Brozo ha entendido el país donde vive
Javier Solórzano Zinser
Se empieza a convertir en un referente. A pesar de que las mañanas son preponderantemente radiofónicas en
todo el país, es evidente que Víctor Trujillo se ha ido transformando en una de las alternativas reales para acercarse a
la televisión. A través de Canal 40, Brozo y su equipo no se esfuerzan en lo más mínimo para ser como son y, en
particular, para seguir en la línea propia de Brozo. La forma de dar noticias ha evolucionado; sin embargo, la alternativa que ofrece El mañanero es atractiva porque se adecua con frescura a los tiempos en los que se pretende vivir.
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Brozo |
No hay duda que la radio se ha metido en el país con mayor fuerza que la televisión. Las razones son muchas.
Pero han sido algunos hechos concretos los que han generado en el público una mayor atención, y quizá también
mayor credibilidad. Con todo, la tele sigue siendo hoy una especie de hoyo negro por el cual pasa el público; no se sabe
bien a bien lo que piensa y prefiere. La tele, según recientes datos sobre consumo, está cada vez más presente en la
sociedad mexicana. Puede ser creíble por la falta de referentes, pero tiene que llevar a efecto movimientos rápidos y efectivos
que permitan a la audiencia tener una cercanía más allá de lo trivial.
No hay que perder de vista que los medios electrónicos han cimentado su existencia en el sentido de lo
"divertido". Mientras estas fórmulas no evolucionen será difícil que los propios medios cumplan funciones diferentes. Sin
embargo, tampoco es algo fatal. La sociedad busca con toda lógica que sus momentos de descanso vayan de la mano de
lo "divertido". Pero es evidente que este concepto tiene una gran cantidad de variantes. Lo "bobalicón" no es
divertido. Al contrario. Es su oposición natural, aunque sea lo que prevalece. El "pastelazo" ha cambiado en forma pero no
en esencia. Pocos garbanzos de a libra. El caso de Andrés Bustamante y Víctor Trujillo ejemplifica con claridad que las
cosas en la tele pueden tener formas nuevas de lo "divertido".
Víctor Trujillo ha conectado dos difíciles áreas: la de lo "divertido" y las noticias. Mucha gente piensa que Brozo
se excede. Todo depende. Pero lo importante es la actitud que asume ante el público y deriva en que la audiencia
sienta que del otro lado está alguien con quien se puede compartir o no lo que se dice, pero lo hace con absoluta libertad
al opinar y sumando lo que mejor hace: "jugar". Desde que está en la televisión ha ido ensanchando su audiencia.
Personaje que pasa por su programa sabe que "corre un riesgo". No existen contemplaciones y la informalidad hace que el
público sume una gran cantidad de sentimientos encontrados. Desde los relacionados con el "¿cómo es posible?", hasta el
"se lo merece". Brozo ha logrado reunir entre su público desde los que disfrutan su sentido del humor y sus gracejadas,
hasta a aquellos que lo siguen por sus opiniones y su constante ironía sobre la vida política, económica y social del país.
¿A qué se debe la atención y el buen paso de
El mañanero?
No hay duda que Brozo ha entendido el país donde vive y en el cual quiere vivir. A esto hay que agregar que los
noticiarios que se transmiten a la misma hora en los otros canales no han logrado hacer algo diferente de lo que se viene haciendo desde hace ya muchos años. La fórmula de
El mañanero tiene la irreverencia, signo distintivo de Víctor
Trujillo, pero también la visión analítica de las cosas, aunque en algunos casos todo se vea en los excesos. Es preferible para
una sociedad como la nuestra una actitud de esta índole, que aquella que se reprime y se frena por los temores o
limitaciones, que en otro tiempo eran sinónimos de censura y autocensura. Las ironías sobre Diódoro Carrasco, Martha
Sahagún, Norberto Rivera, el presidente Fox, los Salinas, López Obrador, empiezan a convertirse en clásicas, y lo más
importante para la emisión es cuando se convierten en parte de las conversaciones en la calle, hecho que confirma el peso que
va adquiriendo el programa. Que se cuide el que pase por enfrente, o aquel que se deje.
Sin embargo, Brozo debe tener cuidado con papeles evitables como el "tira netas" y la tentación de
actitudes mesiánicas. Esto es lo que de manera inteligente ha sabido criticar, pero en lo que a veces cae. Por momentos se
deja llevar, diríamos que hasta con cierta lógica, por actitudes que lo hacen perder frescura y su actitud de juego en la
cual fundamenta sus mejores momentos. Brozo habla como la gente que lo ve, tiene que ver con la gente que lo ve, se
burla de lo que la gente quiere que se burlen, asombra a su público con una actitud ingeniosa e irrespetuosa, juega a
la incultura siendo culto.
El mañanero se ha convertido en una opción porque muy probablemente el público está ya harto de la formalidad
y de la visión y actitud de eterna trascendencia de todo tipo de noticiarios. Pero lo más importante es que la
televisión se esté permitiendo estas opciones, pues el peso de lo que se hace y dice hace que crezca aún más. La tele ha vivido
en el rezago, pero con El mañanero le apuesta a una nueva fórmula que recuerda al equipo de Imevisión de finales de
los años 80. Da la impresión que finalmente la razón por la cual
El mañanero se ha convertido en un referente es
también porque Brozo, a través de Víctor Trujillo, actúa como es en la vida: es al fin y al cabo un hombre de carne y hueso y
un pedazo de pescuezo, y nunca deja de serlo.