La imagen, sin fondos queda fuera de foco
Marco Levario Turcott
Sobre la Presidencia mediática, Marco Levario Turcott da un vistazo a varios episodios que documentan la política de comunicación del Ejecutivo. Por su parte, Jorge Medina Viedas desmenuza algunas decisiones del gobierno en esa materia, para dejar claro lo insuficiente que resulta la exclusiva atención por la imagen. Finalmente, Juan Ignacio Zavala y Yuriria Sierra plantean su opinión, que contrasta una de otra, en relación con la efectividad de la mística presidencial por los medios.
Pocas veces un principio avista nítido lo que será una trayectoria, al menos en lo que se refiere a la transcurrida durante los primeros 90 días de gobierno. Me refiero al 1 de diciembre y la apoteosis de la fiesta. Apoteosis,
sí: "Concesión y reconocimiento de la dignidad de dioses a los héroes paganos, y acto de tributarles honores
divinos", dice el Diccionario de la Lengua
Española.
No hay memoria en los años recientes, no al menos la de un alud mediático como el que presenciamos poco
antes, durante y después de la asunción de Vicente Fox al máximo cargo del país. Estos fueron los gestos del actor en
el teatro de la política frente a las cámaras de televisión, los micrófonos y los reporteros de la prensa escrita.
La víspera, un par de entrevistas televisivas en las cadenas más importantes del país para mostrar humano a
la otrora figura inalcanzable de la Presidencia. Unas horas antes de la asunción en el Congreso, Fox Quesada
asiste a la Villa a dar gracias a la virgen de Guadalupe, luego desayuna tamales y atole con "los chiquillos y las
chiquillas" de la calle, en el popular barrio de La Lagunilla y, más tarde, con un renovado atavío que resuelve la duda
sembrada por él sobre si usará traje y corbata, asiste impecablemente vestido a San Lázaro. Fox dijo a quien esto escribe
durante una mesa de discusión el 19 de junio del año pasado: en el rejuego del
marketing, hasta el color de la ropa se
estudia. Son los símbolos de la propaganda que incluyen los religiosos y también los de la imagen que refleja
estrecho acercamiento con el pueblo.
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Foto: Bernardo Moncada |
En su toma de protesta Fox Quesada adultera el tradicional texto de juramento para hablar de su
compromiso con los más pobres, y ahí se impone la pregunta: ¿podrá transgredirse la ley cuando la causa se considere
justa? Apenas hay tiempo de cavilar cuando, desde esa tribuna, se escuchan los saludos de Fox a la familia y luego la retahíla de argumentos que buscan mantener el ánimo de la opinión pública, el frenesí por el cambio que al menos en
esos momentos cuenta con una certeza: Benito Juárez no será más, no al menos durante los próximos seis años, el
icono de las aspiraciones nacionales. Hay otra seguridad: este Presidente, más que ningún otro en la historia,
aparecerá a menudo en televisión.
El trayecto continúa en el Auditorio Nacional. Las horas transcurridas son (casi) las mismas que los
medios, particularmente los electrónicos, emplean para hacer esta cobertura histórica donde veríamos al Presidente
recibir un Cristo de manos de su hija. Tan histórica la cobertura, como esta frase de Fox que se pierde en el rebumbio
y pasa casi inadvertida en los análisis de la prensa escrita: el titular del Ejecutivo promete que gobernará "alejado
del culto a la personalidad".
Y dijo más, durante ese día, cuando él estuvo en todos lados: "Terminará entre nosotros la época en que
el Presidente de la República era omnipresente en el escenario nacional". Lo afirmó el mandatario en el contexto
de una celebración y una transmisión mediática que atendió no al festejo del resultado de la ejemplar jornada
electoral; ni siquiera al festín que para muchos significó la derrota del PRI. No. El fin de los medios engarzó con el
del Presidente, que también estuvo en el Zócalo y que al grito de "ái te voy, Mijares", bajó del balcón presidencial,
se quitó el saco y se colocó en otro tipo de estrado.
El corolario es evidente, en opinión de quien esto escribe,
incidir en las emociones de la opinión pública es
una de las condiciones de la técnica del
poder, que ha planteado Fox.
El fin justifica los símbolos
Empecemos por el final, que es otro corolario que podría desprenderse a juzgar por el ejercicio de la
Presidencia durante este tiempo: el poder es una técnica que pone en práctica los deseos cambiantes de la opinión
pública. Este eslogan del gobierno lo refleja nítido: "Porque no todos están de acuerdo, reducimos el Horario de Verano
cinco meses". Si esta premisa se llevara al pie de las acciones de gobierno, ¿qué sucedería con la reforma fiscal o con
la intención de aumentar el precio del agua?
Son innumerables los llamados del Presidente a la participación ciudadana, lo mismo para elaborar el nuevo
texto de la Constitución al que se comprometió que también para recabar la opinión sobre el Plan Nacional de
Desarrollo. Ya veremos con el tiempo.
Ahora, a través de los medios, Vicente Fox transmite la sensación de que los ciudadanos inciden y deciden en
las acciones de gobierno. Y les ofrece lo que quieren. El pasado 7 de febrero aseguró que estábamos "a unas
semanas"de presenciar un acuerdo de pacificación en Chiapas. El titular del Ejecutivo intenta transmitir emociones y, dentro
de éstas, una profesión de fe, la que significa creerle cuando de esta forma respondió a la pregunta de en qué basa aquella seguridad: "Yo sé las cosas por adelantado", afirmó el Presidente que dijo estar contra el culto a
la personalidad.
Y de esto último se desprende el tercer corolario. Es el recurso del método:
mantener el ánimo social sobre un cambio que, aunque incierto, lo encarna la confianza en un solo hombre: el
Presidente. Y un cuarto: si en los medios se dice que algo es cierto, lo es aunque no sea
verídico: ¿basta con desear, asegurando que el acuerdo en
Chiapas es inminente para que eso ocurra? Las semanas siguientes asistimos a una situación de conflicto entre el
Presidente y el EZLN, que hacía muy difícil pensar que Vicente Fox supiera las cosas por adelantado.
En la arena de la opinión pública
En la estructura formal de Los Pinos hay una oficina encargada de sondear el ánimo de la opinión pública y
de procurar la imagen de la Presidencia. La cuota de popularidad del mandatario determina y modula, cancela o
aplaza las decisiones.
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Foto: Jaime Boites |
Ya lo escribió Alain Minc en su libro
La borrachera democrática: "¡Está en marcha un círculo vicioso que ya
nada es capaz de detener y que desemboca en la absurda cifra que sin duda se superará de un sondeo público al
día! Los ciudadanos son los primeros responsables de esta absurda situación, por prestarse a este juego de espejos,
que les dispensa de toda otra forma de acción colectiva".
El puente que hay entre la democracia representativa y la directa lo es el televisor, también la radio y en
otra medida la prensa escrita e Internet. Ahí busca aquella popularidad el Presidente, aunque eso signifique dejar el
cargo dos minutos mediante un divertimento y asumir el papel del comediante
Ponchito. Eso ocurrió el 3 de
febrero durante el programa radiofónico Fox en vivo, Fox
contigo, donde vimos al mandatario alternar con el
humorista Andrés Bustamante. La emisión ocurrió un par de días después de la entrevista sostenida entre el
subcomandante Marcos y Bustamante, transmitida por Televisa en
El noticiero que conduce Joaquín López-Dóriga.
La obsesión del Presidente por los medios de comunicación puede parecer un reconocimiento a la
modernidad, pero no es así.
1. Cuando a través de los medios apela a la democracia directa es decir, el sondeo de la opinión pública o
la invitación a la decisión ciudadana incurre en una forma elemental de reacción social frente a la cosa pública.
2. Cuando aprovecha la avidez de los medios, considera que mucha información significa buena
información. Así ocurrió cuando la reciente visita del presidente George W. Bush a México. Supimos de los arreglos en la hacienda del mandatario mexicano; de los regalos que intercambió con su homólogo estadounidense y de los elogios que
se profesaron. Supimos qué comieron y cuándo cabalgaron, también los
souvenirs que se vendieron. Supimos la presión arterial del Presidente que, según la enfermera que lo atendió, la tenía de "quinceañero". Supimos,
¿qué supimos?
La sustancia fue lo de menos, la imagen lo de más.
3. Lo mismo sucede con su recurrente apuesta para que en los medios o a través de éstos se resuelvan
los problemas políticos; tal orientación parece haber sido lo que guió al Presidente para establecer un rejuego
mediático con el EZLN. El está convencido de ello. Lo saben los medios, particularmente las dos principales televisoras. Y
por ello el espectáculo "Unidos por la paz", aunque no haya guerra en Chiapas: Televisa y TV Azteca se presentan
como aliados de Fox y como sus posibles adversarios si el gobierno se entromete en sus intereses promoviendo la
reforma de la ley sobre los medios de comunicación.
Todo lo sólido se desvanece en el aire
Los medios no sustituyen el ejercicio de la política del mismo modo que la opinión pública no socava a
la democracia representativa. La imagen es una forma que sin fondo está fuera de foco, al menos en lo
relacionado con las definiciones de gobierno. La obsesión presidencial por los medios puede conducir a eso: un Presidente
con altos índices de popularidad que aplace, modele o module decisiones orientado por el
rating, en lo que dictan los barómetros mensuales, semanales y/o diarios del corazón del pueblo puro y llano.
El Presidente sabe hablar frente a las grabadoras, mirar a las cámaras. Es elocuente y sencillo. Estudia bien
sus gestos y sus palabras. Tiene carisma. Está en los medios y a través de ellos en todas partes. Sin embargo, no
basta todo ello para gobernar. Más aún: la obsesión por los medios y la popularidad puede generar algo así como
una trama con un final feliz de película en televisión que cuando se apaga nos deja frente a otra historia. Queda
entonces la realidad, encarnada por la incertidumbre.