En Brasil hay 480 opciones para estudiar comunicación
Jose Marques de Melo
La expansión de la universidad brasileña es un fenómeno típico de las tres últimas décadas del siglo XX. Durante
todo el periodo colonial, Brasil no tuvo centros de educación superior, y recurrió a las universidades europeas para la
formación de sus cuadros dirigentes.
Las primeras facultades se crearon en Brasil a principios del siglo XIX. Siguiendo el exitoso modelo de los
institutos politécnicos franceses, en éstas se titularon competentes médicos, ingenieros y abogados. En sus inicios, eran
espacios destinados a la transferencia de contenidos producidos en el extranjero. Pero poco a poco van apropiándose de
los conocimientos profesionales, reciclándolos y desarrollándolos en el territorio nacional.
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Foto: Baltazar González |
Las universidades caracterizadas como centros integrales de enseñanza e investigación que abarcan todos
los campos del conocimiento no serían creadas sino hasta la década de 1930. Debido a la presión por la demanda
del mercado abren inmediatamente sus puertas a las nuevas profesiones, incluso a aquellas que se ejercen en el seno de
las organizaciones mediáticas (periodismo y publicidad).
Las barreras ocupacionales
El establecimiento de los estudios de comunicación en las universidades brasileñas no se llevó a cabo con
tranquilidad. Algunas resistencias corporativas impidieron su rápida evolución, y los prejuicios intelectuales retardaron su
legitimación social.
Tradicionalmente, los profesionales del periodismo y de la publicidad provenían de dominios hegemónicos, como
la abogacía, la teología y la pedagogía, cuyos representantes, miembros de las familias aristocráticas, dificultaban
la creación de cursos destinados a formar especialistas en esta área.
Sus argumentos estaban basados en una falacia: para ejercer las profesiones mediáticas sólo eran necesarios
dos requisitos: tener vocación y cultura general. Su aprendizaje podía continuarse dentro de las mismas empresas
periodísticas, o en las agencias de publicidad.
Pero un empresario moderno, Cásper Líbero, se rebeló contra esa situación. Líbero, típico
selfmade man, que se hizo rico con la creación de una organización multimedia pionera en la ciudad de Sao Paulo, decidió crear una escuela
de periodismo. Inmediatamente después, publicistas apoyados por el magnate Assis Chateaubriand fundaron
la primera escuela de publicidad en Brasil.
Todo esto sucede a fines de los años 40 y comienzos de la década de los 50, cuando Brasil atraviesa por un
proceso de acelerado crecimiento industrial. La llegada de empresas extranjeras, productoras de bienes de consumo
doméstico para satisfacer las demandas del mercado interno, fortaleció el sistema mediático brasileño, el cual, a su vez, empezó
a requerir recursos humanos especializados, que el sistema universitario empieza a formar sistemáticamente.
Una expansión acelerada
A fines de la década de los 40, sólo había dos cursos universitarios de comunicación en el territorio brasileño: el
de una escuela privada en Sao Paulo, de inspiración católica, subsidiada por las empresas del Grupo Cásper Líbero, y el
de una escuela pública en Río de Janeiro, financiada por el gobierno federal, asesorada académicamente por la
élite profesional reunida en la Asociación Brasileña de Prensa (Associação Brasileira da Imprensa, ABI).
Este número se multiplica por cuatro en la década siguiente, llegando a ocho instituciones, que se distribuyen
abarcando otras regiones del país: Porto Alegre, Belo Horizonte, Salvador. El crecimiento continúa en los años 60, y
surgen 23 universidades que ofrecen carreras de comunicación. Ya no se limitan solamente a los campos del periodismo y
la publicidad, sino que incluyen otras áreas profesionales, como la cinematografía, las relaciones públicas y la
radiodifusión. Se crean entonces las primeras facultades de comunicación, entre ellas la de la Universidad de Brasilia, la de la
Universidad de Sao Paulo, y la de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul.
Paradójicamente, se produce el surgimiento de la dictadura, encabezada por los militares que derrocaron al
presidente electo João Goulart. A pesar de frenar la libertad de prensa en el país, la dictadura militar no impidió el crecimiento
del sistema académico, encaminado a la formación de comunicadores sociales. Esto ocurre gracias a la aprobación de
leyes federales que establecen que el ejercicio profesional en las áreas mediáticas estratégicas debe ser cubierto
solamente por los egresados de los cursos superiores de comunicación.
Un mercado asegurado
El campo de trabajo reservado a los comunicadores profesionales con diploma universitario coincide también con
la apertura a las empresas privadas del mercado de enseñanza superior. La proliferación de universidades particulares
en todo el territorio nacional favorece la creación de cursos en áreas profesionales carentes de recursos humanos calificados.
En los años 70 se incrementa el número de las facultades de comunicación social en 150%, en relación con las
cifras registradas en la década anterior. En esa coyuntura surgen los cursos de postgrado maestría y doctorado con
la finalidad de formar profesores-investigadores para impartir los cursos de licenciatura.
La comunicación deja de ser un campo exclusivamente profesional para convertirse en un área académica,
legitimada por el sistema nacional de fomento a la ciencia y la tecnología.
El boom de los años 90
En los años 80 este proceso se vio interrumpido. La transición de la dictadura militar hacia el régimen civil basado
en la Constitución de 1988 impone un control de calidad a las nuevas instituciones universitarias, frenando las
iniciativas novedosas en el mercado educacional.
Después de la reglamentación de la apertura de nuevos cursos, y de la denuncia del tráfico de influencias que
empañó el prestigio del antiguo Consejo Federal de Educación (CFE), el sector de la comunicación volvió a aumentar
significativamente en la década de los 90.
Se creó un sistema eficaz de evaluación de la capacidad instalada de los nuevos cursos, así como del
desempeño educativo de los cursos ya existentes, contando con la participación decisiva de la comunidad universitaria. El control
de este proceso fue ejercido por el Ministerio de Educación, que aprueba o desaprueba la creación de cursos y
universidades. Pero los parámetros son establecidos por la comunidad académica, y se revisan periódicamente por los medios
masivos de comunicación. La publicación de los
rankings anuales ha creado una cultura favorable a la conquista de la
excelencia académica. Además, ha influido positivamente en las opciones de los usuarios de ese mercado educativo.
Hoy existen, en total, cerca de 480 cursos de comunicación en Brasil: 444 bachilleratos, 26 de maestría y diez
de doctorado. Desde el punto de vista de la segmentación profesional, la distribución de los cursos de especialización es
la siguiente: publicidad y propaganda: 172; periodismo: 151; relaciones públicas: 66; radiofonía y televisión: 39; cine
y video: cinco; producción editorial: ocho; producción cultural: dos.
En los comienzos del siglo XXI, Brasil posee una comunidad académica en el ámbito de las ciencias de la
comunicación, calculada en 200 mil integrantes, de los cuales 192 mil son estudiantes de licenciatura y postgrado (maestría y
doctorado), y ocho mil, por lo menos, maestros-investigadores. En todo el país se publican cerca de 30 revistas impresas y
media docena de publicaciones electrónicas sobre temas de comunicación, tanto por iniciativa de las universidades como
por el esfuerzo de las asociaciones científicas de esta área.
Así, los nuevos conocimientos producidos por la comunidad académica están al alcance de los profesionales de
la comunicación, que trabajan dentro de los sistemas mediáticos o relacionados con los medios.