Víctor Ugalde
Hace seis años Luis Estrada sorprendió al público con la excelente comedia política
La ley de Herodes, historia que puso a prueba por última vez al sistema corporativo priista con su crítica aguda y mordaz. Nos mostraba una historia
que se desarrollaba en la década de los 50 pero todo encajaba en el México del fin del siglo XX.
En su momento, los funcionarios gubernamentales la acusaron de ser una película perredista financiada con
dineros públicos del Imcine y se le trató de censurar en diversas ocasiones, intentos que afortunadamente no prosperaron.
Financiar este asunto sin haberlo visto y después no poder controlarlo le costó el puesto a Eduardo Amerena, entonces director
del Imcine.
Después de seis años, Luis Estrada y su guionista Jaime Sampietro vuelven a las pantallas con
Un mundo maravilloso, farsa cómica en la que reflexiona y parodia el mundo neoliberal. Ese mundo globalizado de la macroeconomía y
sus estadísticas exitosas que nos gobiernan desde hace más de 20 años. Y cuyos lamentables resultados saltan a la vista
para toda la población pero no para las clases dominantes.
Mundo inmundo en el que los políticos neoliberales se comunican en inglés a sus verdaderos patrones para
informarles que han combatido a la pobreza con números maravillosos y donde lo único que realmente les preocupa es lo que se
diga de ellos en los medios, pues sus comentarios pueden frenar su exitosa carrera política a la internacionalización tan
ansiada. Esta película es, también, una metáfora sobre la dictadura mediática que vivimos.
Cinta que a primera vista parece de fácil lectura, pero que en realidad está llena de guiños y referencias tanto
políticas como cinematográficas. Las más obvias son las primeras. ¿A quién se parece Antonio Serrano como ministro de
Economía cuando termina sus discursos con la frase: "Dios los bendiga"? ¿A quién Pedro Armendáriz, en un periódico
intemporal con teléfonos de los 50? ¿Quién pronunció tal o cual frase, como la que dio idea al título de la película? Las más
difíciles son las referencias y homenajes fílmicos, ¿quién reconocerá los guiños chaplinescos? ¿Quién las referencias al cine
italiano, desde el neorrealismo hasta Sucios, feos y
malos? ¿Quién se acuerda de Rosita la de Tin Tán?
Si no hablas inglés estás fuera del mundo maravilloso. Donde se come tres veces al día, te puedes bañar y usar
ropa limpia y hasta puedes tener una casa tipo americano en algún fraccionamiento lejano. Si eres pobre serás sucio,
feo, borracho, ignorante, estúpido y malo. Dos mundos que Luis junta irónicamente por el rumbo de Santa Fe.
Cinta crítica que nos muestra a través de la vida de Juan Pérez la esencia del neoliberalismo, que es la marginación
de los que no tienen poder adquisitivo, pero que en el fondo reproduce los miedos y los prejuicios de la clase media y
alta contra los desheredados del neoliberalismo: casi 60 millones de mexicanos. Masa informe que sólo destaca cuando
los medios los usan como objeto de noticia. En este caso, Damián Alcázar que por protegerse de la lluvia se mete a un
edificio y al esconderse del vigilante termina en la cornisa y lo confunden con un suicida. El periódico
El Mercurio hace de él una víctima del sistema. Sólo para ser seducido por el secretario, quien para lavar su imagen, lo compra por unos
miserables pesos. Otra circunstancia favorable le permite volver a ser noticia y en esta ocasión Juan Pueblo ya aprendió la lección
y se vende más caro. Es cooptado por el sistema. Método que aprenden y le copian de inmediato los desheredados de
sus compadres, sólo para enterarse que las segundas partes ya no son noticias ni cooptables. Ahora la institución
económica pasa a la represión y para dar un ejemplo hunde a Pérez en la cárcel mediante un complot manipulado con la fuerza
del gobierno. De inmediato se persigue a los pobres mediante leyes discriminatorias, por ejemplo: ¿quieres circular todos
los días, cómprate un coche nuevo? ¿Tienes coche, paga tenencia y verificación o no circulas? Medidas que proscriben
la pobreza sin dar alternativas. Lo que provoca la desesperación y hacen surgir el deseo de venganza social: la
violencia reaccionaria. La justicia por la propia mano que sólo provoca un gobierno más autoritario. Círculo neoliberal que sólo
se podrá echar abajo con la revolución social, pero esto ya no se plantea en el filme porque no hay personajes que
promuevan la esperanza.
Como hace seis años, Estrada analiza y provoca al poder en turno, pero en esta ocasión no muerden el anzuelo
para publicitar gratuitamente su película. La Iglesia no protesta, a través de A favor de lo mejor, Provida o la Unión de
Padres de Familia, porque se le muestra hipócrita al no proteger ni defender a los menesterosos y los reprime con la figura
de dios. Los funcionarios fílmicos la apoyaron para su realización y los de la clasificación gubernamental tampoco caen y
la autorizan sin mayores problemas. Al final el público tiene la última palabra.