Las ciencias de la comunicación
en la universidad brasileña
Jose Marques de Melo
El año 2001 fue marcado, en la universidad brasileña, por el avance de las ciencias de la comunicación. Se trata de
un área consolidada que logró autonomía académica.
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Facultad de Comunicación de Porto Alegre |
Su presencia en nuestro campus data de finales de la década de los 40, cuando se crearon los primeros cursos
de periodismo en Sao Paulo y Río de Janeiro. Sin embargo, el área comunicacional solamente adquirió fisonomía
definida en los años 60, al implementarse las primeras facultades de comunicación en Brasilia y Porto Alegre. En éstas se
incluyeron otros segmentos profesionales, aparte del periodismo, como publicidad, relaciones públicas, cine, edición,
radio-televisión.
Durante mucho tiempo las carreras de comunicación gravitaron en torno de disciplinas conexas. Los primeros
cursos de periodismo fueron incluidos en las carreras de Letras y de Literatura. A su vez, las escuelas pioneras de
comunicación se nutrieron intelectualmente de los paradigmas de las ciencias sociales.
Los años 90 trajeron consigo un parteaguas en la historia de la comunidad académica de la comunicación.
Reconocido como segmento de las ciencias sociales aplicadas por las agencias nacionales de fomento científico (CAPES, CNPq,
FINEP), el campo comunicacional fue inducido a definir sus propios parámetros. Se trataba de un imperativo de
sobrevivencia institucional, de acuerdo con las reglas que marcan el funcionamiento de la comunidad académica internacional,
que Brasil viene asimilando creativamente desde hace medio siglo.
La reciente homologación de nuevas directrices curriculares en el área comunicacional por el Ministerio de
Educación representa un nuevo escalón de esa emergente área del conocimiento. Están allí enunciados los principios que
demarcan nuestra fisonomía académica teniendo a los medios como territorio convergente y a la cultura como eje orientador.
Desfase persistente
El gran desafío al cual se enfrentan los profesores brasileños del área comunicacional es, sin duda, la
sintonización que debe ser establecida entre los graduados (licenciados en periodismo, relaciones públicas, publicidad y
propaganda, cinematografía, radiodifusión, edición, etcétera) y los postgraduados (maestría y doctorado en ciencias de la
comunicación).
Para corresponder a la demanda de profesores calificados en las diferentes áreas comunicacionales en una
coyuntura en que el sistema educativo brasileño exige titulación de postgrado en la respectiva área del conocimiento se espera
que los cursos de maestría y doctorado hagan los ajustes requeridos por la sociedad.
Se trata, además, de una cuestión apropiadamente agendada por el coordinador del Area de Ciencias
Sociales Aplicadas de la Fundación CAPES (órgano del Ministerio de Educación responsable de la planeación y evaluación de
los postgrados), Wilson Gomes (UFBA). En el documento que divulgó por Internet en octubre del 2001 justificando los criterios adoptados por la evaluación trienal del área, menciona que el desfase entre el postgrado y la licenciatura es
una distorsión del primer segmento, y que debe ser corregido a corto plazo.
Identidad comunicacional
Uno de los criterios que orientó la evaluación de los programas nacionales de postgrado en comunicación en el
trienio 1998-2000 fue justamente lo pertinente de sus proyectos de enseñanza e investigación en relación con la
naturaleza académica del campo comunicacional. Algunos de los programas históricos que descendieron en la escala de
evaluación incidían en la adopción de perfiles intelectuales distanciados de los soportes, géneros y formatos
comunicacionales, denotando fisonomía amorfa, indefinida o fragmentada.
Lo que el CAPES recomienda a todas las áreas del conocimiento es la búsqueda de indicadores capaces de
consolidar la identidad académica de cada una de éstas, justamente por la expectativa de colaboración interdisciplinaria y
de intercambios entre segmentos académicos afines.
Del mismo modo que el periodismo superó, al inicio de los años 60, su dependencia histórica de la literatura, las
nuevas ciencias de la comunicación necesitan ir más allá de la fase de reboquismo académico en relación con las ciencias sociales.
Las disciplinas que integran ese nuevo y promisorio campo del saber continúan beneficiándose de los
conocimientos que producen la sociología y la antropología, la economía política y la psicología social, respecto de los
fenómenos mediáticos. Especialmente cuando se analizan las relaciones socio-culturales establecidas entre los medios y las
instituciones comunitarias de base, como la familia, la Iglesia y las asociaciones civiles.
Pero ellas no pueden continuar dependiendo de los estudios que son típicos de aquellas ciencias ya establecidas.
Su meta es producir conocimientos aplicados, capaces de mejorar el desempeño de las industrias mediáticas y de
los profesionales que en ellas laboran.
Valerse del arsenal de las ciencias sociales, de las ciencias del lenguaje, de las humanidades, de las artes y de
las tecnologías, convirtiéndolo en productos innovadores y creativos, que serán difundidos a través de las industrias mediáticas.
El talón de Aquiles de nuestros cursos de postgrado en comunicación radica en el distanciamiento que algunos
de éstos mantienen en relación con los medios, generalmente tomándolos apenas como pretexto para críticas de forma
y contenido, muy al estilo de los paradigmas heredados de las escuelas europeas. Al reducirse a esa crítica por la
crítica, pierden credibilidad pública y carecen de reconocimiento dentro de la comunidad académica.
Nuevos conocimientos
El compromiso que debe ser asumido por los programas de postgrado es el de nutrir a los cursos de licenciatura
de recursos humanos competentes para formar nuevas generaciones de comunicadores profesionales capaces de
transformar el pobre panorama de nuestras industrias mediáticas.
Cabe particularmente a los cursos de doctorado hacer avanzar la investigación de los objetos
comunicacionales, implementando nuevos formatos y creando nuevos estilos, con el propósito de superar nuestra dependencia de
los paradigmas exportados por las industrias globales.
Se trata de una investigación que no se limita al proceso de producción y emisión, suslenguajes, contenidos y
flujo. Debe incorporar las demandas de los sectores populares, por medio de amplios estudios de receptividad,
funcionando como instancias retroalimentadoras de las decisiones de los productores industriales.
Estos casi siempre son prisioneros de los análisis reduccionistas que se limitan a los boletines del IBOPE o a las
síntesis de conferencias. Por eso, los lanzamientos de nuestras industrias mediáticas repiten fórmulas estereotipadas,
incapaces de dar cuenta de las nuevas exigencias de un público que crece y alcanza niveles intelectuales más elevados.
La sociedad espera que los científicos de la comunicación cumplan su papel, rompiendo el círculo vicioso de
producción-consumo, de igual manera que nuestros científicos de la salud diagnostican las enfermedades que flagelan a
la población brasileña, experimentando procesos curativos eficaces.
Ampliación de fronteras
Para dar consistencia a este proceso innovador se torna indispensable la producción de libros de texto
(manuales, antologías y tratados) destinados a respaldar la enseñanza-aprendizaje en los cursos de licenciatura. Nuestros
estudiantes de licenciatura continúan valiéndose de soportes didácticos importados. Basan sus conocimientos profesionales
en realidades que nos son ajenas y en nociones culturales distintas de aquellas que orientan la vida cotidiana de
nuestro pueblo, tanto en el ambiente de trabajo como en el familiar.
Eso significa que la comunidad académica de comunicación necesita romper también el aislamiento que la
mantiene amurallada en el ámbito de la propia universidad. Amén de ejercitar el diálogo con sus colegas de otras regiones
del territorio nacional o de las disciplinas conexas, precisa socializar los conocimientos que produce con los empresarios
y profesionales de las industrias mediáticas.
Se trata de una estrategia que puede, incluso, redundar en beneficios institucionales. Como los recursos públicos
para la investigación científica se tornan escasos y competidos, esa alianza con el sistema productivo puede abrir
líneas adicionales para el financiamiento de investigación de punta. O generar oportunidades para investigaciones
experimentales, no siempre contempladas por los institutos de investigación que actúan en el mercado.
El mayor desafío continúa siendo aquel del intercambio internacional. Vivimos en una comunidad científica
globalizada, sustentada en la legitimación teórica o metodológica de los jóvenes investigadores en el reconocimiento que logran conquistar frente a los liderazgos extranacionales.
Del mismo modo que nuestra industria mediática conquista espacios en los mercados mundiales, debemos
incrementar la participación de nuestros investigadores de postgrado en los encuentros de la comunidad académica del área.
Los congresos periódicos de la Asociación Nacional de Estudios e Investigación sobre Información y
Comunicación (AIERI), Asociación Internacional de Comunicación (ICA), Asociación Iberoamericana de Comunicación (IBERCOM) y la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) constituyen excelentes oportunidades
para superar las limitaciones del provincianismo nacionalista.