Francisco Báez Rodríguez
Una de las emisiones con más audiencia televisiva en el año que comienza ha sido
Mi verdad, el videohome escrito y producido por Juan Osorio, donde cuenta su versión de la relación que sostuvo con la actriz cubana Niurka Marcos.
La verdad de Osorio es, en verdad, un producto divertidísimo. En primer lugar, porque no oculta su mala leche.
En segundo, porque gran parte resulta creíble, ahora que conocemos mejor a Niurka. En tercero, porque nos muestra,
de manera caricaturesca, los excesos y la tontería de los famosos de la tele. Y cuarto, porque, aunque pretenda lo
contrario, nos pone frente a un espejo autocrítico: cómo es que podemos perder tiempo precioso, que nunca volverá, en tales sandeces.
Si nos atenemos a este
Rashomón de petatiux, resulta que Juan Osorio es más guapo que Niurka y es un alma de
Dios, todo bondad y pasión romántica, y sólo le falta babear un poco más. La Niurka que presenta, salvo el detalle del cuerpo
y de unos dientes de risa loca, es bastante más verosímil.
Resulta curioso que la reacción furibunda de la cubana haya sido, sobre todo, acerca de las partes que conciernen a
su familia, que están entre lo más factible en medio de la fábula.
El caso es que los comentarios de la transmisión acapararon varias horas de telebasura durante la semana siguiente.
Por lo pronto yo, cuando haga mi biopic, voy a contratar a un Marlon Brando joven para que me haga de chavo y a
John Malkovich para que me haga de adulto.
¿Para cuándo, joven?
Al momento de cerrar esta edición de
etcétera, los senadores aún no se ponían de acuerdo sobre el dictamen para
reformar la Ley Federal de Radio y Televisión, a pesar de que, supuestamente, ya se habían incorporado las propuestas de los concesionarios de la CIRT.
Con esa habilidad tan especial que tienen los políticos, quienes se oponen a las reformas encontraron una
Trampa-22. Afirman que el gobierno federal, a través de las secretarías de Comunicaciones y Gobernación, tiene que integrar
sus puntos de vista en el dictamen cuando el gobierno federal afirma que espera el dictamen para integrar sus puntos
de vista. El chiste es hacerse guaje.
Por cierto que el Canal del Congreso, que supuestamente está para que los ciudadanos se informen de las tareas de
los legisladores, suspendió la transmisión del debate sobre la ley, el 16 de febrero, para dar paso a un noticiero que lo
único que hace es justificar presupuesto.
Finalmente, me parece relevante la declaración a
etcétera del senador zacatecano Raymundo Cárdenas. Nos da
otra más de las razones de los miedos por acotar el extremo poder de los medios electrónicos: "Todos sabemos que es
mucho muy difícil, tanto en uno como en otro de los grandes noticieros, todos los senadores y los diputados sabemos que
confrontar sus intereses puede costarte la exclusión total de la televisión, y en la manera actual de hacer política en México,
eso sería la muerte de cualquier
político" (cursivas de FBR).
Los paganos del pleito Televisa-Univisión
Cuando las finanzas de Televisa estaban muy mal, Emilio Azcárraga Jean tomó un par de decisiones que ahora le
están costando. Por una parte, para hacerse de liquidez, desinvirtió parte de sus acciones en la televisora estadounidense
Univisión. Por la otra, firmó con esa misma empresa un contrato que amarraba las telenovelas de Televisa con Univisión hasta
2017 (es tanto tiempo, que supongo que las telenovelas de ese año las transmitiría Univisión en sus repetidoras de La Habana).
Ahora que el dueño mayoritario de Univisión ha tomado algunas decisiones corporativas verticales, el mexicano
-quien ahora posee menos del 10% de las acciones- se ha decidido por replicar con su mejor arma: los artistas
exclusivos de Televisa, a quienes les ha prohibido actuar en los programas de Univisión.
Esto significa un golpe fatal para emisiones como
Sábado Gigante o El Gordo y la
Flaca, que son muy importantes para la cadena estadounidense y que, de paso, se retransmiten (o retransmitían) en México.
Habrá que ver también si Televisa piensa hacer algo parecido con el futbol -lo que sería un estacazo terrible a la
cultura popular de los latinoamericanos en EU-.
Actores y espectadores son los paganos en el asunto.
También habrá que esperar la respuesta de Univisión. Siendo una empresa gringa, el desenlace huele a juzgado.