Ni muy muy, ni tan tan
Seña de identidad entre intelectuales
nice y roqueros
in es Germán Valdés, al que consideran el mejor cómico del cine mexicano y, como ocurre con Fritz Glockner, también un revolucionario que se adelantó a Marcos en su proclama en favor de los indígenas por su película
El Ceniciento (1951). Y ya metidos en excesos ahí está el de
Pato, de Maldita Vecindad, que considera al actor "el último rebelde del siglo pasado y el primer mexicano del siglo XXI".
Con la lógica del escritor podríamos decir que Dolores del Río, además de una estupenda actriz, fue vanguardia en
la lucha feminista e incluso se adelantó a la supuesta causa indígena del propio Germán Valdés en
María Candelaria (1943), y ni qué decir de lo que para el guitarrista sería la diva, algo así como la última rebelde de Hollywood y la primera del
cine mexicano del siglo XXII.
Aquellos, son disparates. Ni el actor es un filósofo o estratega político metido a la lid de la comedia por quién sabe
qué extrañas razones ni lo que hizo está desprovisto de signos con los que amplios sectores del público se identificaron.
Su lenguaje, o sea el spanglish, y su forma de vestir y su ocurrente agilidad mental y su canto y su baile y su suerte con
los amigos hasta tener un carnal entre ellos y con las mujeres y el dinero. No digo más porque de elogios, merecidos y no,
está plagada su figura.
No exagero, créanme. Hay quienes aseguran que Germán Valdés es mejor que Mario Moreno porque éste último
fue asesor de Gustavo Díaz Ordaz, como si al ver una película hurgáramos en la convicción política de los actores para
juzgar su trabajo. Si ese fuera el caso, cualquiera diría que Ana Colchero es mejor actriz que Nicole Kidman, pero ese
cualquiera tendría serios aprietos para decidir entre Colchero y, digamos, Susan Sarandon. Sería un mal chiste pedirle que decida
en función de cuál de las dos ha participado en más marchas.
Como músicos los integrantes de la Maldita son muy buenos, pero como analistas políticos son... muy buenos
músicos. Creo que pasa lo mismo con Germán Valdés, con Mario Moreno y con Adalberto Martínez (ninguno se planteó, de
ninguna manera, la afrenta al poder). Y aquí, otra vez, falla lo políticamente correcto. Decidir al mejor cómico entre los tres es
algo así como decretar que Jaguares tiene más calidad que Maná o que Café Tacuba porque Saúl interpretó magistralmente
a Juan Gabriel y como ahora a todos nos gusta el hijo pródigo de Ciudad Juárez, entonces el veredicto es inapelable.
Puestas así las cosas creo que nadie puede decir qué película es mejor entre, pongamos,
El rey del barrio, Águila o
Sol y Baile mi rey. Las semejanzas son las de la época, en el tránsito del México rural al urbano se sitúa la historia de
un hombre ventajoso, dicharachero y poco dispuesto al trabajo, característica que, junto con la de mujeriego y besucón, es
la que más realza Germán Valdés (así es que, también en esta ocasión, se contradicen las almas políticamente correctas).
En aquellas cintas las singularidades de cada uno están en apogeo; en la primera, la consolidación del pachuco, en la
segunda la del lenguaje pícaro e irreverente y en la tercera la del habla del barrio urbano con todo y los recursos de la
sobrevivencia de los jodidos y su destrampe en el baile.
Con esos parámetros, nadie puede negar que
El beisbolista de Resortes es mucho mejor que
El mariachi desconocido, El quelite o
El médico de las locas. Se me podría decir que las tres son, sin embargo, mucho mejor que las de ficheras
de Adalberto Martínez, coincido en parte,
Pedro Navajas es mejor, pero en seguida les recuerdo a
Tintansón Crusoe, Chanoc contra el tigre y el
vampiro y Las tarántulas que, sin duda, casi son tan malas como
El barrendero, Si yo fuera diputado
y El patrullero 777 (escribo casi porque son insoportables los sermones de Cantinflas).
A los aduladores sin crítica de Germán Valdés no les concedo ni cuando dicen que, en todo caso, es el artista con
el nombre más largo. No es verdad, Germán Genaro Cipriano Valdés Castillo es superado por el músico poeta: Ángel
Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón Lara y Aguirre del Pino. O cuando dicen que es el actor
de teatro que más ha durado en una temporada; el mérito es de Olga Breeskin, con quien Genaro Castillo hizo su
penúltima película. Cuando me dicen que es el actor que más ha besado en pantalla a las mujeres, por cierto, las más hermosas de
la época, acepto y lo envidio: Lilia del Valle, Rosita Fornés, Marta Valdés, Lorena Velázquez y Ana Bertha Lepe, entre
otras (Uff, dos besucones en promedio por película dan 212).
Mi definición socialdemócrata no encuentra amparo en cómico alguno, ni siquiera en el multicitado. Pero eso sí,
sin los anteojos de la moda disfruto mucho a Tin Tan con y sin Tun Tun. Y tan tan.
Marco Levario Turcott