Intensa, aquella noche en Estados Unidos
Javier Solórzano Zinser
Dicen que la diferencia entre las elecciones de México y Estados Unidos es que mientras en nuestro país sabemos
de inmediato quién ganó las elecciones presidenciales pero a pesar de la rapidez no tenemos la más remota idea de lo
que nos espera en la Unión Americana pueden tardar meses en conocer quién será su Presidente pero lo más importante es que ya saben lo que viene.
Más allá de la anécdota, las elecciones del 7 de noviembre del año pasado en la Unión Americana mostraron una cara desconocida de una sociedad que vive bajo el supuesto de tener siempre el control de las cosas. Llámese economía o política.
Sin embargo, no hay duda que la gran cantidad de irregularidades puso en evidencia una parte del sistema
político que para muchos, encabezados por Hillary Clinton, debe renovarse. Ganó quien menos votos directos obtuvo.
Después de más de un mes da la impresión que, más que por convencimiento y por presiones, Albert Gore le levantó por
segunda ocasión el brazo a George W. Bush. Sin embargo, muchos quedaron en entredicho. En particular los medios de
comunicación que se la pasaron en el ir y venir de la "declaracionitis" de ganadores y perdedores. Hubo festejos y contrafestejos durante toda la noche.
En uno de los hoteles Hilton de Washington, donde se encontraba uno de los cuarteles de George W. Bush, terminaron llorando de felicidad a las tres de la mañana del 8 de noviembre y cada vez que CNN presentaba información la
rechifla en medio de la intensa noche junto al bar era escandalosa. Los motivos para los simpatizantes del republicano
eran más que claros en medio de la pasión de la jornada: la cadena de noticias había declarado ganador a Bush en Florida, y minutos después había reportado la elección en dicho estado como pendiente.
La cadena Fox incentivó la polémica. Fox ya está ubicada dentro de las cuatro grandes cadenas de Estados Unidos.
Junto con NBC, CBS y ABC, es una de las de mayor cobertura con la salvedad que se rige bajo el sistema de pago. Es quizá
éste su mayor mérito. Teniendo que pagar por ver Fox se ha convertido en una opción. Lo que esta cadena hizo al paso
del tiempo parece serio. Todo indica que una persona aliada a Bush, se dice que es un familiar, y ligada a la cadena filtró
la información de que el republicano, en una de esas su primo, había ganado las elecciones. A partir de ese momento
todo fue confusión y la televisión estadounidense quedaba minuto a minuto en evidencia.
Quien mejor definió todo lo que pasó la noche del 7 de noviembre, en pleno proceso de incredulidad, fue el
comentarista de televisión Dan Rather de CBS. Sin darle muchas vueltas al asunto dijo en plena confusión, siendo un poco
más de la medianoche: "Si usted está disgustado con nosotros, francamente no lo reprocho". Hasta ese momento, las
cadenas de televisión de Estados Unidos habían cambiado en cuatro ocasiones su información sobre el resultado de
las elecciones. No fueron los únicos que lo habían hecho. Los cosas llegaron a tal punto que la televisión se regocijaba
con los festejos en Texas y la tristeza de Nashville.
The New York Times imprimió durante la noche cuatro diferentes ediciones. La primera con un tiraje de 115
mil ejemplares. Las primeras palabras de la nota decían lo siguiente: "George Walker Bush fue electo el 43 presidente de
los Estados Unidos ayer (subrayado del autor), con uno de los márgenes más estrechos de la historia, coronando así una
espectacular y excepcionalmente rápida carrera después de que su padre salió de la Casa Blanca". Una hora más tarde
publicó otra edición, de la cual ahora imprimió 382 mil ejemplares, con un encabezado evidentemente distinto: "Bush y
Gore compiten en la orilla, con una estrecha diferencia electoral; Hillary Clinton va al Senado".
La televisión vivió en la más absoluta confusión. En un sistema como el estadounidense, donde pareciera que la
política de la línea se lleva en buena medida por la libre, la única fuente a la que se podía acudir era la información emanada
de los recuentos electorales. Dicho de otra manera, las casillas y los organismos encargados de las elecciones, o a través
de lo que los propios medios producían que a esa altura no tenían ya validez. Ya no importaban los
exit poll ni las encuestas previas. Era el momento de la información en bruto y nadie la podía proporcionar simple y llanamente porque nadie
la tenía. Era el tiempo del impasse y la televisión estadounidense estaba en vivo y en directo en su pleno martirio.
Los conductores de la tele estaban contra la pared. Peter Jennings, de ABC, de plano se confesó: "No
estamos absolutamente seguros de qué es lo que sigue". Tom Brokaw, del noticiero vespertino de NBC, en una de las
innumerables veces que se le pedía desde la cabina del estudio de televisión que alargara se atrevió a decir: "No sólo tenemos huevos
en la cara. Tenemos un omelette entero...". El hecho es que todos fueron rebasados. La inmaculada televisión que
se supone que siempre sabe qué hacer o qué decir se vino abajo, y no estaba en su ámbito decidir absolutamente nada.
Esta fue su máxima frustración. Acostumbrada a dar y quitar, la tele, a la mera hora, fue un simple testigo y no le queda
otra que dejar correr el tiempo para tratar de dar algún ganador, aunque esto fuera a las seis de la mañana.
Han pasado los días y la televisión cambió de intereses. La elección era ya sólo una parte de la programación. No
fue de su interés directo saber después de un mes quién sería el Presidente de Estados Unidos. Se convirtió de nuevo en
tema de su interés cuando se dio la solución.
Bruce Willis lo definió de manera clara: "La televisión hizo un espectáculo paralelo a las elecciones. Simplemente
le interesó más ganar rating que ver lo que estaba pasando. Se les olvido, o quisieron olvidar, que lo que estaba de por
medio era quién sería el presidente de Estados Unidos los próximos años. O sea, el jefe de la nación más poderosa del planeta".
Los medios nacionales no pasaron por alto el asunto y las confusiones. En Imagen dimos por ganador a Bush a eso
de las tres de la mañana. Al día siguiente, nos informaron desde México que lo que habíamos dicho no era cierto, que
el resultado estaba pendiente. Nos venimos a enterar desde México a las seis de la mañana. Al igual que esta cadena
de radio, varios diarios reportaron en sus ocho columnas el supuesto triunfo de Bush. No les dio tiempo de cambiar.
Las "elecciones más seguras" le dieron una cachetada a los medios y éstos ni las manos pudieron meter.
Estados Unidos tendrá que revisar sus procesos electorales. Si bien el mecanismo no es impugnable, en cuanto al
triunfo de un candidato que alcanza la mayoría de los votos directos, lo cierto es que nos enteramos que su proceso no es
tan pulcro como presumían. Los Angeles
Times le echó más leña al fuego el lunes 11 de diciembre en su primera plana.
Publicó un reportaje que no le pide nada a las prácticas más ruines que por fortuna cada vez se viven menos en México.
Resulta que en más de un estado de la Unión Americana el robo de urnas, el carrusel, el voto en más de dos ocasiones por
los ciudadanos y otras "lindezas" fueron la tónica del proceso electoral.
Los medios tendrán que hacer su tarea. La tele de EU se sentó a esperar el resultado y nunca se atrevió a pensar
que podían existir irregularidades. En México confiamos en la "gran democracia" infalible. Lo cierto es que nos
quedamos a la espera de todo, y nadie se puso a pensar que son de carne y hueso.