Nueva mirada desde los medios
Javier Solórzano Zinser
En la cultura de lo efímero y del olvido casi inmediato, parecen temas de mucho tiempo atrás, la visita del papa Juan Pablo II y la polémica desatada por la exhibición del interesante filme de Carlos Carrera, El crimen del padre Amaro.
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Foto: El País |
Hoy viven en el pasado dos historias que generaron movilizaciones de toda índole. La visita del papa fue ocasión
de un nuevo desbordamiento ciudadano por las calles de la capital. Los medios, quién si no, fueron el gran testigo y a
querer o no, un actor central. La televisión se encargó de seguir al papa por doquier y las manifestaciones verbales de
los conductores fueron desde la pasión desmedida, hasta los intentos de expresión mesurada, los cuales por cierto
fueron los menos.
La falta de reflexión sobre la vista papal fue en buena medida el signo de las transmisiones. A la breve distancia de
la visita, la televisión en particular, no puso empeño en buscar fórmulas que posibilitaran una visión de contexto de las
cosas, pues no sólo se requiere del conocimiento, sino que también existe una población que no necesariamente es
católica, y puede estar interesada en el tema. El paso papal vivió una adjetivación que por momentos rebasó incluso a la de
los partidos de futbol.
Es evidente que la prevalencia del catolicismo en la sociedad puso en guardia a los medios. Decir algo en contra
o insinuar la crítica es, quizá, poner en riesgo
ratings, credibilidad y, en una de esas, hacer enojar a algún anunciante.
La precaria salud papal difícilmente hará posible una nueva visita. Sin embargo, la experiencia debe servir para animarse
a discutir, sin duda con respeto, los asuntos de la Iglesia. La prensa escrita fue la que optó por una visión más amplia.
El beso del presidente Fox al anillo papal, por ejemplo, tuvo una expresión visualmente correcta, pero en pocos
espacios se abrió la discusión. No se trataba de la fe del Presidente, sino de las consecuencias del polémico acto. La pregunta
del día en algunos noticiarios fue la aproximación más seria.
Lo que se repitió como un fenómeno distintivo es que los medios no movieron sus estrategias, de no ser la
de producción técnica, en comparación con las cuatro visitas papales anteriores. La pelea por la audiencia fue feroz, y a
lo largo de los días de la estancia del papa, lo convirtió en un producto más de venta con todo y los buenos deseos de
algunos comentaristas. La visita papal confirmó en buena medida que la esperanza que generaba su presencia iba más allá
de la fe, para algunos era sinónimo de una gran comercialización. Si bien esta tendencia es inevitable como parte
del negocio de la televisión y la radio, pareciera que los excesos fueron el signo.
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Escena de El crimen del padre Amaro |
Días después apareció el insolente padre Amaro. La polémica sobre la película llevó a que la publicidad le
cayera auténticamente del cielo. No se pudo ofrecer mejor espacio para la promoción del filme que el que dio la propia
Iglesia católica. A Jorge Serrano Limón también tendrían que agradecerle los favores recibidos. Si bien la controversia
fue fundamentalmente tarea de los medios, lo cierto es que la película desató puntos de vista abiertamente
encontrados, y abrió un espacio nuevo e interesante en relación con el tema.
Los asuntos de la Iglesia están ya en los medios y
El crimen del padre Amaro muestra que mientras se traten a
través de los hombres, y no bajo el terreno del evangelio o de la fe, se pueden discutir y ver en la pantalla. Todos los temas
que en otro tiempo eran intocables, hoy la evolución del tiempo, la política y, por encima de todo, de la sociedad,
permite que sean cosa pública, como sin duda siempre debió haber sido. Es indudable que el peso y la influencia de los
hombres de la Iglesia obligan a que todo hoy se mire bajo una perspectiva diferente. La visita del papa y la
película El crimen del padre Amaro nos han dado una nueva mirada desde los medios. Todavía es tímida, pero estamos quizá ante el fin de
un tema tabú en los medios.