es el caso de los medios masivos.
Sin embargo, en la actualidad, en la gran mayoría de los países, en la vida interna de los medios predomina
la antidemocracia. Los medios compiten con las iglesias en poseer una estructura piramidal, rígida y jerarquizada en la
cual la voluntad de quienes participan en el medio es casi nula. El dueño del medio ordena al director, éste al editor
quien a su vez instruye al jefe de información y al de redacción y éstos a los reporteros, redactores, fotógrafos y
columnistas. A veces se suele respetar a los editorialistas si gozan de gran prestigio y constituyen un haber para el medio,
además de que pudiera otorgar a aquél un matiz de pluralismo.
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Foto: René Mayoral Zuloaga |
Este sistema piramidal y jerarquizado es un gran enemigo del trabajo libre, responsable y ético de quienes laboran
en los medios. La antidemocracia interna en los medios auspicia la falta de creatividad, el pleno desarrollo de atributos
profesionales, la sumisión moral, la falta de pluralismo, la dependencia profesional y ética de las diversas personas
que integran el cuerpo de los medios respecto de los directivos de aquéllos.
La antidemocracia imperante en muchos medios masivos propicia prácticas realmente aberrantes que al final
de cuentas lesionan el derecho a la información veraz y objetiva a la que tiene derecho la sociedad. Las principales de
esas prácticas son: a) la "línea" de cómo debe proporcionarse la información, qué cuestiones no deben ser atendidas,
el sentido con que debe darse una noticia; b) la censura al suprimirse o agregarse párrafos al trabajo del reportero
o columnista; c) la indicación de qué instituciones y personajes deben ser cuidados y cuáles deben ser atacados.
Los dueños y directores de los medios masivos poseen un gran control sobre el trabajo profesional de quienes
laboran en aquéllos, principalmente por:
a) La necesidad del trabajo.
b) Las promociones y ascensos.
c) El lugar de la colaboración en la publicación.
d) El otorgamiento de prestaciones "fuera de contrato" de acuerdo con la importancia de la persona, como
bonos, viajes, automóviles e incluso casas.
e) Privilegios y canonjías a familiares.
Desde luego que a un gran personaje de los medios se le tratará en forma diferente locutor, editorialista, comentarista, administrador en virtud de que por su prestigio encontrará con facilidad acomodo en otro medio,
pero estos casos constituyen las excepciones.
La base, raíz y sustento de los medios es la libertad de expresión y ella, paradójicamente, en muchas ocasiones no
existe en el interior del medio donde lo que rige es la censura, la supresión de libertades y el avasallamiento de los
derechos humanos de los periodistas y colaboradores del medio.
C. Otro aspecto muy importante es el régimen laboral de periodistas, reporteros y colaboradores de los medios
quienes deben tener un sistema de derechos y obligaciones precisos que les otorgue la seguridad y la tranquilidad que les
permita desarrollar su labor con independencia, ética y profesionalismo. En diversos medios, dicho régimen laboral parece
de finales del siglo XIX o comienzos del XX.
Desde luego, jamás es acertado generalizar. Por añadidura, la situación de colaboradores y trabajadores de los
medios es muy diversa entre sí, ya sea que se trate de jefes, reporteros, redactores, fotógrafos, columnistas,
editorialistas, etcétera. Es el reino de la desigualdad y de la estratificación, parecido al sistema de castas de India o a los
estamentos del antiguo régimen antes de la revolución francesa: rey, nobleza, clero, pueblo.
La cuestión de la democracia interna de los medios no es un problema o asunto exclusivamente de ellos sino
primordialmente de la sociedad que es la titular del derecho a la información y que debe recibir una información veraz,
objetiva, profesional y con responsabilidad ética: existe la estructura piramidal, jerarquizada y rígida en contra de esos
principios, sin participación alguna de los periodistas en las líneas editoriales de los medios. La democracia interna de los
medios masivos es un derecho de y para la sociedad y ésta ya comenzó a ejercitar este derecho a través de la expedición de
normas jurídicas que permiten a los periodistas tener voz en la empresa mediática.
¡Qué contradictorio resulta que quienes hacia el exterior gritan y exigen democracia y respeto a la libertad
de expresión, hacia el interior de las empresas son quienes niegan tajantemente la existencia de esos derechos que no
les pertenecen sino a la sociedad, como una garantía de la calidad de la información que recibe! La información no es
una mercancía más, sujeta a la ley de la oferta y la demanda ni la empresa mediática es cualquier tipo de empresa, sino
una que maneja un producto de interés público y social indispensable para la definición de los rumbos del propio país y
para la formación de criterios del individuo y de la opinión pública.
Por las razones anteriores, los países democráticos han abierto las puertas como debe ser a la participación de los periodistasreporteros en la empresa mediática.
D. Ernesto Villanueva nos recuerda que al respecto existen dos fórmulas de coordinación entre los editores y
los periodistas-reporteros: a) los comités de empresa o de remuneraciones, generalmente de carácter paritario, que
interpretan y aplican las cláusulas del contrato colectivo de trabajo y a veces dentro del esquema de un convenio
marco suscrito entre la asociación nacional de periodistas con la asociación nacional de editores, y b) los comités de
redacción en los cuales los periodistas participan en las decisiones más importantes de la empresa como son, entre otras, la
línea editorial, la inclinación política, la creación, supresión o modificación de las secciones y la modernización
tecnológica. Desde luego que, en los países más adelantados en estos aspectos, la legislación acepta ambas fórmulas y
suele combinarlas de diversas maneras. En este camino ya han transitado un buen y trascendente trecho países como
Alemania, Italia y Holanda.
En Noruega, el convenio marco otorga al personal, si están contratadas más de 15 personas, un tercio de los
asientos en el Consejo de Administración de la empresa; cada una de las tres áreas de la compañía designa a sus
representantes quienes poseen los mismos derechos y obligaciones de aquellos designados por los accionistas, menos respecto
del nombramiento del director y los subdirectores, aunque sí pueden expresar su opinión sobre dichos nombramientos.
Es obvio que poco a poco, más pronto que tarde, los principios democráticos terminarán imponiéndose en el seno
de las empresas de los medios, pues los periodistas son agentes sociales de la información.
No puedo dejar de apuntar lo atrasado, lo inmensamente atrasado, que México se encuentra respecto de la
democracia interna en los medios masivos. Este retardo lo sufre y padece la sociedad en la información que recibe, la cual no
siempre es veraz, objetiva, responsable y con sentido ético.
Jorge Carpizo es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.