Luis Miguel Carriedo
En su libro El escándalo
político (Paidós, 2001), John B. Thompson hace un recorrido analítico por el fenómeno de
los escándalos en la esfera política y le da un espacio importante a la relación e impacto que han tenido los medios en
las públicas revelaciones de la vida sexual, lícita o ilícita, de los hombres de poder a lo largo de la historia de Gran Bretaña
y Estados Unidos.
Las implicaciones penales derivadas de la publicidad de conductas sexuales ilegales como pueden ser las relaciones
de políticos con menores de edad, se suman a factores que Thompson ubica como moralmente vinculantes, mismos que
han tenido consecuencias desastrosas para la carrera de varios actores políticos en esos dos países, lo cual se refleja en
algunos ejemplos que se rescatan en el libro.
Uno de esos capítulos en Gran Bretaña es el caso de Cecil Parkinson, quien fuera secretario general del
Partido Conservador y un importante operador para el triunfo de Margaret Thatcher en 1983.
Parkinson había sostenido un romance con su secretaria, Sara Keays, quien resultó embarazada. El asunto fue
difundido en la revista Private Eyes mientras Thatcher elaboraba un programa político que impulsaba la recuperación de
valores donde ponderaba la importancia del núcleo familiar. Parkinson tuvo que reconocer públicamente su relación
sentimental "inmoral" y vio severamente afectada su carrera política.
Iniciada la década de los 90, el sucesor de Thatcher, John Major, retomó la idea de los valores tradicionales con
su eslogan "volvamos a lo básico", pero el primer ministro y su campaña se enfrentaron a la prensa sensacionalista cuando
el escándalo sexual envolvió, primero, al parlamentario y ministro de Transportes, Steven Norris, quien fue acusado por
los diarios de tener cinco amantes. Después fue el turno del director general de Medio Ambiente, Tim Yeo, quien tuvo
que renunciar luego de la revelación que hiciera el periódico
News of the World, respecto a que Yeo tenía un hijo fuera
del matrimonio, esta situación contrastaba con la política del conservador en favor de una legislación más estricta sobre
los subsidios precisamente para las madres solteras.
Otro caso relevante fue el del también conservador David Mellor, quien había sido nombrado por Major ministro
del Patrimonio Nacional en 1992. Mellor impulsaba la revisión de las políticas gubernamentales frente al comportamiento
de una prensa sensacionalista cada vez con más excesos y constantes intromisiones en la vida privada de personajes
públicos, sin saber que él mismo sería objeto de un demoledor escándalo mediático-sexual.
El 19 de julio de 1992 el periódico
People dio a conocer los amoríos del funcionario con la actriz Antonia de
Sancha. Los periodistas habían puesto micrófonos en el apartamento de Antonia y la réplica amarillista de otros medios
generó todo tipo de especulaciones que aseguraban, por ejemplo, que Mellor gustaba de hacer el amor con la camiseta de
su equipo favorito, el Chelsea, o que tenía una particular debilidad por los besos en los dedos de sus pies.
Las constantes burlas mediáticas llevaron al político a renunciar y pusieron fin a su carrera. "El ministro se hunde
a consecuencia del escándalo", tituló
The Sun.
Paddy Ashdown, dirigente del Partido Liberal Democráctico de 1988 a 1999 había sostenido una relación
extramarital con su secretaria, Tricia Howard, quien años más tarde fue asediada por reporteros del
News of the World, quienes le ofrecían fuertes sumas de dinero a cambio de la historia de romance con el político. Ante la inminente publicación del
caso Ashdown convocó a una conferencia de prensa el 6 de febrero de 1992 donde admitió la relación con Howard,
adelantándose con ello al escándalo mediático y atajando un descalabro de largo plazo en su carrera, luego de posar al lado de su
esposa para los fotógrafos tras su confesión. Su popularidad se mantuvo.
Gran Bretaña tenía antecedentes de escándalos sexuales de mucha trascendencia décadas atrás como los de John
Profumo y Jeremy Thorpe.
Profumo parecía una promesa en la política británica cuando fue nombrado ministro de Defensa durante el gobierno
de Harold Macmillan, pero su relación amorosa con la joven Christine Keeler fue el fin de su carrera luego del
escándalo. Keeler había sostenido simultáneamente otras relaciones, una de ellas con un coronel agregado naval de la Unión
Soviética, Eugene Ivanof. La información llegó a oídos del parlamentario laborista opositor de Profumo, George Wigg, mientras
el diario Sunday Pictorial le ofrecía mucho dinero a Keeler a cambio de la historia y las cartas de amor que evidenciaban
al ministro.
Fue en marzo de 1963 cuando el boletín semanal
West Minister Confidential publicó el asunto. Ese mismo mes
Profumo negaría ante la cámara su relación con Keeler.
El 4 de junio de ese año, luego de reconococer que había mentido sobre su aventura con Keeler, Profumo renunció
y sepultó su carrera política para siempre, pese a que luego de una investigación se determinó que nunca hubo un riesgo a
la seguridad nacional ni filtraciones peligrosas por la relación del ministro con aquella joven.
Años después correría una suerte similar el líder del Partido Liberal Jeremy Thorpe, debido a una supuesta
relación homosexual y una serie de acontecimientos relacionados con el chantaje y posible intento de homicidio de Norman
Scott, su probable amorío.
El Daily Mail, junto con el
Sunday Times fueron dos de los medios que durante mayo de 1976 protagonizaron la
caída definitiva de Thorpe, quien luego de renunciar como dirigente de su partido, perdió su escaño parlamentario en las
elecciones de 1979 envuelto en el escándalo sexual.
La historia se repetía, pues después de un juicio Thorpe fue absuelto de todos los cargos, pero su carrera se
había perdido ya.
Las historias relacionadas con la actividad sexual de los políticos en Gran Bretaña ha mezclado el interés amarillista
de los medios ingleses con el de diversos grupos del poder por socavar a sus adversarios a través de la exhibición de
conductas más que legal, moral y electoralmente vinculantes.
En Estados Unidos, son referente los escándalos sexuales que vienen desde finales del siglo XVIII, cuando en 1776
el periodista James Thomson Callender divulgaba en panfletos igual los romances del primer secretario del Tesoro,
Alexander Hamilton, que los amoríos de Thomas Jefferson con una joven esclava de 14 años.
Thompson señala en su libro la historia llena de potenciales escándalos sexuales de John F. Kennedy, quien no se
vio afectado por ninguno de ellos en su camino a la Presidencia debido a que no estallaron previamente.
Pero la exhibición pública de las prácticas sexuales privadas sí dañaron a personajes como el senador demócrata por
el estado de Colorado Gary Hart, cuando éste vio frustradas sus aspiraciones a la candidatura presidencial en 1988 por
la difusión de un probable romance con la modelo Donna Rice, el cual implicaba también adulterio.