Nuestra literatura, la que celebramos en este gran congreso argentino, proclama que la libertad no puede ser ajena a la creación de un mundo lingüístico. Todo lenguaje ilumina otro lenguaje y le da accesibilidad, pemanencia y actualidad.
Actual es el lenguaje de Sor Juana Inés de la Cruz reclamando los derechos de la condición femenina
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis...
Actual es el lenguaje de Luis Cernuda en defensa de la preferencia sexual "porque el deseo escribe es una pregunta cuya respuesta nadie sabe" y actual la generosidad amorosa espléndidamente abarcante de Garcilaso.
Yo no nací sino para quereros...
Por vos nací, por vos tengo vida
Por vos he de morir y por vos [muero...
Voz de la personalidad propia, inalienable, maravillosamente descrita por Jorge Guillén:
A ciegas acumulo
Destino: quiero ser
Palabra metafísica del mayor poema mexicano del siglo XX, la Muerte sin fin de José Gorostiza:
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis,
por un Dios inasible que me ahoga
Pero, ¿no es tan física esta palabra del alma como la del cuerpo natal de Martín Fierro?
Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar...
Desde el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar...
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Foto: Sally Soames/Writers |
¿Y hay pregunta más lúcida que la de Rubén Darío a la vida y a la palabra de la vida que el saber no sabiendo de su poema
Lo fatal?
Popol Vuh, Martín Fierro, Rubén Darío.
Ah, es cierto. Conocemos estos poemas de memoria. Pero no les hacemos justicia si no los leemos o decimos siempre por primera vez, como si los acabásemos de descubrir, convencidos de que nadie, nadie ha dicho antes, ni siquiera Pablo Neruda:
Yo la quise y a veces ella también me quiso.
Nadie antes de nosotros, hoy, en este momento, en el presente que es el único lugar de cita del pasado la memoria y el porvenir el deseo.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
¡Qué extrañamiento, qué novedad cada vez que lo digo o lo leo! ¡Qué certeza de que el lector conoce algo que el escritor, ni siquiera Pablo Neruda, jamás conocerá: el futuro!
El mundo, dice Mallarmé, nos da a voces y el escritor las devuelve a fin de otorgarle mayor pureza a las palabras de la tribu.
No lo creo. En español, le devolvemos las palabras a la tribu manchadas, manchegas, mestizadas, a fin de unir dos tradiciones que se subsumen en una sola, al filo del Cuarto Centenario del Quijote y es, una, la de nuestra capacidad hispanoparlante para oponer al dogma la incertidumbre ¿son molinos o son gigantes? y la otra, el poder de llenar los vacíos de la realidad con la realidad de la imaginación sí, los molinos son gigantes.
Majestades,
Señor Presidente,
Señoras y señores,
Estamos aquí, en Rosario, en un terreno común donde la historia que nosotros mismos hacemos y la literatura que nosotros mismos escribimos, pueden unirse.
Es el espacio compartido pero siempre inacotado en el que nos ocupamos de lo interminable la historiaa través de lo amenazado la palabra.
Historia interminable, pues una sociedad está enferma o engañada cuando cree que la historia está completa y todas las palabras dichas.
Pero la desdicha del decir es ser dicho de una vez por todas y su posible dicha, ser siempre la palabra por decir, aún no dicha, desdichada.
Quienes proclaman el fin de la historia sólo quieren vendernos, dice Carmen Iglesias, otra historia: la suya,no la nuestra. Esa es la otra falacia el fin de la historia que quiero rechazar.
Nosotros aquí, en este gran congreso, sabemos que la historia no ha terminado, ni han terminado las palabras que manifiestan felicidad e inconformidad, escepticismo y confianza, amor y cólera benditos, dichos en lengua española.
El hispanoparlante de ayer le da el verbo hispanoparlante de hoy y éste al de mañana.
Descendemos del gran flujo del habla castellana creada en las dos orillas por mestizos, mulatos, indios, negros, europeos.
Estas voces se oyen en América, se oyen en España, se oyen en el mundo y se oyen en castellano.