El 3 de mayo de 1987 el Miami
Herald dio a conocer el caso, Hart lo negó, pero ante la vigilancia de los medios y
el rumor sobre la posible publicación de pormenorizados detalles de esa relación en el
Washington Post el precandidato demócrata renunció.
En 1992 inició uno de esos trascendentes episodios mediático-político-sexuales. Ese año el periódico
sensacionalista Star retomó una vieja denuncia que un ex trabajador de Arkansas había hecho contra Bill Clinton, acusándolo de
haber cometido adulterio y desviar recursos públicos para sostener relaciones extramaritales con seis mujeres.
Gennifer Flowers recibió una importante suma de dinero por parte del diario y confirmó lo dicho en sus
páginas. Flowers había conocido a Clinton a finales de los 70, sosteniendo un romance con el demócrata durante su paso
como gobernador en Arkansas.
Escasos cinco años después del caso Hart, las revelaciones sobre Clinton aparecieron en el marco de su contienda
por la candidatura presidencial demócrata.
La habilidad del político herido en su reputación evitó un daño mayor y los hechos no impidieron que llegara a
la Presidencia, sin embargo, ya como Presidente, nuevas denuncias sobre su proceder sexual aparecieron en los
medios, cuando The American Spectator publicó la historia de otro desliz durante su paso por Arkansas, el caso de Paula Jones.
Tras la difusión del caso en 1994, Jones demandó a Clinton por haberle provocado "grave estrés emocional", y haber tenido avances sexuales no deseados por ella, lo que podía probar debido a las características que observó en la
zona genital del entonces gobernador.
En 1997 a raíz del caso de Paula Jones, un juez llamó a declarar a Monica Lewinsky, otro desliz de Clinton. El
hecho derivó en una serie de más revelaciones sobre la conducta sexual del Presidente, que fueron desde grabaciones
telefónicas hasta la transmisión por televisión de las preguntas que el fiscal Kenneth Starr hiciera al avergonzado mandatario
quien tuvo que refutar haber cometido perjurio al decir que no había tenido relaciones sexuales con Lewinsky, basando su
dicho en la bochornosa explicación pública de que había una diferencia entre las relaciones sexuales (entendidas por
Clinton como coito) y el sexo oral.
Pese a los constantes esfuerzos de la mayoría republicana por adjudicar al Presidente los delitos de perjurio y abuso
de poder, Clinton fue absuelto con profundas marcas en su reputación y vida privada.
Los potenciales escándalos sexuales son una tentación presente en todas las esferas de la actividad pública
mundial, incluyendo la de nuestro país. El papel de los medios en este tipo de fenómenos tiene vertientes éticas que deben
ser analizadas frente a la constante posibilidad de que los escándalos exploten.
* * *
Algunos casos en México
En varias ocasiones la disputa por el poder no reconoce marcos éticos ni legales y en ésta se vale incluso la intromisión
en la vida privada, íntima, de los personajes públicos. Así operan muchas de las filtraciones que difunden la mayoría de
los medios en aras de la conquista de las audiencias y de cimentar su propio poder. Desde casi todos los rincones de
la geografía política se filman, graban e intervienen comunicaciones para luego utilizarlas en beneficio propio mediante
la difamación y la calumnia, mientras los medios se escudan en que la culpa no es del mensajero (y así, se asumen
como mensajeros).
Es cierto también que algunas de esas invasiones a la privacidad han desnudado corruptelas de funcionarios públicos
de diverso orden. Pero ha habido otras, muchas, que no han reportado un beneficio de interés público manifiesto y sólo
han generado confusiones. Ejemplo de esto último fue la publicación el 3 de octubre de 1995 por
Reforma de una carta privada de Ernesto Zedillo a Luis Donaldo Colosio, cuando aquél era coordinador de campaña del segundo. El diario presentó
el documento como "prueba clave" para aclarar el asesinato del candidato priista, cuando en realidad se trataba de
los comentarios de un colaborador hacia su jefe.
Meses antes, el 14 de mayo de 1995, ese mismo diario transcribió las conversaciones telefónicas privadas entre el
ex asesor del ex presidente Carlos Salinas y Marcela Bodenstedt. De manera similar al caso anterior,
Reforma adujo que esas pláticas arrojaban "líneas de investigación que los ligan con el narcotráfico". La lectura de aquella plática inducía a
nada sobre ese tema.
El 22 de enero de 2001, en su columna de
Milenio Semanal, Raymundo Riva Palacio difundió la grabación telefónica
de conversaciones privadas sostenidas entre Héctor Aguilar Camín y dos personas cuyo nombre no cita.
El 4 de noviembre de 2004, Milenio
Diario publicó fragmentos de una carta personal de Rosario Robles dirigida
a Carlos Ahumada. El contenido de la misiva era estrictamente íntimo y carecía de interés para otras personas. En febrero
de 2005 la revista Proceso también publicó esa carta.
Durante varias semanas entre febrero y marzo de 2005, diversos medios literalmente hurgaron sin reparo en la
vida privada de Yeidckol Polevnsky, candidata por el PRD-PT a la gubernatura del Estado de México. La presión de la
"opinión pública" la orilló a revelar pasajes de su vida que sólo le competen a ella.
La más reciente, y con toda seguridad no la última invasión de la vida privada, fue la difusión de las pláticas
grabadas ilegalmente entre Elba Esther Gordillo y Felipe Calderón Hinojosa publicadas en
Reforma el 18 de noviembre.
JChS