Antulio Sánchez
Los temas religiosos vuelven a estar de moda. Pero no fue la muerte de Juan Pablo II lo que alimentó esa fascinación.
Poco antes de esto el libro de Dan Brown, El código Da
Vinci, había despertado un interés inusitado por estos tópicos, al
grado que alcanzó ventas millonarias en todo el planeta.
Desde su salida, esa obra suscitó duros cuestionamientos, aunque varios críticos consideraron que más allá de la
calidad literaria su éxito de ventas es indicativo de la vigencia del libro. Pero el español Francisco Casavella opina diferente:
"El Código Da Vinci [es] el bodrio más grande que este lector ha tenido entre manos desde las novelas de quiosco de los
años 70".
Mientras, Fernando Sánchez Dragó apuntó: "El éxito de este libro responde al infantilismo generalizado de los
seres humanos, en línea con el mercantilismo de los
chalanes de la new age. Sus lectores se encuentran entre gente que no
ha crecido mentalmente, pues cualquier reconstrucción de la vida de Jesús es pura literatura". Sin embargo, a pesar de
lo controvertido del texto y de su dudosa calidad, esas críticas como las de la Iglesia católica que incluso pidió a sus fieles
no leer el libro por considerarlo una herejía, no mermaron el interés del público y, en cambio, le brindaron una
generosa publicidad.
Cuestionamientos y
plagios
El código Da
Vinci no deja de ser noticia. En días recientes se armó tremendo barullo y los comentarios se han
multiplicado en el ciberespacio. Según el
blog Mangas verdes, de Manuel Almeida, recientemente el escritor Lewis Perdue acusó a
Dan Brown de plagiar su novela, El legado Da
Vinci, de1983. A primera vista parece que esa acusación tiene un
objetivo publicitario, pero las dos tienen coincidencias que despiertan sospechas.
Almeida recuerda una nota de Adair Lara del
San Francisco Chronicle, donde indica que en el libro de Perdue
los héroes luchan contra hermandades secretas y emisarios del Vaticano para hallar el secreto que destruirá el
cristianismo. Mientras que en el de Dan Brown los héroes luchan contra hermandades secretas y emisarios del Vaticano a través
de Europa para encontrar un secreto que destruirá el cristianismo. Da Vinci es la clave del argumento como soporte de la
idea de que la mujer jugaba un papel importante en los albores del cristianismo, cuestión que fue posteriormente
suprimida. Como puede apreciarse, prácticamente no existen diferencias.
Perdue sostiene un alegato jurídico al que, según dice, le han dado la espalda la mayoría de los medios, por lo que
abrió un blog, donde explica los avances de su demanda. Por lo pronto, la Columbia Pictures ha referido que continúan
los planes de hacer la adaptación cinematográfica. Mientras esto se dilucida en los tribunales y resuena en los pasillos
de Internet, vale la pena recordar que el hurto de obras es peor en el ciberespacio, por lo que debieran existir mejores
mecanismos legales para sancionar esa práctica.