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Jorge Carpizo  No son la realidad


 Los medios deben subordinarse al Estado de derecho

 Jorge Carpizo

A. Los medios de comunicación masiva constituyen uno de los subtipos del poder ideológico.

Un poder no debe ser ilimitado o absoluto. En la historia, cuando aquél ha existido, ha avasallado las libertades y derechos fundamentales de los individuos quienes se convierten en objetos.

En consecuencia, si el poder es un fenómeno indispensable a la existencia de la sociedad, para que le sea benéfico, ha de tener límites y respetar los derechos fundamentales de los individuos. La lucha por limitar el poder corre paralela a la lucha por el reconocimiento de los derechos naturales de las personas, por el respeto pleno ­en la terminología de nuestros días­ de los derechos humanos.

Son los monarcómanos quienes se plantean en el siglo XVI que el pueblo tiene el derecho a la resistencia y a la revolución si el monarca rebasa ciertos límites jurídico-naturales. La literatura al respecto es muy abundante, destaco un párrafo de Francois Hotman que es paradigma de esa importante corriente doctrinal: "... Los franceses tuvieron, por consiguiente, siempre reyes..., y éstos se comportaban como autores y protectores de la libertad; cuando elegían reyes, no los encumbraban allí para que fueran tiranos o verdugos, sino para que fueran sus gobernantes, sus tutores, guardianes y defensores de su libertad...".

El Estado liberal es el Estado limitado, no es absoluto y no lo es porque existen derechos naturales del hombre que son los que establecen las barreras a su actuación. Es Estado limitado porque es un Estado de derecho, entendiendo por éste aquél donde una Constitución crea los poderes públicos y les señala sus funciones, y si ellos se exceden en sus atribuciones constitucionales y legales existen los procedimientos para que el individuo pueda recurrir el acto ante un juez imparcial.

B. Apliquemos dichas ideas a los medios de comunicación que luchan en diversos países porque sus actividades no estén reguladas jurídicamente con la bandera que respecto de aquéllas la mejor ley es la que no existe. Es decir, desean que el Estado de derecho sea inexistente para ellos; anhelan no tener ningún límite para convertir la libertad en libertinaje y avasallar así las libertades de los demás a quienes se transforma realmente en objetos, a quienes también se les quiere suprimir su derecho a defenderse y poder acudir ante un juez a proteger ese derecho.

Algunos grandes empresarios de los medios quieren el poder absoluto como el que detentaron algunos reyes y emperadores: a) persiguen estar situados encima de la ley, princeps legibus solutus; b) ser completamente irresponsables, pues desean que sus actos no se puedan impugnar jurídicamente; c) que su voluntad sea la única ley y las libertades de los demás se subordinen a la suya; d) hacer valer los derechos humanos como escudo a su arbitrariedad pero hay desprecio y aversión a los derechos humanos de los demás individuos.

Así como los reyes justificaban su poder absoluto en el derecho divino, algunos medios quieren justificar el suyo en la libertad de expresión a la cual desfiguran y pervierten para defender su "absolutismo". La libertad de expresión es un derecho fundamental de especial importancia al que siempre se debe defender, pero la libertad de expresión no es ­como he afirmado en otra ocasión­ derecho a mentir; no es sinónimo de difamación y calumnia; no es derecho a desdibujar, alterar o maquillar la realidad; no es derecho a confundir a la audiencia; no es el avasallamiento de los otros derechos humanos; no es sustitución de los tribunales; no es derecho a crear nuevas inquisiciones.

La libertad de expresión no puede ser la lanza para quebrar el Estado de derecho: para la inexistencia de la norma y, en consecuencia, para el libertinaje y el ejercicio real de un poder casi absoluto.

La libertad de expresión también debe ser armonizada y compatibilizada con los otros derechos humanos. Es la idea que Kant expresó: la libertad de cada uno no debe ser restringida más allá de lo que es necesario para asegurar una libertad igual a todos. O, en otras palabras, es el mismo pensamiento de Karl Popper al afirmar que la paradoja de la libertad ilimitada es que ella conduce a la dominación del más fuerte.

En un Estado de derecho nadie está por encima de la ley; nadie es irresponsable de sus actos y todo individuo tiene la facultad de defenderse jurídicamente.

En la actualidad, en diversos países, los medios de comunicación masiva persiguen avasallar el Estado de derecho para preservar sus privilegios. Sin embargo, así como el poder absoluto de los reyes se fue acotando en defensa de la dignidad humana y de los derechos humanos, así el poder casi absoluto de los medios se irá acotando en defensa del Estado de
derecho.

Con mayor frecuencia, en los países más democráticos, se legisla sobre los más diversos aspectos de los medios; cada día más los individuos afectados recurren a los tribunales; cada día más queda clara la percepción de que no puede existir un poder irresponsable e ilimitado; cada día más se exige de los medios una actitud ética y jurídicamente responsable.

C. Mi criterio al respecto es muy claro: los medios masivos deben estar subordinados al Estado de derecho, a la ley. Para ello debe existir una legislación que al mismo tiempo que garantice la libertad de expresión y el derecho a la información los compatibilice con los otros derechos humanos. La existencia de una legislación que precise los derechos, facultades, obligaciones y responsabilidades de los medios de comunicación es indispensable.

Los poderes absolutos o casi absolutos han caído frente al anhelo de libertad de los hombres. No existe duda alguna de que la lucha por subordinar los medios al Estado de derecho se está dando y triunfará. En la historia, a corto, mediano o largo plazo, la libertad siempre triunfa.

D. El poder de los medios ha venido aumentando, especialmente en las últimas décadas con la radio, el cine, la televisión, la computadora y las telecomunicaciones.

Los medios deben proporcionar la información, la noticia, no crearlas ni matizarlas, menos transformarlas de acuerdo con sus intereses. Los medios deben dar a conocer la realidad con objetividad; nunca deben olvidar que no son la realidad.

Sin embargo, resulta por demás interesante compulsar en una nación, en una región o en una ciudad, cómo diversos medios presentan la misma noticia; a menudo pareciera que no se trata de una sino de diversas noticias de acuerdo con el número de medios y de su particular tendencia ideológica, de los intereses de los dueños y directivos de la empresa del medio y de la perspectiva del jefe de redacción. Por ello, para ser confiables, los medios deben tener necesariamente parámetros éticos reales y no cortinas de humo como son los documentos que contienen reglas éticas pero que no se cumplen; al contrario, pareciera que han sido escritas para que se conozca lo que no acontece en el devenir cotidiano del medio. Al final de cuentas es la hipocresía en su máximo refinamiento y sutileza.

En consecuencia, la noticia y la información ­por los parámetros éticos que deben regir su transmisión­ no son una mercancía más, comprable y vendible, que aporta ganancias económicas y políticas, que puede ser muy cara porque incluso con ella se puede llegar al chantaje. La noticia y la información, además, tienen un contenido de interés público y social, ético, educativo, formativo y cultural que no puede quedar al solo arbitrio de la ley de la oferta y la demanda o subordinada a intereses de persona o grupo alguno.

Alain Minc afirma que el sistema mediático produce una concentración de poder tal ­que comparada con la acumulación primitiva del capital, a la cual se refirió Marx­ esta última resulta un chiste.

Sin embargo, los medios hoy en día son indispensables a la sociedad y al sistema democrático.

E. Se habla de los medios como un cuarto poder ­adicional al Legislativo, Ejecutivo y Judicial­ lo cual no es técnicamente correcto porque no son de carácter político sino ideológico. Tampoco es correcto hablar de los medios como un contrapoder, porque son realmente un poder que en el juego y rejuego de los diversos poderes en una sociedad se equilibran entre sí a través de pesos y contrapesos que se derivan del orden jurídico y de la fuerza e influencia de cada poder en esa sociedad que al final de cuentas debe expresarse dentro del marco de las normas jurídicas.

Es a través de los medios ­y este es un elemento en su favor­ que la sociedad se entera de situaciones graves que de otra forma le pasarían inadvertidas: escándalos financieros; financiamiento ilegal a los partidos políticos; fortunas inexplicables; casos de corrupción política y económica, etcétera.

Los medios de comunicación masiva son un poder ­y no un contrapoder­ que luchan por la preeminencia entre ellos, por subordinar a los otros poderes, especialmente al político y al económico. En casi todos los países democráticos, los medios se han fortalecido en las últimas décadas; su concentración, su fuerza económica, su impacto en la sociedad y en su agenda y su casi total irresponsabilidad los colocan en una situación privilegiada en el marco de los pesos y contrapesos entre los diversos poderes que existen en una sociedad determinada.



Jorge Carpizo es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
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