Fox gana rating, pierde en política
Javier Corral Jurado
El programa radiofónico sabatino del presidente Fox causa controversia. El uso de parodias donde se imita a personajes
de la política, en
spots que hacen las veces de cortes grabados dentro de la transmisión en vivo, ha tocado fibras
sensibles en el ámbito de la comunicación política y despertado irritación en por lo menos dos de sus aludidos, el jefe de
gobierno de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, y el diputado federal del PRI Eduardo Andrade Sánchez. En el primer caso, el escándalo ha sido mayúsculo y, a decir de los funcionarios del área de comunicación de
la Presidencia, no estaban enterados, por lo que tomaron "medidas correctivas" de inmediato: el joven productor
responsable fue despedido, el licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UAM, Ivo Gaytán.
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Foto: Jorge Claro/Contraluz |
En la madeja de la responsabilidad el hilo se rompió por lo más delgado, y por segunda ocasión en menos de un
año, el joven productor de programas de radio y televisión entre ellos
Blanco y Negro de MVS ha tenido que poner su
cabeza en asuntos en los cuales no necesariamente ha tenido la responsabilidad directa, aunque ahora se le acuse de
desleal, falta de profesionalismo y brincarse las trancas, en un innecesario como injusto linchamiento.
En México, cuando el gobierno no está dispuesto a explicar en un mínimo ejercicio de autocrítica sus errores
o equívocos se renuncia al funcionario más inmediato al asunto o, lo que es peor, cuando a una persona no se le puede vencer con ideas y argumentos se le descalifica moralmente, se le lincha. Quizá eso sea lo más injusto de este caso,
y a la vez, el ángulo más ligero del análisis.
Resuelto solidario con las causas de los linchados, no defiendo la falta de sensibilidad política del joven
ajusticiado, la poca supervisión del equipo y la falta de previsión de los responsables en el impacto comunicacional que genera
el espacio que producen, pero sí hago ver que, en estricto sentido, no fueron contratados para eso. Como lo confirmó
el siguiente programa de radio del sábado 10 de marzo.
Los productores, entre ellos Ivo Gaytán, fueron contratados para producir un programa al estilo y tono de la
política de imagen gubernamental de la Presidencia de la República, donde se privilegia la publicidad y la propaganda sobre
la comunicación social.
Siendo el presidente Fox un comunicador nato, y un acierto mantener ese programa y ampliarlo con invitados,
el enfoque ha virado y se ha desdeñado la posibilidad de convertirlo en un espacio de comunicación política, donde
se informe sobre las acciones y decisiones gubernamentales, el detalle de los propósitos, y formalizar o incluso iniciar
la discusión seria sobre nuestra agenda nacional. "Es un programa de variedades", como lo acepta el propio director
de la empresa que lo produce, Neurón Audio, en una entrevista con el periódico
Zócalo, que dirige Carlos Padilla y
se especializa en medios. "Para nosotros es una revista del presidente", "nosotros hicimos hincapié a la oficina de
Comunicación de la Presidencia que queríamos presentar a Fox como locutor, no como presidente".
La reportera de ese periódico, Claudia Segura, pregunta a Luis Roberto Márquez, "El Boy", director de producción
de la empresa: "¿Neurón Audio es una productora irreverente, lo es también con el presidente Fox? Nosotros sí
somos irreverentes contesta Márquez. Con él ha sido distinto, sí ha costado trabajo, nos impone mucho. Hay que
encontrar la cuadratura al círculo, ser irreverentes o ser frescos, para que se escuche mejor, sin ser unos desfachatados, o
agarrar de choteo al Presidente. Lo que pasa es que él mismo es una persona tan ligera, que ha sido relativamente
fácil conducirlo".
Con esta concepción, la Presidencia de la República contrató a la empresa. Qué bueno que exista interés y
búsqueda de transformación de los anquilosados y otrora tediosos espacios oficiales de radiodifusión, pero en la nueva
opción deberán enfrentar los riesgos y los problemas que significa una apuesta de esa naturaleza, esencialmente
mediática, donde se pondera más las reglas de producción que los contenidos.
Durante los dos últimos años de su gobierno, Ernesto Zedillo dedicó también las mañanas sabatinas para dirigir
un mensaje a la nación, en un programa de radio que en forma gratuita le ofreció la CIRT. Anodino como su estilo de
gobierno, insensible a los problemas reales del país y ausente de ejercicio autocrítico, el programa pasó inadvertido. Ni la
clase política priista lo escuchaba.
En efecto, el presidente Fox lo ha llevado al otro extremo, y muy rápido ha logrado capturar la atención de los
mismos medios en ese espacio radiofónico y ha conseguido una audiencia importante.
Sin ser propiamente uno de sus objetivos, la disputa por el
rating, no es tampoco desdeñable todo esfuerzo que
busque ensanchar el universo de radioescuchas. Lo importante de ese reto es no acudir a los mismos instrumentos y reglas
de producción con que se enfrenta la banalidad de muchos de nuestros programas de radio y de televisión. El Estado
no puede ni debe trivializar las discusiones de nuestros problemas nacionales.
Hay serios riesgos al tomar ese camino. Como los que he advertido frente a lo coloquial del lenguaje del
presidente Fox. Siendo un dato de frescura que puede acercarlo de una manera más directa y humana a sus conciudadanos,
desmitifi cando con esto la figura del presidencialismo, incluso sacarlo del acartonamiento, el abuso de esa estrategia puede
llevar a un riesgo mayor, que la investidura de esa institución se vulnere por la falta de respeto y, lo que es peor, se
demerite la seriedad y formalidad de la palabra presidencial.
Es un mal consejo al presidente Fox hacerle creer que se puede mantener la popularidad únicamente sobre la base
de los dichos, bien dichos, o cómicamente dichos, tiene cierta vida sin duda; pero los hechos nunca podrán ser
sustituidos en la tarea de gobierno como sí en la publicidad. Nadie se encumbró tanto por los medios como Carlos Salinas, y
nadie cayó tan pronto y tan súbitamente por éstos como él. Incluso sobre la base de reformas reales.
El estilo por el que se ha optado ocasionará más controversias, y no se corregirá con despidos. El problema está en
el fondo del planteamiento, porque sustituye rehén de las nuevas reglas mediáticas un valor fundamental de la
comunicación gubernamental, el respeto con que se han de expresar las instituciones y sus líderes. Si como dice el
propio productor, el Presidente es conducido a portarse como locutor y no como Presidente, y luego como imitador y no
como Presidente, los interlocutores del Presidente o cualquier auditorio tendrán el enorme problema de descifrar
cuándo tendrán frente a uno y cuándo al otro. No podemos desdoblar así una presencia tan importante como lo es la
del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.
En ese mismo estilo está la recurrencia a integrar a personajes del medio artístico televisivo a los actos y recorridos
del Presidente. Idolos del rating, a veces superficiales y a veces hasta dañinos, los nuevos invitados a la comitiva
aparecen como los elegidos para ser actores y testigos del caminar presidencial. Se ha sustituido a los escritores destacados
que ya muy pocos leen, por los comediantes; se ha reemplazado a los intelectuales, que las masas no conocen ni les
importan, por los catantes, los actores, los músicos y los futbolistas que muchos sí identifican.
El gobierno y su equipo de comunicación deben hacer un análisis muy serio de a dónde quieren llevar las cosas.
Fox no necesita más de lo que tiene porque posee lo fundamental y más importante que la popularidad: la legitimidad
de su mandato. Es el primero legítimo y legal.
Por lo demás, independientemente de la irracionalidad y demagogia con la que ha actuado López Obrador en el
caso del horario de verano, y del innegable resbalón del diputado Andrade, no se puede someter al escarnio público
o ridiculizar a ninguna persona, sean actores políticos o no, desde ningún programa de radio y televisión, mucho
menos desde los que son producidos por el gobierno y se supone deben obrar como ejemplos del respeto y apego a la ley.
Pierde el Estado en su papel de rectoría y vigilancia sobre contenidos en los medios de comunicación electrónica
de continuar esa actitud. Quizá se gane más audiencia, y se mantenga más meses la popularidad del presidente Fox,
pero la otra pérdida es brutal, pues es moral y política. Ojalá que se rectifique y se asuma con madurez nuestra visión
crítica sobre este asunto.