La parte afgana de la guerra, no es espectacular
Francisco Báez Rodríguez
Televisa nunca ha dejado de ser la empresa con mayores índices de audiencia en el país. Sin embargo, actúa cada
vez más como si no lo fuera. El ejemplo más fehaciente de ello ha sido la reestructuración de la programación de su
principal canal. Ahí Televisa responde a Azteca, en vez de fijar prioridades y esperar que sea Azteca quien le responda.
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Silvia Pinal |
El primer movimiento sí tuvo relación con un
rating declinante y una competencia amenazadora. La telenovela de
las 5 de la tarde estaba siendo severamente erosionada por la serie tremendista
Lo que callan las mujeres de Azteca, así
que Televisa se fue a la fácil: revivió
Mujer: casos de la vida real, que conduce y produce Silvia Pinal (en otras palabras,
atinan a la necesidad de enfrentar géneros, por la otra, apuestan a lo trillado).
Los cambios grandes se hicieron en la barra nocturna. Para enfrentar mejor a
Hechos, se decidió pasar el noticiero
de López-Dóriga a las 10 de la noche. Un movimiento estratégico de buenos resultados evidentes... pero
exclusivamente para ese horario. A cambio, la barra cómica que solía transmitirse a las 10 se dividió en dos partes: una a las 6 de la
tarde, que sirve esencialmente para ahorrar la producción de una telenovela, y la otra a las 11, que sólo sirve para
desgraciar la continuidad.
Veáse, si no, esta lógica: 9 de la noche:
El manantial, telenovela tremendista (mayoría de mujeres, grupo
socioeconómico C-, D y E); El noticiero
de López-Dóriga (mayoría de hombres, grupo socioeconómico A/B, C+, C, C-); barra
cómica (familiar la mayoría, dormidos, grupo socioeconómico C-, D); programas de análisis e historia (mayoría de
hombres, grupo socioeconómico A/B, C+, C). Un pedazo de la programación se pelea con el otro, en la esquizofrenia total.
También los sábados, Televisa va tras el precario mercado de Azteca. Idean una emisión para hacer frente a
El ojo del huracán. En la promoción de este esfuerzo, Jorge Berry, con ojos de corderito, le pregunta a Mara Patricia
Castañeda de qué se va a tratar su programa sabatino. La conductora pasa de inmediato a la defensiva: "Es un programa en el
que no vas a pensar para nada". Qué maravilla, entonces ha de ser la mejor manera de pasar un sábado por la tarde.
Es posible que quienes rehicieron la programación de El Canal de las Estrellas estuvieran viendo el piloto del
programa de Mara Patricia y no pensaron para nada.
La objetividad, víctima en toda guerra
Si la objetividad de los medios es difícil, cuando se desarrolla una guerra, la cosa se pone peor.
Pocos días después del ataque terrorista contra Estados Unidos, un incidente en el Medio Oriente recibió los
siguientes encabezados de parte de los noticieros de televisión de la región: "El ejército de defensa israelí disparó contra un
palestino que atacaba con piedras una garita del ejército", dijo la tele de Israel; "hoy hubo otro enfrentamiento entre
manifestantes palestinos y el ejército israelí. Murió un palestino", fue la información de CNN. "El ejército de ocupación israelí mató
a un palestino porque aventó piedras a una garita", afirmó Al-Jazira, emisora de Qatar. "Durante una marcha por
la independencia de compatriotas palestinos, el ejército israelí, con un ataque bestial, creó otro mártir", dijo la
estación Nacional Palestina, pro-Arafat. "Soldados de ocupación de la entidad sionista hicieron otro baño de sangre con
nuestros hermanos palestinos", reportó el canal de la guerrilla fundamentalista Hezbollah. Como en
Rashomon, cada quien escuchó una historia diferente.
En el conflicto bélico, las cosas llegan a extremos tales que una misma cadena tiene diferentes entradas, según la
zona que cubre. CNN en su edición asiática del 7 de octubre: "EU y Gran Bretaña lanzan ataques". En su edición europea:
"Los ataques aéreos durarán varios días". En su edición estadounidense: "Ataque al terror". Y luego uno se pregunta
cómo le hace Ted Turner para quedar bien con tirios y troyanos (entre otras cosas, su secreto parece ser la diversidad
cultural y étnica de quienes hacen CNN).
En tanto, los noticieros de EU intentan usar el lenguaje más aséptico que pueden: "Objetivos cruciales sufren
gran daño", "golpes de previsión con bombas de precisión han eliminado los sistemas antiaéreos del enemigo". Una
guerra violenta y sangrienta por definición es convertida en una suerte de juego de computadora de alta tecnología.
A eso, ayuda el hecho de que la única televisora permitida en Kabul sea Al-Jazira y que por tanto y a diferencia
del megashow causado por los aviones que se estrellaron en las Torres Gemelas la parte afgana de la guerra no
sea espectacular: apenas unos puntitos verdes sobre fondo negro.
Por otra parte, mientras Al-Jazira ha sido utlizada como plataforma para el lanzamiento de los mensajes
propagandísticos de Bin Laden, en EU han aprovechado el asunto para poner un velo de censura. Primero entre sus
propias emisoras. Luego, con presiones sobre el emirato de Qatar para que ponga un hasta aquí al exceso protalibán de
la televisora.
Kabul: si tienen tele, ahí se ven
El gobierno talibán, como se sabe, ha prohibido la tv (como prohíbe todo lo agradable). Sin embargo, y
paradójicamente, sí hay emisoras en Kabul.
La única estación permitida es Faizabad TV, que emite dos horas diarias, sobre todo de temas religiosos. También
tiene un boletín informativo y en ocasiones ha presentado filmes. Hay una condición para esas películas: ninguna mujer debe aparecer en ellas. El auditorio potencial de Faizabad TV, visible sólo en Kabul, se calcula en 60 mil personas.
Lo extraordinario es que hay otra televisora en esa ciudad. Y es clandestina. Se llama TV Badajshan y su mera
existencia es un acto de desafío y de esperanza en un país donde la tecnología y la cultura modernas están prohibidas. TV Badajshan, que transmite desde una colina cercana a la capital afgana, ha tenido el atrevimiento de presentar conductoras sin
velo leyendo noticias o cartas de los televidentes, cuyo número se calcula en cinco mil como máximo.
Así sucede con las guerras. Traen lo mejor y lo peor de la gente.