El Times e Irak
En el transcurso de este año este periódico analizó en retrospectiva las decisiones que llevaron a Estados Unidos
a intervenir en Irak. Hemos examinado los errores de la inteligencia estadounidense y aliada, y hemos estudiado las
acusaciones de credulidad y tendencia a la exageración oficiales. Ya habíamos tardado en hacer lo mismo con nosotros.
Al hacerlo, revisando cientos de notas escritas antes de la guerra y en la primera fase de la ocupación, encontramos
una enorme cantidad de periodismo del que estamos orgullosos. En la mayoría de los casos, lo que reportamos fue un
reflejo fiel de nuestro estado de conocimiento en ese momento, mucho del cual fue cuidadosamente extraído de agencias
de inteligencia, éstas mismas dependientes de una información imprecisa. Y donde estos artículos incluían
información incompleta o acentuaban una dirección equivocada, fueron alcanzados más tarde por más y más fuerte información.
Es así como la cobertura noticiosa se desarrolla normalmente.
Sin embargo, hemos encontrado varios ejemplos de una cobertura que no fue lo rigurosa que debía haber sido.
En algunos casos, información que era controvertida entonces, y parece cuestionable ahora, fue insuficientemente
cuestionada. Mirando hacia atrás, deseamos haber sido más enérgicos en reexaminar las demandas como nueva evidencia
surgida o que no pudo surgir.
Los reportajes con problemas variaron en autoría y temática, pero muchos compartían algo en común: dependían
al menos en parte de información procedente de un círculo de informantes, desertores y exiliados iraquíes, partidarios de
un cambio de régimen en ese país, gente cuya credibilidad ha sido motivo de un debate creciente en las últimas semanas.
(El más prominente, Ahmed Chalabi, ha sido fuente ocasional de notas del
NYT desde al menos 1991, y ha presentado a
otros exiliados a los reporteros. Se convirtió en favorito de los elementos de línea dura de la administración Bush.)
Las historias de estos exiliados eran a menudo confirmadas por funcionarios estadounidenses convencidos de la
necesidad de intervenir en Irak, que ahora reconocen que en ocasiones recibieron información tergiversada de estas
fuentes. Lo mismo pasó con algunas organizaciones noticiosas, particularmente ésta.
Algunos críticos de nuestra cobertura en esos momentos enfocaron la culpabilidad en reporteros individuales.
Sin embargo, nuestro análisis indica que el problema es mucho más complicado. Los editores debieron cuestionar a
los reporteros y demandar más escepticismo antes de mandar a imprimir las notas. Artículos basados en terribles relatos
acerca de Irak tendieron a obtener una exhibición notable, mientras que los artículos que hacían un seguimiento y
cuestionaban a los artículos originales eran algunas veces minimizados. En algunos casos no había seguimiento alguno.
El 26 de octubre y el 8 de noviembre de 2001, por ejemplo, en reportaje de primera plana se cita a desertores
iraquíes que se refieren a un campo secreto en Irak donde eran entrenados terroristas y se fabricaban armas de destrucción
masiva. Estas historias nunca fueron confirmadas.
El 20 de diciembre de 2001 otra nota de primera plana señalaba que "un desertor iraquí dijo que personalmente
trabajó en la renovación de instalaciones secretas para armas biológicas y químicas". La semana pasada se informó que
este desertor fue llevado por funcionarios estadounidenses a Irak a principios de año para que señalara los sitios, pero no
se encontraron evidencias. Aún es posible que se encuentren armas químicas o biológicas en Irak, pero parece que en
este caso, nosotros, junto con la administración, fuimos engañados. Y hasta ahora no habíamos informado de ello a
nuestros lectores.
El 8 de septiembre de 2002, la cabeza del artículo principal del
Times señalaba: "EU dice que Hussein intensificó
su cruzada para conseguir partes de la bomba atómica". Esos reportes se referían a los tubos de aluminio que la
administración (Bush) anunció insistentemente como componentes para la manufactura de combustible para armas nucleares. El
anuncio vino no de desertores, sino de las mejores fuentes de inteligencia estadounidense disponibles en ese momento.
Sin embargo, ésto debió ser presentado con más cuidado. Había indicios de que la utilidad de los tubos de aluminio para
fabricar combustible nuclear no estaba asegurada, pero los indicios fueron ocultados profundamente, mil 700 palabras en
un artículo de tres mil 600. Oficiales del gobierno fueron autorizados para sostener por mucho tiempo el porqué esta
evidencia de las intenciones nucleares de Irak demandaba que Saddam Hussein fuera removido del poder. "El primer signo de
un 'arma humeante', argumentaron, puede ser una nube en forma de hongo".
Cinco días más tarde, los reporteros del
Times tuvieron conocimiento que en efecto los tubos eran objeto de debate
entre las agencias de inteligencia. Las dudas aparecieron profundamente en un artículo de la página A-13, debajo de
un encabezado que no daba sospechas para revisar nuestro primer enfoque ("La Casa Blanca enlista los pasos de Irak
para construir armas prohibidas"). The Times
dio voz a los escépticos de los tubos el 9 de enero, cuando la pieza clave de
la evidencia fue cambiada por la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Este cambio fue reportado en la página
A-10; éste pudo haber estado mejor en la primera plana.
Otra nota, publicada el 21 de abril de 2003, señalaba que "un científico que aseguró haber trabajado en el
programa de armas químicas iraquí por más de una década dijo a un equipo del ejército estadounidense que Irak destruyó
armas químicas y biológicas días antes de que empezara la guerra". El tono del reportaje sugería que este "científico" iraquí,
quien en una nota posterior se describiría como oficial de inteligencia militar, había ofrecido la justificación que Estados
Unidos buscaba para la invasión.
El Times nunca dio seguimiento a la veracidad de esta fuente o a los esfuerzos por corroborar sus afirmaciones.
Una muestra de la cobertura, incluyendo los artículos mencionados aquí, está en línea en nytimes.com/critique.
Los lectores podrán encontrar también una detallada discusión escrita para
The New York Review of Books el último mes,
por Michael Gordon, corresponsal de asuntos militares de
The Times, acerca del reporte de los tubos de aluminio.
Respondiendo a la crítica de la revisión de la cobertura de Irak, su declaración podría servir como un manual de las complejidades de
tales reportes de inteligencia.
Consideramos que la historia sobre las armas de Irak y el patrón de desinformación son un asunto inconcluso. Y
tenemos la plena intención de seguir realizando enérgicos reportajes con el objetivo de aclarar las cosas.
Editorial tomado de The New York Times, 26 de mayo de 2004. Traducción: Laura Islas Reyes