Nuevos espacios en América Latina
Jose Marques de Melo
El desarrollo científico y tecnológico logró figurar en la agenda política de los países de América Latina a partir de
la década de los 50. Este hecho partió de las iniciativas de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, Ciencia y Cultura). Pese a estar asentada en París, esa agencia internacional se mantiene ligada a las demandas
civilizatorias de los países más pobres. Y los motivó a superar su subdesarrollo.
En esa coyuntura, ya se evidenciaba que la moneda de cambio de la nueva economía sería el conocimiento
innovador. Recursos naturales y humanos no bastaban para acceder al progreso. Era necesario investigar, ensanchando las
fronteras del saber.
Esta tarea fue asumida prioritariamente por las universidades. Allí se creaba conocimiento básico. Pero
también surgieron institutos de investigación aplicada, forjados y subsidiados por los Estados nacionales. Las empresas
privadas sólo tardíamente comenzaron a participar en ese proceso de acumulación cognoscitiva.
Divulgación científica
En la medida en que los científicos latinoamericanos se alineaban con sus colegas de los países más
desarrollados, rechazando investigaciones y validando métodos de análisis, la sociedad comenzó a obtener resultados.
Por ello, algunos investigadores se sintieron en la obligación de democratizar el conocimiento monopolizado por
la academia, compartiéndolo con los sectores más instruidos de sus comunidades. Así justificaban las inversiones
estatales, preservando el espacio de la investigación avanzada.
Este proceso ganó mayor amplitud con la expansión de la red escolar. Las nuevas generaciones demandaban
informaciones científicas más actualizadas que aquellas difundidas por los colegios.
Sensibles a tales demandas colectivas, los medios de difusión comenzaron a abrir espacios para hacer cotidianas
las crónicas de las nuevas investigaciones hechas en las universidades. Ese fue el gancho que permitió la consolidación
del periodismo científico en todo el continente, el cual se extiende más conforme aumentan las oportunidades
nacionales de investigación y de crecimiento de la población estudiantil.
Periódicos, revistas, estaciones de radio y televisión incluyen en sus espacios noticiosos los hechos relacionados
con el mundo de la ciencia, ya sea divulgando conocimientos nuevos, ya sea fortaleciendo los mitos intelectuales que
las sociedades modernas van construyendo.
Avances en los medios de difusión
Los productores de información especializada en ciencia y tecnología constituyen un segmento con identidad
propia dentro de la corporación periodística. Ellos están agrupados en asociaciones nacionales de periodismo científico y, a
su vez, conforman una entidad más amplia, de naturaleza iberoamericana. Esta sociedad posee miembros esparcidos
por toda la América de habla española y portuguesa, amén de los troncos ibéricos España y Portugal.
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Foto: El País |
Periódicamente sus agremiados se reúnen para intercambiar experiencias, actualizando los métodos de
trabajo empleados. Tales reuniones se han venido organizando desde 1974, cuando sus participantes se congregaron
por primera vez en Caracas, Venezuela. En 1977 se reunieron en Madrid, España, repitiendo el encuentro en la ciudad
de México en 1979.
Brasil fue sede de ese coloquio profesional en 1982. El encuentro fue dedicado a José Reis, reconociéndolo
como pionero; este periodista de gran prestigio nacional se ha desempeñado, paralelamente, como investigador
científico, vinculado al Instituto Científico de Sao Paulo.
Presidente-fundador de la Asociación Brasileña de Periodismo Científico, José Reis también ocupó el cargo de
presidente de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC, cuya revista
Ciencia y Cultura editó durante
varios años).
Su columna "Periscopio" aparece desde hace décadas en la edición dominical de la
Folha de Sao Paulo, atrayendo la atención de los lectores por su capacidad para resumir hechos científicos relevantes, siempre de manera crítica,
agradable e ilustrativa. Desempeñándose así llegó a ser paradigma internacional del periodismo científico.
Exclusión cognoscitiva
Los participantes de esa cofradía iberoamericana volvieron a reunirse en 1990 en Valencia, España, y en 1996 en
la ciudad de Santiago, Chile. El último encuentro fue realizado en noviembre de 2000, en la ciudad de Morón, que
forma parte del complejo metropolitano de Buenos Aires.
Haciendo recuento de los avances conquistados por el periodismo científico en el último cuarto de siglo, los
congresistas de Morón no dudaron en proclamar la ampliación de los espacios en los medios de difusión dedicados a la
ciencia y la tecnología. Comentaron principalmente las fronteras abiertas por los medios electrónicos, aunque el territorio
más fértil continúa siendo la prensa. Además de la cobertura garantizada en las secciones principales de los periódicos
diarios, tales hechos encuentran mejor acogida en los suplementos semanarios, dedicados a lectores específicos. Del
mismo modo, las revistas quincenales o mensuales proliferan, procurando abarcar todas las demandas de conocimiento
especializado.
Incluso reconociendo estas conquistas, los periodistas científicos reunidos en Argentina lamentaron la
exclusión cognoscitiva de que es víctima la mayoría de la población latinoamericana. Sin tener derecho a una escolaridad de
buena calidad, grandes segmentos de nuestra sociedad están impedidos de asimilar las noticias y reportajes sobre ciencia
y científicos. Justamente porque les falta el referencial mediador. En este sentido, el mayor desafío del siglo XXI para
esa categoría consiste en la "alfabetización científica" de los ciudadanos que cursaron la escuela, aprendieron a leer y
a escribir y, sin embargo, no se tornaron usuarios de la escritura y de la lectura.
Ejemplo a seguir
Como ocurrió en Sao Paulo en 1982, el Congreso de Morón, el año pasado, fue dedicado a homenajear a
una personalidad emblemática del periodismo científico. Se trata de Manuel Calvo Hernando, durante varios años editor
de la sección científica del periódico
Ya de Madrid.
Autor de más de una docena de libros sobre la teoría y práctica del periodismo científico, Calvo Hernando fue
profesor de varias generaciones de reporteros y editores latinoamericanos. Su presencia en las universidades de la región ha
sido una constante, desde que fue invitado por primera vez, en 1965, para desempeñarse como catedrático del
CIESPAL (Centro Interamericano de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina) en Quito, Ecuador.
Al cumplir 77 años de edad, Manuel Calvo Hernando dio una lección de gran humildad intelectual. Pese a tener
un gran conocimiento en el área del periodismo científico y siendo fuente legitimada por la bibliografía internacional,
quiso ser reconocido por la academia. Para ello, se inscribió en el programa de doctorado en Ciencias de la
Comunicación de la Universidad de San Pablo, en Madrid. Allí presentó una tesis, a fines del año pasado, bajo la tutoría del
investigador francés Pierre Fayard (Universidad de Poitiers).
Su tesis doctoral será en breve transformada en libro, diseminando conocimientos útiles para quienes
pretendan iniciarse en la práctica del periodismo científico. Con todo, su mayor significación está contenida en las
reflexiones teóricas que el maestro español sistematizó sobre la experiencia de varias generaciones de divulgadores científicos iberoamericanos.
Jose Marques de Melo es titular de la Cátedra Unesco en la Universidad Metodista de Sao Paulo, Brasil, donde dirige el postgrado en Comunicación Social. En julio pasado fue electo miembro del Comité Jurídico de la International Association for Media and Comunication.
Traducción: Luis Ramón Bustos.