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Laura Islas Reyes  La resaca del voyeurismo


 En el mundo, el Gran Hermano
 termina con pequeños
ratings

 Laura Islas Reyes


Televisa estrena Big Brother. Los espectadores se embriagarán de fisgonería y morbo, hasta que la resaca los alcance. Y los alcanza, los puntos de rating lo dicen.

No todo es miel sobre rating

Hace un año, el programa estrella de Televisa, el talk show Hasta en las mejores familias dejó de serlo después de que su rating más alto, 18 puntos, en mayo de 2000, cayó estrepitosamente y en menos de un año llegó hasta los seis puntos, lo que orilló a los directivos de Televisa a cancelarlo, según dijeron, "para mostrar su compromiso con México" (etcétera, marzo, 2001).

El recuerdo viene a colación porque la empresa que dirige Emilio Azcárraga Jean está a punto de estrenar el show televisivo que ha estado en boga en los países donde se ha proyectado.

Sin embargo, no todo ha sido dulzura con el rating de esta serie durante su peregrinar internacional por la pantalla chica. A tres años de su presentación en sociedad, el Gran Hermano, como ha sido llamado en España, no da los síntomas de salud y vigor que otrora gozara y que son con los que ha sido anunciado y prometido en nuestro país.

La fórmula parece desgastarse y la pregunta es cuándo llegará la cruda de esta nueva apuesta de Televisa.

El atlas del voyeurismo

Holanda, Alemania, Estados Unidos, España, Italia, Francia, Reino Unido, Portugal, Grecia, Suecia, Suiza, Dinamarca, Noruega, Polonia, Sudáfrica, Bélgica, Australia, Argentina, Brasil y México forman la lista de países en los cuales Big Brother ha hecho acto de presencia.

En cada uno de estos casos este programa ha logrado, en mayor o menor medida, sus momentos de gloria en los cuales alcanza el techo de los niveles de audiencia y comercialización.

A principios de abril de 2000, España conoció en sus pantallas al Gran Hermano bajo la tutela de Telecinco y la productora Zeppelin. Según datos de la propia televisora española, un promedio de ocho millones 356 mil telespectadores ­que rozaron los 12 millones en los momentos estelares del programa, y una media de 15 horas por cada persona que lo sintonizó­ fueron parte de los saldos de esta primera experiencia ibérica en el universo fisgón del Gran Hermano.

Además, a partir de la borrachera de estos números derivados de los tres meses de transmisión de Gran Hermano, en marzo del año pasado según cifras dadas a conocer por el presidente de la televisora, Alejandro Echevarría, Telecinco se convirtió en la cadena más rentable de España, pues durante el primer semestre de ese año (justo después de la emisión de Big Brother) tuvo ingresos por 329 millones de euros (alrededor de dos mil 600 millones de pesos), 31.2% más que en el mismo periodo en 1999.

Los dos mejores datos de audiencia de Telecinco corresponden a la transmisión de los episodios finales del Gran Hermano. Según la empresa Sofres Audiencia de Medios, en junio del año pasado el récord de audiencia de esta cadena española llegó, de la mano de la idea de la productora Endemol, a una cifra mayor de los nueve millones de televidentes, número que se elevó hasta los casi 12 millones en el minuto más visto de la emisión.

Pero la espectacularidad de estos datos, que ocuparon los primeros lugares de audiencia, no acompañó a la producción de Zeppelin más allá de sus 106 días de vida. A diferencia de lo sucedió en la primera versión del Big Brother español, la emisión que empezó hace un año no consiguió pasar del segundo lugar en las preferencias del auditorio.

Esto se vio reflejado desde las dos primeras semanas de transmisión del programa, en las cuales Telecinco no vio la suya frente a TVE-1 (perteneciente al Grupo Radio Televisión Española), que consiguió 25.6% de la cuota de pantalla frente a 21.3% de su más cercana competidora.

Según Sofres AM, los índices de marzo indicaron que en los días de mayor audiencia, los españoles prefirieron el futbol. El partido Francia-España fue seguido por siete millones 636 mil espectadores, mientras que el Gran Hermano contó con la atención de poco más de seis millones de televidentes.

En abril, nuevamente, el reporte mensual de Sofres mostró que un juego de futbol ocupó el sitio de honor en cuanto al programa más seguido en las pantallas hispanas; el partido entre Real Madrid y Galatasaray fue el espacio más visto con 43.6% de la cuota de pantalla, mientras que la creación de Endemol contó sólo con 40.9%. La tendencia continuó en los meses siguientes que duró el Gran Hermano.

Una experiencia similar ocurrió en Alemania, país que secundó a Holanda en la emisión de Big Brother. El Gran Hermano teutón, transmitido por los canales RTL y la RTL-2, con un público mayoritariamente femenino, enfrentó a lo largo de sus tres emisiones un descenso en su audiencia.

La segunda serie del show germano inició con índices de audiencia semanales que marcaban 22.7%, pero éstos descendieron hasta terminar en un promedio de 14.5%. En diciembre de 2000, los productores del programa reconocieron que éste atravesó su momento más crítico cuando apenas alcanzó una cuota de 7.6% de la franja de público televidente (La Jornada, 31 de diciembre, 2000).

A pesar de esta caída en la audiencia, la productora Endemol echó a andar la tercera versión del Big Brother alemán. La razón: los resultados económicos de la segunda serie superaron en 23 millones de dólares a la primera.

En la tercera emisión del Gran Hermano en Alemania, el rating se desplomó a más de la mitad aun con la innovación de duchas sin puerta, un sauna y la prohibición de bañarse con ropa. La cruda del voyeurismo los alcanzó.

La suerte tampoco le sonrió a Big Brother en Estados Unidos. En su debut estadounidense, el Gran Hermano transmitido por la Columbia Broadcasting System (CBS) fue visto por 22.4 millones de televidentes, con lo que superó a sus dos cadenas competidoras, American Broadcasting Companies, Inc (ABC) y National Broadcasting Company (NBC) y al debut de la serie que posteriormente lo destronaría en audiencia, Survivor.

El éxito de Big Brother en Estados Unidos alcanzó sólo para una serie. Después del notable rating con el que inició su secuela, el Gran Hermano perdió más de 40% al día siguiente de su estreno. Pérdida que se hizo gradual y constante.

Para levantar el índice de audiencia, la CBS le ofreció a sus concursantes diez mil dólares a cambio de que abandonaran el programa y, así, cedieran su lugar a una mujer bella y joven de Florida que le inyectaría tensión sexual a la serie. Ninguno aceptó e incluso amenazaron con un abandono masivo de la casa.

Finalmente, la cadena estadounidense se decidió por la eutanasia de su versión del Big Brother al adelantar unas semanas el final de la fallida serie.

En Italia, el fenómeno del Gran Hermano no cobró tanto auge como en sus vecinos europeos. Sin embargo, en su primera serie Canale 5 (perteneciente al grupo Mediaset que encabeza Silvio Berlusconi, y que también es accionista mayoritario en Telecinco) superó con 24.4% de audiencia contra 23.2% a su eterna competencia, la cadena estatal RAI1 (El Mundo, 5 de marzo, 2001).

Il grande fratello italiano se encamina a su tercera versión, en espera de que los números, contrario a lo que ha sucedido en algunos otros países, estén de su parte.

Loft Story es el nombre que la cadena francesa M6 escogió para su propio Gran hermano, el cual se diferencia de sus congéneres en que premia a una pareja y no a un solo concursante.

El éxito que alcanzó la serie gala queda perfectamente expresado por las palabras de Hervé Bourges, antiguo presidente del Consejo Superior del Audiovisual en aquel país: "Loft Story no es un acontecimiento en la programación sino un verdadero asunto de Estado".

Los números de audiencia de Loft Story son muy similares a los del Gran Hermano español: según la propia M6, el programa fue seguido por una media de poco más de nueve millones de espectadores en su último día de transmisión y 11 millones 700 mil en el minuto más visto. Durante el resto del show la media de espectadores se ubicó entre los siete y diez millones por emisión.

Los problemas que enfrentó la versión francesa del programa estrella de Endemol se orientaron principalmente hacia el aspecto legal. El Consejo Superior del Audiovisual de aquel país sugirió, y los canales que transmitieron la emisión así lo acataron, que los concursantes tuvieran dos horas diarias de intimidad, sin la vigilancia de las cámaras.

Pero el asunto no quedó ahí. El diario francés Le Monde dio a conocer los contratos que vinculan a cada participante con la productora francesa, en los cuales se especifica que los concursantes deben renunciar a toda libertad de imagen y de expresión, sin antes consultarlo con la televisora. También se ha sabido de este tipo de abusos en España y Dinamarca (país donde, incluso, tres concursantes demandaron legalmente a la cadena TV-Danmark para conseguir nuevamente su libertad, y retirar las cláusulas del contrato que firmaron en las cuales se les prohíbe hacer declaraciones públicas sin la autorización de la televisora).

En este país, dicha serie rompió récord al sobrepasar por 22% el rating más alto registrado en la televisión danesa. La anterior marca pertenecía a la película La roca, transmitida en 1998.

En Portugal, donde ya terminó también la tercera versión de la serie, la creación holandesa no pudo tampoco con el rating. Los índices de audiencia del Gran Hermano no fueron lo suficientemente altos para alcanzar a su principal competencia: las telenovelas de la cadena SIC. Durante la segunda serie del programa, los culebrones brasileños dominaron las preferencias en la pantalla portuguesa en los horarios de mediodía (51.3% contra 27.4% de cuota de audiencia), tarde (48.1% contra 26%) y noche (42.2% frente a 35%).

Argentina fue el primer país latinoamericano al que llegó la fiebre de Big Brother. Con bombo, platillo y números que arrasaron la audiencia televisiva fue recibido el producto importado de Holanda.

Transmitido por la cadena Telefe, el Gran Hermano gaucho va en búsqueda de su tercer episodio, para superar los 23.1 puntos de rating que obtuvo, con picos de 25.8, durante su segunda emisión.

Dentro de las novedades que buscará la nueva serie argentina, para conseguir atrapar o retener a su público, está la inclusión de una sala de masaje dentro de la casa; para oficializar un ámbito donde los participantes puedan tener intimidad.

A la lista de los países latinos inscritos en el club del ojo avisor de Big Brother se sumó a finales de enero Brasil, en marzo se incorpora México y Colombia adquirió ya los derechos del programa de Endemol, sólo falta la fecha.

La experiencia holandesa que empezó hace casi tres años derivó en una tercera emisión (en septiembre de 2001) que llevó por nombre Gran Hermano: La batalla; durante ésta los organizadores del programa innovaron una división de la casa en dos partes. Una de éstas estaba equipada con todo tipo de lujos y la otra, apenas con lo necesario. El fin: los concursantes, a través de diferentes pruebas en equipos, podrían ganar el derecho de estar en la sección de "los ricos". La próxima emisión argentina también prevé incorporar estos cambios en su producción.

El rating en tiempos del voyeurismo

La aparición de Big Brother en el universo televisivo ha desatado un auge, en pos del rating, de este tipo de programas también llamados reality shows.

Endemol ha sido la cadena que por excelencia ha explotado la idea del placer voyeurista en la pantalla chica, pero no es la primera ni la única. Un caso que adquiere especial relieve es el de Survivor (donde la acción se desarrolla en una isla desierta y en la cual es necesario pasar una serie de pruebas que van desde comer ratas hasta meter las manos al fuego).

La primera versión de esta serie ­idea de la compañía inglesa Planet 24­ salió al aire en Suecia en 1997 y causó revuelo cuando uno de sus participantes se suicidó al arrojarse a las vías de un tren al ser eliminado de la isla. (No ha habido más suicidios en el saldo de los reality shows, aunque sí casos como el del Gran Hermano polaco donde uno de los concursantes fue internado en un hospital psiquiátrico y según el diario Trybuna de aquel país, un equipo médico vistió con una camisa de fuerza al joven, que se subió al tejado de la casa quien vestido con ropa interior comenzó a gritar: "¡Jamás me rendiré!".)

En Estados Unidos, la audiencia de esta serie, que también transmitió la CBS, alcanzó en su último capítulo los 51 millones de personas, igualando los números promedio de una entrega de los Oscar o un Super Tazón. Además, durante la transmisión del desenlace de la serie, la cadena estadounidense cobró 600 mil dólares por cada anuncio de 30 segundos.

Survivor ha alcanzado la fama también en otros países, como España y Argentina (nación en la que fue el pionero en el género de los reality show), donde se le llamó Expedición Robinson.

Otro de los reality shows que han ocupado el tiempo televisivo son el alemán Big Diet. Esta creación de Endemol consiste en encerrar en una casa llena de cámaras y micrófonos, lo mismo que en Big Brother, a un grupo de personas obesas las cuales deben buscar perder su sobrepeso.

El concurso se complica cuando además de la dieta y las sesiones de ejercicio a las que son sometidos los participantes deben resistir las tentaciones que les son impuestas, por ejemplo, un litro de helado en el refrigerador o una caja de galletas sobre la mesa.

El premio al feliz y delgado ganador es el peso que haya perdido en oro. Este programa resultó un verdadero fracaso al no alcanzar ni siquiera un millón de espectadores. Una versión similar surgió en Gran Bretaña (Página 12, 30 de mayo, 2001).

Endemol de Holanda dio luz verde al programa De Bus (transmitido tiempo después en España), donde la única diferencia con el Gran Hermano es que la casa se traslada a un autobús que recorre el país.

El Bar es una idea original sueca en la cual los concursantes, filmados a cada momento, viven en una casa y trabajan en un bar donde, por supuesto, cobran un sueldo. El quid del programa se encuentra en que deben convertir en un éxito su negocio. En Argentina, El Bar no consiguió más que superar apenas los cinco puntos de rating.

En el terreno erótico, las opciones que han trascendido la mirada del Gran Hermano y sus pudores son el estadounidense Siete vidas al descubierto y el alemán Girlscamp. El primer caso fue estrenado a finales de enero por Playboy Channel, y surgió de la idea de una actriz porno que llamó a seis amigos para que convivieran en su casa, donde montó 50 webcams para filmar todo lo que ocurriera.

La serie alemana del canal Sat.1 se desarrolló en la isla canaria de El Hierro, donde diez mujeres rigurosamente uniformadas con un bikini (única prenda que les estaba permitido usar) contendieron por hacer gala de sus encantos y atributos. Cada semana, un "chico 10" fue elegido por las concursantes para entrar a su campamento durante un fin de semana, con la misión de enamorar a una de ellas. Todo ocurrió, por supuesto, bajo la mirada complacida de las cámaras.

Casa de artistas, cuya mecánica es la misma de Big Brother salvo que los concursantes son personajes famosos, se adelantó al Gran Hermano brasileño (razón por la cual enfrenta una demanda de Endemol) y consiguió importantes niveles de audiencia.

Y así, como estos ejemplos, han surgido toda una gama de ofertas para los gustos voyeuristas más diversos y exigentes. Incluso en Australia se ha planteado hacer un Gran Hermano en una clínica de rehabilitación para adictos a las drogas, premiando al que se recupere primero.

* * *

La ficción que Endemol hizo realidad televisiva ­al animar al Big Brother de Orwell, con los mil ojos que da la pantalla­ sin duda, ha sido una sensación en todos los países que ha recorrido.

En México, los números que preceden la llegada del Gran Hermano a la pantalla, también le auguran buenas expectativas. Sólo después de Brasil, México ha sido el país con mayor número de inscritos: más de 150 mil frente a los 500 mil cariocas interesados.

Otro segundo lugar para el Big Brother nacional se encuentra en el renglón de los premios. En México, el monto que se llevará el ganador de los 106 días de encierro asciende a 2.5 millones de pesos, mientras que los estadounidenses ofrecieron el doble; Portugal ha sido el país menos espléndido: apenas el equivalente de un poco más de un millón de pesos.

Según El correo de la UNESCO, desde que Endemol inició a través de la cadena Verónica las transmisiones de Big Brother, más de 300 millones de espectadores han visto la apología que hace la televisión del voyeurismo. La cuota seguramente se elevará con los saldos que arroje la experiencia mexicana.

"Lo amarás o lo odiarás pero no serás indiferente", así ha sido anunciado el Gran Hermano en México. Pero los pronósticos y los números apuntan a que el encanto de la realidad creada al amparo de Big Brother y transmitida por televisión, también pueden desgastarse.

La experiencia estadounidense, alemana y los números españoles que se enfrían avisan lo que puede ocurrir con el flamante estreno de Televisa. El Big Brother mexicano está llamado al camino que han seguido sus predecesores en el mundo. Ni odio ni amor, sólo la indiferencia.


Laura Islas Reyes estudia Periodismo en la escuela Carlos Septién.

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