Cambios parciales al día de la prensa en Sinaloa
Dorangélica de la Rocha
La sobriedad con que el gobierno de la República conmemoró el Día de la Libertad de Expresión el pasado 7
de junio también marcó en Sinaloa el inicio de nuevas costumbres al respecto: la entrega del Premio Sinaloa
de Periodismo se realizó en un acto sobrio, con poca asistencia, a diferencia de otros años cuando se organizaba
un desayuno con mariachis y tríos al que asistían cerca de mil personas, la mayoría de las cuales eran
funcionarios públicos y sus familias, jefes de prensa y, en menor medida, periodistas venidos de todo el estado.
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Foto: Gregorio Cortés |
El giro de 360 grados que sufrió el formato del acto del 7 de junio tuvo sus motivaciones. Un gremio
inconforme año tras año con el fallo del jurado calificador, que puso en riesgo incluso la vigencia del Premio Sinaloa
de Periodismo; y la división entre las asociaciones de periodistas, cuyos dirigentes competían en la ceremonia del
Día de la Libertad de Expresión para ver quién era capaz de pronunciar un discurso más golpeador contra las
autoridades locales.
Sin embargo esta ocasión, a diferencia de otros años, el gremio no se dividió. Se unificó en torno a un
reclamo: ¿por qué el gobierno suspendió el desayuno?
En esos cambios que impulsó el gobierno de Sinaloa incluyó la conformación de un jurado externo para
definir a los ganadores del Premio Sinaloa de Periodismo. A diferencia de otros años cuando el jurado se integraba
con directivos de los diferentes medios informativos, esta vez se conformó un jurado mixto con tres periodistas de
la capital del país y dos locales.
La queja común fue en el sentido de que un jurado casero daba origen a una repartición de los premios, más
que a una selección atendiendo criterios de calidad editorial. El resultado de esos certámenes era un cúmulo
de inconformidades, envidias y celos.
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Foto: Bernardo Moncada |
Al conocerse los nombres de los periodistas que integrarían el jurado mixto, nadie protestó ni manifestó
inconformidad. El periódico
Noroeste, eterno inconforme pero cuyos reporteros siempre recogían sus premios, se
atuvo a la nueva modalidad del certamen: esta vez los trabajos concursantes debían ser inscritos por sus autores. La
orden en ese diario fue no participar, aunque esta medida sólo pudo abarcar a los empleados, mas no a los
colaboradores de esa empresa periodística.
Finalmente, una vez conocidos los resultados, las inconformidades brotaron nuevamente. Incluso de parte
de aquellos que inscribieron trabajos a concurso. Es decir, que como no ganaron premio, entonces el jurado
estuvo manipulado. Pero, ¿qué dirían esos periodistas si el jurado los hubiera determinado ganadores? ¿Se
hubieran quejado igual? ¿Hubieran criticado la honestidad del jurado?
Esta nueva experiencia demostró que la inconformidad será eterna, así traigan un jurado de otro planeta.
Cambios de forma
El 7 de junio de 1999 nació en Sinaloa una nueva organización de periodistas: la Asociación de Periodistas
y Comunicadores 7 de Junio. Producto de un rompimiento en el seno de la vieja Asociación de Periodistas de
Sinaloa (APS), a partir de entonces ambos organismos compiten en protagonismos, porque hasta hoy los logros
alcanzados por sus dirigentes han sido pocos, debido en parte a la apatía del gremio por participar en las actividades y
por impulsar su propia superación.
Dentro de esa competencia por sobresalir, durante el acostumbrado desayuno del Día de la Libertad de
Expresión del año pasado, luego de la entrega del Premio Sinaloa de Periodismo 2000, los líderes de ambas organizaciones aprovecharon el micrófono para criticar la cerrazón oficial a la información y para cuestionar y poner en duda
la libertad de expresión en Sinaloa.
Este año, el gobierno de Sinaloa tomó sus precauciones, pues excluyó la participación de los dirigentes de
las tres asociaciones existentes una tercera es de mujeres comunicadoras y de esa forma evitó quedar en medio
de esa lluvia de palabras que buscaban el impacto, el "apantalle". Sólo intervinieron la coordinadora de
Comunicación Social, Rosa del Carmen Lizárraga; un representante de los galardonados, Víctor Torres, y el gobernador Juan Millán.
La ceremonia fue sobria, casi académica, en el Salón de Gobernadores de la Unidad Administrativa. Antes
se desarrollaba en un gran salón de fiestas con una comilona de asistencia impresionante: un desayuno de alta
cocina, vinos tintos, blancos y rosados, postre y mariachis y tríos amenizaban. El ahorro económico debió ser considerable.
Esta vez quienes comieron con el gobernador fueron únicamente los galardonados, ni siquiera sus parejas o
sus familiares.
Sin embargo, la sobriedad del gobierno estatal fue recompensada por otros actores políticos. El Congreso
del estado de mayoría priista calmó los ánimos de los periodistas de Culiacán al ofrecer una suculenta comida a
base de mariscos, carnes rojas y bebidas al por mayor. La asistencia fue mayúscula y esta vez eran sólo periodistas,
aunque 95% de ellos jamás se hubieran ocupado de alguna información relacionada con el Poder Legislativo.
Premios a destajo
Dentro de las infaltables inconformidades derivadas del Premio Sinaloa de Periodismo, esta vez se sumó el
hecho de que el jurado calificador haya declarado desiertos dos géneros: fotografía e imagen televisiva.
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Foto: Raúl Ramírez M. |
Sin embargo, la Asociación de Periodistas y Comunicadores 7 de Junio no quiso dejar triste a nadie y otorgó
a diestra y siniestra una serie de diplomas. Todos los fotógrafos y los camarógrafos recibieron esa condecoración.
Y para no extrañar su acostumbrada declaración del Día de la Libertad de Expresión, en el mismo desayuno
donde reconoció a los fotógrafos y camarógrafos más destacados (es decir, a todos) el presidente de este organismo
le puso nombre y apellidos a aquellos funcionarios alérgicos a la prensa: el procurador de Justicia, el secretario
de Desarrollo Económico, el delegado de la PGR, el delegado del IMSS.
Es decir, hubo de armarse un rompecabezas para compensar la forma como el gobierno de Sinaloa celebraba
a los periodistas cada 7 de junio.
En resumen, el cambio está llegando también a la provincia. Quizá el próximo año al gobernador de
Sinaloa tampoco le interese estar de viaje el 7 de junio, como ocurrió con el presidente Vicente Fox que ese día se
hallaba en Japón.
Eso, obviamente, si es que se mantiene esa fecha, porque en esta entidad ya se vislumbra también cambiar
la celebración al 3 de mayo, en caso de que el gobierno de la República tome esa decisión.
Por otra parte, la Coordinación de Comunicación Social del gobierno del estado recoge la idea de que el
Premio Sinaloa de Periodismo sea autónomo, así como se propone que lo sea el Premio Nacional de Periodismo. ¿Se
le dejaría a las universidades? Quién sabe; pero en Sinaloa hay interés en que lo otorgue una instancia autónoma.
Los periodistas estarían de acuerdo. Esto, si el premio continúa vigente.
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¿Nuevo Premio Nacional?
La declaración del secretario de Gobernación, Santiago Creel, hecha el 7 de junio pasado en torno a
modificar el Premio Nacional de Periodismo tuvo poco eco. El titular de Gobernación manifestó que el de este año fue el
último premio que otorga el gobierno pues, dijo, debe ser el gremio periodístico, junto con las instituciones de
educación superior y los sectores relacionados los que a partir de sus propuestas transformen dicho premio con la
necesaria reforma a la Ley General de Premios, Estímulos y Recompensas Civiles. También sugirió modificar la fecha, para
que a partir de 2002 se lleve a cabo el 3 de mayo, que es cuando la ONU conmemora la libertad de prensa.
Ese día, El Universal publicó un desplegado suscrito por varios directores de periódicos que conforman la
Asociación de Editores de los Estados donde solicitan al Poder Ejecutivo "proceda a formular una iniciativa de ley
que reforme la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas vigente, de tal suerte que se deroguen la Fracción V del
Artículo 6, así como el capítulo IX de la Ley de referencia, relativos al 'Premio Nacional de Periodismo y de
Información'. Asimismo, exhortamos a los integrantes del Congreso de la Unión para que hagan causa común con esta
iniciativa que se inscribe en la contribución de una relación sana y transparente entre el Estado y la prensa para bien
de México".
Dos semanas después de ese acto, no se había informado sobre avance alguno de dicha iniciativa.