Francisco Báez Rodríguez
Los cambios de programación que están realizando las dos principales televisoras del país son sintomáticos. Lo que
antes funcionó, ahora ya no; y si se pensaba que exagerando la nota iba a regresar el
rating, se pensaba erróneamente.
Por lo visto, "Nela" ya no quiere más de lo mismo y la crisis es trasversal: toca todos los géneros y deja muy pocos títeres con cabeza.
En Televisa, la crisis empieza desde temprano, donde el noticiero matutino del Canal de las Estrellas perdió vuelo (y
la enfermedad de Loret de Mola lo ponchó más) y el de Trujillo no es el de
Brozo. La programación encuentra un remanso
de estabilidad y continuidad con Cien mexicanos
dijeron, para luego caer en el abismo de Sueños y
caramelos, la primera gran crisis.
Durante varios años, Televisa ha trabajado su "cantera" de aficionados a las telenovelas a través de emisiones
dedicadas al público infantil. Algunas han sido novedosas; otras, trilladas. Pero
Sueños y caramelos exagera en el pecado clásico
de Televisa: subestimar la inteligencia del público y, en particular, de los menores. Tal vez se convertirá en la
telenovela infantil de más corta duración en la empresa y, si no hay un cambio radical en la siguiente, en el veneno que acabó con
la gran fábrica de consumistas de culebrones.
En la noche, toca el pago al exceso de vulgaridades. Salen dos emisiones de la barra cómica, golpeadas por la baja en
la audiencia. Típicamente, la empresa disfraza los fracasos comerciales de reacción ética ante los reclamos de la sociedad.
Pero lo más duro para la televisora de Avenida Chapultepec es el fin de semana.
Codigo fama no da una, Vas o no vas
se quedó en la mediocridad de audiencia,
La parodia va de bajada y, sobre todo, Big
Brother parece haber entrado en crisis terminal, y ni la respiración artificial que le trataron de insuflar con la entrada de tres viejos "hermanitos" parece
revivir al cadáver.
Cuando se habla de que una fórmula "se repite hasta el cansancio", hay que recordar que la última palabra de la frase
es "cansancio". Después de
BB1, BB2, BBVIP,
BBVIP2, BBVIP3 (fase 1 y 2), era obvio que la emisión requería de
novedades fuertes. Pero lo único que se les ocurrió a los productores fue combinarlo con
Fear Factor (programa que nunca pegó
en México) y reiterar el casting de vagos analfabetas dizque bonitos, con alguna presencia simbólica de feos y
proletarios (pero siempre analfabetas). Rebeldes que no comen frijoles y a los que no les ponen pruebas serias, que pulsen su
actitud ante una crisis (como una invasión de ratas o una inundación en el baño).
Pulsando la actitud de los productores de
BB ante una crisis (de audiencia), vemos que son expulsables. Su cerebro
sólo llegó a reintroducir a tres aspirantes a actores que ni siquiera fueron populares.
Ante tal desastre en Televisa, uno pensaría que Televisión Azteca iba a aprovecharse y comer el mandado. Nada de
eso. En las mañanas sigue inexistente, y varios de sus programas tradicionales, que habían aguantado tiempo y marea,
se tambalean o desaparecen.
Es el caso, muy comentado, de
Los protagonistas. Los talibanes del deporte que, reunidos en mesa redonda, se quitan
la palabra, anuncian unos artículos (de consumo) y se comen otros (gramaticales). Ni los más obsesos podemos consumir,
a estas alturas del siglo XXI, tanta cháchara futbolística.
Para la televisora del Ajusco, el problema de la desaparición de
Los protagonistas, y su espacio crítico, es que
si dejamos los deportes de TV Azteca en lo puramente informativo, Televisa Deportes les va a terminar de comer el
mandado. Lo que se requiere no es terminar con el análisis deportivo, o reducirlo al mínimo, sino nuevos formatos, que no
parezcan talk radio de los años 70.
Si en los horarios estelares de entre semana, los golpes de Azteca son ligeritos
(Los Sánchez, que ha hecho mella en
el público popular), dos de sus emisiones finsemaneras más fuertes llegan a su término. Sale
Sexos en guerra, agotada la fórmula. Sale
El ojo del huracán que, sin Aurora Valle, no es ni ojo de aguja.
La academia 3 tiene un rating muy
inferior al de la inimitable primera versión (pero eso sí, creyeron que le habían aprendido todo a los asesores españoles y la
patada por el trasero que les dieron les salió carísima) y se salva sólo porque
Big Brother está peor. Para colmo, se reforma
el programa más exitoso de Azteca en el último año. Habrá que ver si la nueva adaptación de
El rival más débil es mejor
que el original; o si la versión "recargada" tendrá la suerte del otro programa "recargado" de la tele mexicana, el
tristísimo BB3R.
En resumen, a falta de ideas, crisis de programación. Y no se ve para cuando termine.