Luis Torres Albarrán
Una transformación coyuntural “La verdad, no sé si vayamos a estar imprimiendo o no el (New York) Times en cinco años comentó en entrevista Arthur Ochs Sulzberger Jr., directivo del periódico más apreciado de Estados Unidos y, ¿saben algo? No me importa”.
Esta declaración, que podría leerse en un tono optimista respecto del futuro del ejercicio periodístico, más bien resulta ilustrativa del tambaleo entre la osadía y la incertidumbre en que se debaten las empresas informativas en Estados Unidos.
En la cuarta edición de su reporte anual acerca del estado de los medios, el PEJ confirma el amplio contexto bosquejado en reportes anteriores: la transformación que enfrenta el periodismo es coyuntural, como en otros tiempos lo fue el surgimiento de la televisión o, inclusive, de la misma prensa escrita.
La tecnología está redefiniendo el papel del ciudadano, dotándolo de más responsabilidad y control sobre sus hábitos de consumo de información. Sin embargo, esto no significa que la forma tradicional de hacer periodismo se esté volviendo, como señalan algunos, irrelevante.
Lo cierto es que su práctica demanda una nueva visión: el periodismo representa una porción cada vez menor en cuanto a la información que maneja la gente; la prensa ya no es más ese guardián de aquello de lo que la gente se enteraba o no.
Audiencia
A decir del PEJ en su informe de 2007, la tecnología está abrumando las viejas maneras de medir audiencias en cuanto a noticias se refiere. Los intentos por encontrar una nueva métrica han registrado un ímpetu significativo: preocupados por tener que repartir sus presupuestos entre cada vez más opciones, los publicistas no sólo quieren información más exacta sobre quién y qué está consumiendo, sino también sobre si la gente realmente pone atención a los anuncios publicitarios.
Más allá del tradicional concepto de circulación, los editores de periódicos, por ejemplo, discuten métodos que les permitan saber cuántos y quiénes leyeron realmente el diario, así como cuántos y quiénes prefirieronla versión en línea. Su meta: capturar el total de los lectores, tal y como lo demuestra el caso de la revista Time, que ya contempla la posibilidad de ofrecerse comouna combinación de contenidos impresos y en línea.
Y es que en 2006, a pesar de que los cálculos eran optimistas, los periódicos terminaron por resentir recortes de circulación diaria de casi 3% y los domingos de casi 4%, cifras tan malas como las de 2005. El número total de lectores cayó por debajo de 1.7%, lo que afectó la circulación garantizada a los publicistas.
Finanzas
Si el panorama en cuestión de audiencia es complicado, el PEJ advierte que el de las finanzas lo es todavía más.
La idea de que la publicidad en Internet igualaría a la de los medios impresos y la televisión parece desaparecer. Por increíble que parezca, hoy los periódicos y los sitios Web de clasificados otrora enemigos declarados se están asociando.
En 2006, las ganancias cayeron debido a que los anuncios clasificados están desapareciendo, a los problemas en la industria automotriz y a que el aumento de anuncios en línea no ha resultado suficiente para compensar las declinaciones combinadas en anuncios y circulación de los impresos.
Mientras los problemas para medios impresos todavía parecen insuperables y el crecimiento en línea no es suficiente para aclarar el futuro, la televisión continúa como el medio que maneja sus balances con más éxito: durante 2006, la noticias locales por televisión registraron un aumento en publicidad de 10%. Y todavía podría aumentar sus ganancias si programara más noticias durante el día.