Información e inteligencia
Javier Solórzano Zinser
Puede ser que más de 80% de la información recabada por el Cisen sea construida con base en periódicos y revistas. Siempre ha sido así.
Hace algunos años, cuando inició el proceso de aniquilamiento, en aquel tiempo le llamaron transformación, de
lo poco que existía en materia de información para tomar decisiones en la Secretaría de Gobernación, el
mismísimo arquitecto del aniquilamiento lo reconoció: José Córdova Montoya dijo lo que hoy está de nuevo sobre la mesa
como novedad: la información del Cisen, señaló, o de las diferentes direcciones que le antecedieron, procede básicamente
de la prensa y las revistas. No existe la menor duda que el sistema era primitivo, por decir lo menos.
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Ilustración: Time |
Pero tampoco se debe sobrevalorar lo que se hacía en otros países. Quizá sólo en Estados Unidos, en lo que era la
Unión Soviética, y algunas naciones de Europa, los sistemas adquirían altos niveles de sofisticación. Sin embargo, es
evidente que si bien muchos de estos mecanismos eran efectivos, no lo eran necesariamente por su nivel de
profesionalización. Eran parte de una estructura intimidatoria y de corrupción de muchos gobiernos. Agencias como la CIA y la KGB
se nutrían de sus singulares agentes.
La información y los propios periodistas se han convertido en cualquier parte en instrumentos del conocimiento, y
lo más importante es que, a querer o no, en muchas ocasiones son las fuentes de información. Muchos sistemas
de información o inteligencia en que se base la seguridad nacional tienen a los medios y a los periodistas como
referente. Los sistemas, por llamarlo de alguna manera, utilizados en México han sido rudimentarios. La información y la
inteligencia han sido sinónimos de la ominosa actividad de espiar, de intentar irse en contra de los opositores, y en la
lucha interna del poder.
La información en manos de la Presidencia, la Secretaría de Gobernación y del Ejército han servido para que en
nombre del "Estado mexicano" se establezca la "fortaleza y seguridad de la sociedad". La información ha servido
fundamentalmente para los que estaban en el poder y el gobierno en turno. Cuando éstos se retiraban cada seis años para dejar
el paso a otro gobierno pero casi siempre a la misma clase política, buscaban a toda costa dejar cotos de poder para
no ser tocados y llevarse aquello que les afectaría. A la distancia, personajes como Fernando Gutiérrez Barrios adquieren
una interesante y crítica dimensión debido a que fue de los pocos que pudo jugar y hacerse útil para casi todos,
independientemente del gobierno en turno.
Se le requería porque conocía el complejo y sucio terreno que se necesitaba pisar para recabar la información
que, en apariencia, sirviera a quien estuviera en el gobierno. Fue un personaje que cruzó sexenios como muchos otros.
En particular, lo que llama la atención del veracruzano es que su actitud pública y privada lo convirtió en un mito del
cual nunca se supo a ciencia cierta lo que sabía y si lo que sabía lo había leído para después vivir en la "leyenda". En una
de ésas era un excelente lector de periódicos y revistas.
La Secretaría de Gobernación se la pasó durante muchos años recabando información a través de tres fuentes.
La primera es la prensa, por cierto, que nadie se diga sorprendido. La segunda son los llamados "orejas". La tercera
era a través de fuentes que intercambiaban información con otras dependencias, o por medio de mecanismos menores.
El trato de persona a persona, el "que se dice", o el simple chisme eran formas que sin duda resultaban útiles. Todo
era rudimentario, no hay que sobrevalorarlo. Frente a la Secretaría de Gobernación, en un edificio de la propia
dependencia, se estableció desde hace muchos años una oficina llena de telefonistas. Se la pasaban recibiendo llamadas de todo el
país vía los "orejas", contaban historias.
No era un secreto, más bien era un misterio y existía poca atención a este tipo de actividades. La credibilidad de la
fuente era algo menor. Muchos de los "orejas" contaban desde su muy peculiar manera lo que veían o les pedían. Las
historias y las decisiones se pueden imaginar. Los "orejas" eran obviamente fuentes menores cuando se revisaba la prensa
escrita. Lo que venía en diarios y revistas resultaba más atractivo de investigar o seguir que lo que hacían. En los 70 y 80 en
más de alguna universidad pública y privada no había asamblea donde no se hiciera referencia a los "orejas" o a los que
vienen de "Gobernación". No es casual que en los 80 se haya instrumentado en la llamada Dirección de Investigaciones
Políticas y Sociales un área dedicada exclusivamente al análisis de los medios.
Lo que se intentaba era dividir por sectores la información para que los funcionarios de la dependencia tuvieran
una especie de síntesis comentada. Los encargados del nuevo proyecto eran profesionales en el análisis de la información
y es evidente que el nivel de discusión se elevó y se tuvieron nuevas herramientas. Sin embargo, erradicar el trabajo
sucio era, quisiéramos suponer que ya no será, imposible. Sin él se daba desde la inseguridad hasta la paranoia por más
que los sistemas fueran rudimentarios. Eran útiles para lo que hacían y para echar a andar la maquinaria de la
intimidación y la violencia en contra de aquellos que se les llamaba "enemigos del régimen".
Los archivos y la información no sólo están en Gobernación. Está también, y quizá de manera más profesional, en
el Ejército. La acción en contra de la guerrilla en los 70 y 80 supone un trabajo de información e inteligencia más
acabado. No se debe menospreciar lo que se ha hecho por muchos años en el Cisen debido a que se ha sustentado en la
prensa escrita. Los corresponsales y la labor de los medios de los últimos años han sido fundamentales.
Todavía no se ha creado una estructura real de inteligencia e información que permita actuar a un Estado más
que a un gobierno. Las apantallantes instalaciones del Cisen, al sur de la ciudad, requieren de algo más que periódicos
y revistas. Es un asunto ético y debe partir de una nueva visión de la sociedad: tolerante, democrática y libre. Los
tiempos pasados sirvieron para perseguir, torturar e intimidar. Hoy no basta con ganar las elecciones. Hay que tomar el poder
y el control, y si en alguna área no se ha podido es en la relacionada con la información e inteligencia, fundamentos iniciales de la seguridad nacional.