Antes espiaban, ahora leen periódicos
Hermenegildo Castro
El aparato de inteligencia del gobierno es numeroso, caro y secreto, pero como la inteligencia le falla... la compra a particulares. O sea: el Cisen gasta tres mil 608 millones de pesos y emplea casi tres mil personas pero, a la hora de la verdad, contrata servicios de análisis a empresas privadas, como GEA, que elabora los estudios de prospectiva por 160 mil pesos al año.
A pesar de su debilidad como aparato de inteligencia, el Cisen es un territorio de disputa entre grupos políticos, la cual oculta los cuestionamientos sobre la confiabilidad de sus análisis y la calidad de sus fuentes.
La pugna
Creado el 13 de febrero de 1989 mediante modificaciones al Reglamento Interior de la Secretaría de Gobernación,
el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) sustituyó a la
Dirección General de Investigación y Seguridad
Nacional (DGISN), la cual era, hasta 1985, la temible Dirección Federal de Seguridad. Hoy el control
de ese aparato, considerado la bestia negra del pasado,
está en disputa.
El pleito, en primer lugar, es por el control del presupuesto. No hay poder sin dinero. En segundo, el control de
la información, que tampoco se consigue sin dinero.
El Cisen cuenta con un presupuesto de tres mil 608 millones de pesos para el área de política interior, la más
importante de sus funciones. Tiene cerca de tres
mil empleados y trabajadores bajo la dirección de Eduardo Medina-Mora Icaza,
quien trabajó diez de sus 43 años de vida para el grupo Desc como responsable del análisis macroeconómico.
El bocado, en términos de salarios, es apetitoso: mil 619 millones de pesos para "servicios personales" en el
programa normal de operación y 725 millones de pesos para la administración de recursos humanos, materiales y financieros.
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Adolfo Aguilar Zinser Foto: Gregorio Cortés |
El Cisen tiene, por un lado, un aspirante a la dirección general, Adolfo Aguilar Zinser, ex vocero de
Cuauhtémoc Cárdenas; y, por otro,
un aspirante a director a control remoto, Jorge Tello
Peón, ratificado por el gobierno naciente
como subsecretario de Seguridad Pública.
Aguilar Zinser, consejero de Seguridad Nacional,
manda solamente sobre 14 empleados y colaboradores, pero
tiene muchos amigos con los que está en deuda política. Sus declaraciones y la forma como se atribuye funciones han
irritado no sólo a la clase política panista, sino también a los diputados del PRI y PRD.
Por ejemplo, sin contar la célebre declaración de que sólo tres hombres coordinan el gabinete, desmentida categóricamente por la Presidencia, Aguilar Zinser emplea el siguiente tono, como si fuera el director del Cisen: "El
Cisen está sujeto a una revisión y evaluación...
vamos a rediseñar las operaciones de inteligencia del
Estado mexicano... con estos criterios vamos a formular la Ley de Seguridad Nacional, la Ley de Inteligencia, la Ley de Transparencia y de Acceso a
la Información Pública..." (entrevista en la revista
Proceso, 14 de febrero, 2001).
En el gobierno, Santiago Creel, secretario de Gobernación, ve invadidas sus atribuciones por Aguilar Zinser. Son tan evidentes los excesos, que algunos diputados como el priista Manuel Añorve y el perredista Miguel Barbosa, en una reunión de la Comisión de Gobernación y Seguridad Pública, desconocieron como interlocutor a Aguilar Zinser y ahora tratan directamente con Creel los asuntos de seguridad nacional y política interna.
Por otra parte, Tello Peón, en opinión de quienes conocen su trayectoria,
no necesita puestos ni reflectores para influir en la marcha del Cisen, pues los principales cuadros del organismo de inteligencia se formaron bajo su cuidado.
Tello Peón empezó su carrera como analista político al lado de Jorge Carrillo Olea en Astilleros Unidos de Veracruz en 1980. Nueve años después fue nombrado
director de Servicios Ténicos del Cisen, escalando posteriormente a la dirección general, donde resistió cuatro secretarios de Gobernación. En 1999 fue ascendido a subsecretario de Seguridad
Pública, que entonces dependía de Gobernación y hoy pertenece a la Secretaría de Seguridad que encabeza Alejandro Gertz Manero.
Los tentáculos de Tello Peón también se extienden en la Procuraduría General de la República; pero los aspirantes parecen pasar por alto que el poder cada vez se centraliza más en la Secretaría de Gobernación que, a pesar de las reformas y las propuestas de campaña, vuelve a ser la entidad más poderosa después de la Presidencia de la República.
Las fuentes y los costos
La disputa oculta dos aspectos: por un parte, la
ausencia de una definición de seguridad nacional y, por otra, la
calidad de la información generada por el Cisen.
Los expertos están de acuerdo con el primer aspecto: la seguridad nacional fue víctima de notables confusiones.
Por ejemplo, sostiene Raúl Benítez Manaut, investigador de la UNAM, "confundió la seguridad de la nación con la del
Estado, el gobierno y la figura del presidente. La consecuencia fue la inseguridad. También se confundió seguridad nacional
con seguridad interna y gobernabilidad, por eso se dirigió desde la Secretaría de Gobernación".
Por otro lado, poco se sabe de la calidad, la confiabilidad, la oportunidad y la precisión de los informes del Cisen
cuyas fotocopias, según un informe del primer trimestre, tienen un costo de tres millones 202 mil pesos, pero
seguramente generan tantas dudas que obligan a contratar estudios y análisis de instituciones serias, privadas o académicas.
Hasta ahora, la práctica más común del Cisen ha sido las reiteradas e
intencionadas filtraciones, que en una
época favorecen a una persona o institución y en otra,
para emparejar, la perjudican en su honra y patrimonio. Por ejemplo,
la revista Nexos recibió a mediados de los 80
un sobre con informes de la Dirección Federal de Seguridad
sobre la guerrilla, mismos que publicó en junio de 1998. En febrero de este año, en contrapartida, fue objeto de una serie de
imputaciones difamatorias, aparentemente generadas por el Cisen.
Con el nuevo gobierno, la agenda de seguridad nacional del Cisen se ha hecho
pública y comprende, por orden de importancia,
narcotráfico, grupos subversivos y organizaciones afines, crimen
organizado, seguridad pública,
corrupción, terrorismo internacional, proliferación
armamentista, ingobernabilidad, estabilidad económica
y desigualdad social, entre otras.
En caso de que sean ciertas las afirmaciones
gubernamentales en el sentido de que se abandonaron
prácticas del pasado infiltración en grupos disidentes, fotografías clandestinas,
intervención telefónica, vigilancia de
personas la principal fuente para cumplir su objetivo estaría en los periódicos y revistas, área donde se gastan 716 mil 788 pesos.
Estaría además en los servicios informativos de las agencias Reuters, Efe, Afp, Notimex, Ap, por los que eroga
unos 400 mil pesos más. Así, podría cumplir su programa de elaborar cinco mil 478 informes para audiencias,
reuniones, acuerdos y giras de trabajo "de la Secretaría de Gobernación", aunque, por norma, el director general del Cisen
debe informar única y exclusivamente al secretario.
Cumpliría con su
programa para, con un costo de 33 millones 234 mil pesos,
elaborar 50 propuestas para promover el desarrollo político del país. Asimismo, tendría
información para los 200 "documentos para la toma de
decisiones que incidan en la definición de las estrategias y acciones gubernamentales dentro del proceso de reforma política del Estado".
Por si esas tareas no pudieran cumplirse con recortes de prensa, hay al menos una en la cual no tendría
pretexto para fallar: el "índice de cumplimiento de las
líneas de acción estratégica de comunicación social
gubernamental" para el cual cuentan, además de los salarios, con 37 millones de pesos.
Pero para no equivocarse e ir a la segura, o quizá simplemente por desconfianza, la dirección del Cisen contrató
los servicios del Grupo Economistas Asociados
(GEA) para que, por 160 mil pesos, le elaborara los "escenarios políticos
2001-2003, cambio y gobernabilidad". No podría objetarse que lo haya hecho por adjudicación directa, el 5 de marzo
pasado, pues está dentro de la norma. También parece parte de la norma que en el aparato de inteligencia haya escasez de la misma.