Libertad y crítica, ¿simulaciones?
Jorge Medina Viedas
No sólo la regulación y la reglamentación de los medios andan a salto de mata. La transición mexicana, o los múltiples cambios políticos que estamos viviendo, han afectado los métodos y objetivos del quehacer informativo y la comunicación. Los periodistas, los eslabones débiles de la cadena mediática, deberían estar en una etapa de búsqueda y de elaboración de un proyecto propio, en el cual fijen las bases de una propuesta que dé continuidad al compromiso ético de los medios con la sociedad. Apunto enseguida una serie de problemas que enfrentaría para lograrlo.
La nueva realidad política, las condiciones de la competencia entre un gran número de fuentes de información, la expansión de los medios en cantidad y calidad ha obligado a los empresarios a exigir en sus diarios o en sus noticiarios mayor eficacia, capacidad de previsión y un rating elevado, soportado en el funcionamiento eficiente de todas las áreas de la empresa. Las empresas exigen a los directores o conductores (periodistas) que mantengan y eleven la calidad de sus liderazgos y su capacidad de movilización para hacer que las instituciones periodísticas vayan a puerto seguro.
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Fotos: Claudia Hernández R. |
Los medios y sus líderes se enfrentan, sin embargo, a factores
intervinientes, que operando por encima de su voluntad y deseo influyen en el ejercicio cotidiano del periodismo y, en consecuencia, también en las políticas informativas. La política editorial de un medio, ya sea electrónico o impreso, cuya misión sea "la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad", está subordinada a los intereses que sus empresas representan. Toda misión, grandilocuente o no, se enfrenta a las estrategias comerciales o políticas de la empresa, las cuales constituyen motivaciones poderosas que terminan por opacar y frustrar los objetivos puramente periodísticos.
Los periodistas, los que hacen la propuesta editorial, el trabajo sustantivo, nunca saben bien a qué atenerse
con la moral de los directivos de una empresa. Habrá quienes tengan la fortuna de tener a una propietaria
como Katharine Graham (quien murió el 17 de julio pasado a los 84 años), quien apoyó hasta el último momento a
sus periodistas en una investigación contra el presidente de Estados Unidos. En México, no pongo en duda que
hay dueños que dan carta blanca a sus periodistas, pero también es seguro que muchas notas o investigaciones
serias se quedan en el escritorio del director por decisión del empresario, o porque aquél interpretó lo que convenía a
éste. O hay también aquellos que inducen o fuerzan a la comisión de actos con los que se tuerce la carrera de un
periodista o estigmatiza a un diario. Voy a poner un ejemplo, aunque exhaustivo, de lo que implica transitar por un
periodismo efectivo pero de seguro cuestionable.
Silas Bent, un prestigiado periodista estadounidense que escribe ahora para el
Atlantic Monthly, hace unos años investigaba para un diario vespertino en el que trabajaba el paradero de la esposa fugada con un
conocido millonario, dueño de una empresa de cosméticos. El esposo, afectado por la infidelidad de su pareja, se
encontraba recluido en un sanatorio privado. El penoso suceso se mantenía soterrado, y aún no había sido publicado en
los medios. Bent sabía que la esposa mantenía contacto con su hija mayor. En sus pesquisas, Bent acudió al
domicilio del matrimonio y tocó cien veces el timbre sin respuesta. Cuando se retiraba, en el jardín de la entrada apareció
un joven mensajero con algunos telegramas en la mano, a quien secamente le dijo que no había nadie ni siquiera
los sirvientes. El mensajero le preguntó que si él, como "amigo de la familia", podría firmar y recibir el telegrama.
Bent alcanzó a leer que el telegrama estaba dirigido a la hija. Firmó. Esperó que el chico se perdiera de vista, y
nervioso, se retiró presuroso con su presa en el bolsillo. Ya en su casa, no sin estropear el sobre, lo abrió. El mensaje
había sido enviado desde Tucson y en éste la señora preguntaba por la salud del marido convaleciente. El reportero
Bent había encontrado a los fugados.
Cuenta Bent que no le preocupaba ni el drama que había detrás del contenido del telegrama ni el hecho
de haberlo robado. Estaba actuando conforme los patrones que regían el comportamiento de sus compañeros
y confiaba en que los directivos iban a aprobar lo que había hecho, puesto que su acción resultaba para los
medios una cosa completamente convencional.
Al otro día, Bent llegó al diario exultante, feliz, a contarle los detalles de lo que había hecho a su jefe y éste,
después de escucharlo en silencio durante un rato, se retiró a una reunión de la mesa de redacción, le dijo,
disculpándose, con el telegrama en la mano. Más tarde, de regreso, el superior de Bent le comentó que lo que había hecho era
algo indebido, que si sabía que cometió felonía y Bent llegó a incomodarse ante el regaño. Cuando Bent le dijo,
molesto, que le regresara el telegrama y que lo pasaría a dejar por debajo de la puerta, su jefe le dijo que esperara, que
algo más se podría hacer. Poco más tarde, su jefe volvió con un sobre nuevo y con el domicilio rotulado en el mismo,
y lo que siguió podemos imaginárnoslo: un mensajero del diario se acercó sigilosamente a la puerta, tocó el
timbre, tiró el sobre por debajo de la puerta, y salió huyendo sin esperar a que abrieran. Esa misma tarde, el
corresponsal de Tucson se había convertido en clarividente y el diario publicó que los fugados estaban en un hotel de
aquella ciudad del oeste de Estados Unidos. El mismo Bent, al otro día, fue comisionado para cubrir el regreso de los
fugados en el aeropuerto de la ciudad.
Esta larga historia es un buen ejemplo de que los criterios que sirven para determinar las políticas
informativas en los diarios y de los medios en general, tienen muchas maneras de darle vueltas a la moral o a los códigos de ética: se puede rotular un sobre nuevo, regañar al mismo tiempo a un audaz reportero y tener una exclusiva que lo
hará vender un mayor número de ejemplares que la competencia. Negocio redondo y sin problemas legales.
El poder de los medios
Pero los ángulos verdaderamente conflictivos de un medio no son sólo los que pueden tener la relación con
la sociedad, sino los que tienen que ver con el poder. Una empresa informativa o un medio de comunicación es
una institución con poder. Por lo tanto, ocupa un espacio y, acto seguido, lo disputa a otros. Por eso es
importante recordar que hace tiempo, en 1995 o 1996, los miembros de la SIP presumieron que los diarios eran ya en
México (y en América Latina) el cuarto poder, y engolosinados, lanzaron la consigna de ejercerlo. Lo decían a sabiendas
con éxito o no, no es ese el punto de que en México se estaba dando un proceso de democratización intenso,
y al que los medios se habían sumado tardíamente, aunque estaban jugando un papel cada vez más relevante.
Es importante recordar que los medios han ido determinando sus políticas en función de ese proceso. En
un contexto restringido o cerrado, los medios electrónicos, por ejemplo, no hubieran sido capaces de airear de
la manera como lo hacen ahora, los problemas del país, ni tampoco hubieran visto el trasiego de un gran número
de periodistas de la prensa escrita a los medios electrónicos. Esta emigración ha modificado o ha adaptado, para
ser más precisos, la política editorial de la radio y la tv, a las circunstancias de una prensa que se asume más libre y crítica.
Sin duda, la competencia por audiencias y anunciantes constituyó un auténtico revulsivo de las áreas
de comercialización de las empresas y eso pasó a formar parte de las políticas editoriales de un gran número de
medios. Es muy significativo la forma como el clima político pasó a engrosar las referencias de las acciones comerciales
de los medios y cómo las políticas editoriales se asumieron en función de esas mismas exigencias comerciales.
El periodista Julio Hernández tuvo la curiosidad de recoger un testimonio de ese mecanismo de politización
de la mercadotecnia, de la cual fueron necesariamente partícipes y beneficiarios los medios de comunicación.
Leámos al periodista de
La Jornada: "Ortiz (Francisco) fue la cabeza del grupo coordinado por Martha Sahagún,
desplegó la estrategia de venta del producto que ahora gobierna México. En ese grupo participaban otros personajes
como el publicista Santiago Pando Marino, quien antes de las elecciones de 2000 dio una entrevista a Selene
Monteforte, de la revista especializada
Adcebra, en la que dijo que soñaba con un México en que se pudieran hacer las
cosas de manera distinta: 'de forma honesta, sin necesidad de corrupción y mentira como arma de convivencia;
una mentira colectiva que se mueve gracias al PRI, a Televisa y compañía, que han hecho de este el país de la
mentira virtual'. Ya bajo la coordinación de Ortiz sigue Hernández, quien venía justamente de Televisa, Pando
Marino respondió así cuando le preguntaron cómo definiría su metodología de trabajo en la campaña: 'La gran ventaja
es que no sabemos de política. Conocemos cómo actúa el PRI, pero no aspiro jamás a actuar así () Por ejemplo,
en una partida, el que no sabe jugar dominó siempre gana, porque les rompe el juego: este güey agarra el seis y
lo tira, y le vale madres si gana o no. Siempre gana. ¿Por qué? Porque todo mundo piensa que este güey tiene un
chingo de seises. Obviamente, Vicente rompió el juego de la política mexicana, porque llegó, dijo y descuadró el
juego'. El publicista aseguró que 'el despertar de la conciencia en México va a ser un fenómeno mundial. Y lo digo cinco meses antes de las elecciones. Doy un ejemplo: está jugando el Boca Juniors, que es un
América Chivas. En el Boca Juniors juega Maradona, y en Argentina las porras no son como en México, sino que se
separan porque afuera siempre hay muertos. No hay alcohol ni nada, pero se matan. En el partido, de repente,
Maradona hace una de esas jugadas maravillosas, y mete un gol. Todo el estadio aplaude. ¿Por qué? Porque lo metió
Maradona, y él fue el cabrón que les trajo la Copa del Mundo. No es el güey que juega con el Boca. Es Maradona, y es más
grande que eso. Por eso ya no importa que Fox sea del PAN, y el PAN sea de derecha o no. Es Fox el que le está
rompiendo la madre al PRI. Hay que imaginar el rencor social del mexicano, que en cualquier lugar del mundo saldría
negativamente, incluso en guerra. Aquí tenemos la oportunidad de canalizar esto a través de un tipo que no está
vendido, que no está siguiendo el juego con el PRI ni con nadie, que sabe lo que quiere'"
(
La Jornada, 6 de julio, 2001).
Fusiones peligrosas
El recuento anterior pone la piel de gallina y hace ver más claramente que la fusión entre poder político y empresarial, en los hechos, es posible. De producirse, como los nuevos "amos del universo" lo desean, pondría en riesgo el ejercicio de un periodismo crítico y comprometido éticamente con la sociedad. Si la mercadotecnia y la política se entrometen como un todo y someten al periodismo, lo infectan, lo contaminan, el retroceso para éste será enorme. La libertad y la crítica serán una simulación. El proyecto democrático nacional, sin exagerar, estaría en riesgo.
El periodismo crítico como resultado del ejercicio pleno de la libertad de expresión no ha sido una conquista sencilla. Se tuvieron que superar muchos obstáculos y restricciones. El poder político cedió espacios no sin pataleos. Qué malo que resurgieran de nueva cuenta esos obstáculos con mecanismos más sofisticados, más sutiles y engañosos. Si se toma como referente el proceso social y político, los medios, los periodistas, como decíamos al principio, no estarían en esa tesitura. Deberían estar dando el siguiente paso hacia una mayor independencia de los poderes. Sin embargo, la fusión entre poder empresarial y poder político daría a la intromisión de ese poder único una fuerza que los periodistas mexicanos nunca imaginaron.