Mediocracia sin simplificaciones
José Carreño Carlón
Hay un campo de la comunicación donde, como en los otros que analizamos con más frecuencia en este espacio, se da también una competencia de estrategias, enfoques, énfasis, pasiones y alineamientos a corrientes de moda o a vertienes clásicas.
Es el campo de la investigación académica: otro verdadero campo de batalla, como caracterizó Bourdieu a los espacios y medios de comunicación.
Y como lo planteó Gene Burd hace una década respecto de la copiosa investigación académica acerca de la función atribuida a los medios de establecimiento o fijación de agenda (agenda-setting), el libro más reciente de Raúl Trejo Delarbre viene a confirmar, en términos más amplios, que la investigación sobre el poder de los medios (Mediocracia sin mediaciones, es el título) alcanza sus mejores expresiones cuando cuenta con bases empíricas manejadas con la mayor cautela.
Y cuando eclécticamente combina diversos métodos y diferentes disciplinas. Todos estos requisitos cumple con creces el trabajo de Raúl Trejo.
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Foto: Jorge Claro/ Contraluz |
Versión editorial del proyecto de investigación "Actores, escenarios y condiciones de la transición mexicana actual", llevado a cabo en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, y de la tesis del autor para acreditar el doctorado en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma Universidad Nacional, el resultado se apuntala con las aportaciones de métodos y disciplinas de la comunicación, la sociología, las ciencias políticas, la ética y las aportaciones normativas en los campos electoral y de la información. Y se asienta, adicionalmente, en sólidas bases empíricas cautelosamente interpretadas.
Por si fuera poco, el libro ofrece un cuidadoso cotejo de política y comunicación comparadas para informar el debate sobre la influencia de los medios en la competencia política.
Pero el libro parecería también ilustrar otro juego de fuerzas entre estrategias enfrentadas: la estrategia en retirada o francamente vencida de los instrumentos y los escenarios políticos tradicionales y la estrategia triunfante de los medios no sólo como espacios privilegiados
de mediación para dirimir la lucha política, sino como protagonistas centrales de
los procesos políticos, con agendas e intereses propios.
Ante la virtual inexistencia del estudio de los medios desde una perspectiva sociológica en nuestro país, el trabajo de Trejo Delarbre resulta fundador en varios sentidos.
Dentro del modelo de subordinación y de estrecha colusión de intereses que marcó la relación de los medios con el Estado postrevolucionario, difícilmente podría haber florecido en México el estudio de los medios a partir de sus relaciones con la sociedad.
Medios volcados a privilegiar su relación con el Estado, antes que con el mercado y la sociedad, propiciaron también una relación que se ha desenvuelto entre el desinterés académico respecto de la interrelación de los medios y la política y la fobia o el recelo de los medios referente al trabajo académico.
Respecto del desinterés académico, el autor destaca el vacío, hasta la última década de siglo, en el estudio del papel de los medios en los cambios políticos de México y América Latina y lo ilustra con la reflexión de Daniel Hallin en el sentido de que los trabajos sobre las transiciones democráticas en nuestra región no suelen decir nada acerca del peso de los medios en este proceso.
Mientras que la fobia de los detentadores y operadores tradicionales de los medios a la indagación académica
forma parte del rechazo a toda forma de escrutinio por parte de quienes saben mejor que nadie cuánto hay que ocultar en
una relación de los medios y el poder como la sustentada por décadas con el Estado mexicano. (Modelo de relación, por
cierto, prolongado hoy con un monopolio privado que parece imponer líneas de ataque a los competidores,
autohalagos, autodefensas y silencios cómplices con mayor eficiencia que los propios gobiernos postrevolucionarios autores
del modelo.)
De allí la novedad en nuestro país de un trabajo de sociología de los medios de comunicación.
De allí también las dificultades que hasta hoy prácticamente han impedido el desarrollo de la sociología de
las redacciones de los medios, particularmente los trabajos de observación participante allí donde se procesan las
decisiones a la vista de una cada vez más enredada maraña de intereses que integran el complejo burocrático empresarial de
la comunicación mexicana.
Es en este punto donde Raúl Trejo señala el reto para la investigación académica en materia de medios.
Porque, en efecto, de un cuarto de siglo a esta parte, en que el modelo histórico de subordinación
medios-gobierno entra en un lento proceso de extinción, acelerado en la última década, "quizá dice el autor no hay actores
sociales tan cambiantes como los medios de comunicación, cuyos rasgos formales y cuya influencia entre los públicos se
modifican o incrementan en forma constante".
Y es aquí donde la academia no ha acertado a indagar sobre la naturaleza de esos cambios; sobre los actores de
dentro de los medios, de los grupos de presión, de los espacios estatales y del entorno internacional que los diseñan
y promueven; sobre el lugar medios y géneros de la comunicación y zonas geográficas donde ocurren las mayores transformaciones, en fin, sobre qué tanto ha cambiado y en qué sentido la forma como los medios definen sus
agendas informativas y de opinión a la hora de incurrir, como apunta el autor, en "la complejidad de esos procesos en virtud
de los cuales los medios actúan para reforzar, propiciar o reorientar comportamientos específicos en grupos sociales".
Una cita del clásico viviente de la comunicación, Denis McQuail susceptible de leerse (como lo hace el autor)
como un mensaje de complacencia con los medios contra la demanda de establecer mecanismos de rendición de cuentas,
de éstos y sus operadores y beneficiarios resulta a la postre reveladora y demoledora para un diagnóstico de la
sociedad mexicana y sus asignaturas pendientes en el desarrollo de sus instituciones, hábitos y culturas democráticas y en
la maduración de un verdadero Estado democrático de derecho: el desempeño de los medios refleja las imperfecciones
de la sociedad tanto como sus propias fallas.
De qué tamaño tendríamos que preguntarnos serán las imperfecciones de nuestra sociedad a la vista de las
distorsiones, ausencias de rigor y de compromisos éticos que caracterizan las fallas cotidianas en el desempeño de los
medios mexicanos.
Otro valor del trabajo de Raúl Trejo radica en su cuidadoso alejamiento de lo que el citado Gene Burd llama el
riesgo "mediocéntrico" (mass
media-centric) "el enamoramiento excesivo del poder y los efectos exagerados de las
tecnologías mediáticas, así como la ingenua vinculación a una noción extendidamente racional de la naturaleza humana y el
mito de un objetivo interés
público".
El tema de los efectos de los medios en las definiciones políticas de los individuos y los grupos sociales recorre
la investigación del autor bajo una divisa compartida por los estudios más avanzados a escala internacional. Hoy en día,
las más realistas aproximaciones a este tema tienden a ver la vida política como una "ecología simbiótica" como la
llama el propio Burd de juegos que comprenden agendas sobrepuestas y en competencia, donde el de los medios es un
juego más con sus propias rutinas y sus propios rituales.
No hay un juego que en particular controle la escena, aunque la prensa sea, como escribió desde 1958 Norton
Long, una suerte de "cuarta rama del gobierno" y los medios "el primer jugador en establecer los temas de la agenda".
El contexto teórico en el cual Trejo Delarbre presenta los hallazgos cuantitativos de la investigación aleja a este
trabajo de un riesgo adicional, frecuente en este tipo de estudios: el de la precipitación de conclusiones simplificadoras
de realidades más complejas.
Por otra parte, este tipo de evaluación cuantitativa, en nuestro país, cumple una función que rebasa lo académico
y está llamado a cumplir un papel de supervisión de los medios en cuanto a sus sesgos y preferencias informativas en
la competencia política. La publicación de sus resultados, la exhibición de esos sesgos, se convierte en una sanción
que puede tener efectos en el mercado de las audiencias y, consecuentemente, de la publicidad, quizá un remedio
más efectivo que otros correctivos, una suerte de
soft law o de procurador del consumidor de medios, con veredictos
capaces de identificar las ofertas más engañosas en materia de información política.
Son muchas las aportaciones del libro al conocimiento actualizado de las relaciones de los medios con la vida
política. Los efectos de la videopolítica y el
marketing y la evolución de la prensa mexicana en los últimos 30 años son otras
ofertas enriquecedoras que dan marco a la medición del comportamiento de los medios en las elecciones de 1988, 1991,
1994, 1997 y 2000.
Una reflexión de José Ma. Torre recogida en el libro de Trejo Delarbre sobre si la tv es más efectiva para
destruir candidatos que para encumbrarlos y favorecerlos, ofrece un nuevo ángulo de análisis a la hipótesis sobre la
descomposición del modelo tradicional mexicano de relación de los medios y el poder. Según esta hipótesis el manejo de
este esquema de poder político por el actual y el anterior Presidente ha servido con mayor efectividad para destruir
los consensos existentes que para construir consensos en favor de sus respectivos proyectos gubernamentales.