(Primera parte)
Nicola Tranfaglia
En febrero de este año apareció en Italia un libro,
Il governo Berlusconi. Le parole, i fatti, i
rischi, donde 17 intelectuales (Gianfranco Pasquino, Giovanni Sartori, Luigi Ferrajoli, Massimo Salvadori, entre otros) analizan
los primeros meses del segundo gobierno del multimillonario y magnate de los medios de comunicación Silvio
Berlusconi. Cuando tuve oportunidad de leer el conjunto de ensayos, le propuse a Marco Levario que
etcétera publicara el texto de Nicola Tranfaglia sobre el tema de la "información". Por desgracia, las gestiones para obtener la
autorización de la casa editorial tomaron más tiempo del deseado y, por lo mismo, algunos de los sucesos a los que se
hace referencia en el trabajo pueden parecer "cosa del pasado" (¡es increíble la velocidad de la historia en la
actualidad!). No obstante, sigo pensando que el texto de Tranfaglia es una fotografía invaluable de la relación entre los
medios de comunicación y el poder político en la Italia de Silvio Berlusconi (y, por fortuna, también de muchos italianos
que, como los autores de este libro, están dispuestos a oponerse al líder de la, paradójicamente bautizada, "Casa de
las Libertades").
Nota del traductor
* * *
Antes del 13 de mayo de 2001
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Fotos: Time |
Quizá no sea una casualidad, dado el estado de las cosas, que en el programa de gobierno para la actual
legislatura que Silvio Berlusconi escribió antes de las elecciones y que se difundió en el sitio telemático de Forza
Italia,
1 no se haya incluido una sola línea dedicada a los medios de comunicación, al sistema mediático de Italia. En las 75
páginas, repletas de tablas y esquemas, que integran dicho programa no se dice nada acerca de las distorsiones que
existen en Italia en materia de libertad de información. Tampoco se habla del tema de la competencia, en presencia
de monopolios y oligopolios, entre las empresas televisoras y periodísticas: para el candidato de la Casa de las
Libertades,
2 y actual presidente del gobierno, no hay ningún problema que resolver.
Y, por lo mismo, tampoco pueden haber objetivos a perseguir o, tal vez, si es que existen, no es conveniente
exponerlos ante los electores ni ante las otras fuerzas políticas. Me inclino por esta segunda hipótesis a partir de
elementos precisos: en lo que va de la era berlusconiana han cambiado algunas cosas y otras están por cambiar.
Con cierta claridad podemos identificar los objetivos implícitos o, podríamos decir (al menos por ahora), ocultos
del programa de gobierno del
Cavaliere.3 Si regresamos, momentáneamente, al periodo que precede a las
elecciones del 13 de mayo de 2001, solamente hay una novedad relevante en el mundo de los medios de comunicación:
el proyecto de Telemontecarlo que, hace poco tiempo, dejó de ser propiedad de Vittorio Cecchi Gori y pasó a
formar parte de las empresas de la Telecom y que aspira a convertirse en un tercer "polo" televisivo El Siete
considerado desde el inicio como una opción independiente y extraña a los otros dos polos: RAI y
Mediaset.4 La orientación de este tercer polo se colocaría, seguramente, en una posición más cercana al centro-izquierda (como ya sucedía
con Telemontecarlo) que al centro-derecha de Berlusconi, Fini y Bossi.
Por lo que se refiere al arreglo de los diarios principales, cotidianos y periódicos, se observan equilibrios
definidos desde hace tiempo: Mondadori, cuyo principal accionista es el
Cavaliere, desde hace mucho tiempo es el grupo
más fuerte en el campo de los semanarios y de las publicaciones mensuales (además de su posición en la
industria editorial en la que abarca 30%). Además, Berlusconi controla directamente el cotidiano
Il Giornale, delegado en manos de su hermano Paolo y bajo la dirección de Mauricio Belpietro que, desde siempre, ha sido cercano a
los postfascistas de Alleanza
Nazionale.5 Mondadori también es propietaria del semanario
Panorama que dirige Carlo Rosella y que alberga columnistas muy conocidos (desde Sergio Romano hasta Giuliano Ferrara) y que son
aliados incondicionales de Berlusconi y colaboradores externos de su campaña electoral.
El Corriere della Sera pertenece a RCS de Cesare Romiti y se inclina hacia el centro-derecha, aunque de vez
en cuando invita algunas voces poco definidas o incluso cercanas al centro-izquierda (como Enzo Biagi, Tiziano
Terzani, Corrado Stajano). La Stampa de Turín, dirigido por Giovanni Agneli, desde hace algún tiempo, realiza una
operación inversa a la del Corriere: se coloca cercano al centro-izquierda pero invita columnistas como Enzo Bettiza y
Pierluigi Battista que se inclinan francamente por el centro-derecha.
En los últimos días de marzo (2001) apareció de nuevo
L'Unitá, dirigido por Furio Colombo y Antonio
Padellero, que dejó de publicarse un año antes y ha logrado conquistar rápidamente la atención de los lectores que no
aman el centro-derecha y que no se reconocen en los otros dos periódicos identificados con la izquierda,
El Manifesto y Liberazione. Pero es incomparable el peso de los cotidianos y de los semanarios que se orientan hacia la
derecha respecto de los que se inclinan hacia la izquierda.
Basta con recordar que el Corriere della
Sera es el cotidiano con mayor difusión y autoridad, llega a vender
700 mil copias al día, seguido por La
Repubblica del grupo Espresso (propietario de un semanario con el mismo
nombre y de una cadena de pequeños cotidianos locales, la FINEGIL, presente en el Centro-Norte) y que vende cerca de
60 mil ejemplares menos y que se inclina abiertamente hacia el centro-izquierda.
Entre los cotidianos con mayor difusión (entre los que se debe considerar a
La Stampa que tiende a mantener el tercer lugar detrás de los cotidianos de la RCS y del grupo
Espresso, y dejando aparte a La Gazetta dello
Sport, que está perdiendo ejemplares pero que conserva un público especializado en el sector deportivo y que se
adquiere como segundo periódico por los compradores del
Corriere o de otros de los cotidianos más vendidos) se
encuentra el Sole 24 Ore que expresa, en una línea de centro-derecha, la posición del sector más dinámico y avanzado de
los industriales.