La gran farsa
El Premio Nacional de Periodismo es una farsa que, como sugiere la primera acepción del término, inició con
la representación de una comedia: la iniciativa presidencial del 25 de noviembre de 2001 que montó la tarima
ciudadana y diluyó ese incentivo como reconocimiento de Estado.
Farsa, también en el segundo sentido del término. Una pieza cómica que subraya el carácter ciudadano del
premio cuando el presidente del consejo es Alejandro García Gamboa quien, al menos formalmente, también preside a
la CIRT.
Farsa en su tercer significado como compañía de simuladores aunque, en este caso, no lo son todos; pero al
menos cuatro sí:
El presidente de la industria que distorsiona la información relacionada con la iniciativa de Ley Federal de
Radio y Televisión y que además presiona, amenaza y descalifica a sus promotores.
El presidente del jurado que asumió el cargo el 14 de febrero. Sergio Sarmiento es el titular de un programa
que promueve la venta de entrevistas a un costo de 161 mil 749 pesos más IVA, como lo publicó
etcétera en la edición pasada. Él se negó a responder a la pregunta de cuáles son los patrones éticos en los que sustenta lo que,
según nosotros, es un fraude en realidad.
El director general de la CIRT, por si no bastara con la presidencia del consejo de García Gamboa, es
también miembro del jurado. César Hernández Espejo es funcionario de los industriales del ramo desde hace 17 años.
Con esa función, en 2000, firmó la circular que instruía a los concesionarios a no transmitir los mensajes
institucionales del IFE, además de que afirma que la actual Ley Federal de Radio y Televisión es vigente y que las radios
comunitarias deben cerrarse.
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Otro integrante de los dictaminadores es Issa Luna Pla, vicepresidente de la Asociación Civil Libertad
Información México (LIMAC). El 21 de febrero pasado renunciaron a su Consejo Consultivo 13 periodistas al considerar que
los fines de LIMAC, que preside Ernesto Villanueva, han sido desvirtuados además de que no fueron enterados,
"y mucho menos consultados para la definición de los planes, programas y acciones de diverso tipo que la
Asociación ha realizado y en los que se han manejado importantes cantidades de dinero". (Vea el desplegado completo
en nuestra página electrónica.)
El Premio Nacional de Periodismo es una farsa también en la cuarta y última definición del término. Una
obra grotesca montada para aparentar y engañar: durante la convocatoria al reconocimiento, el 15 de febrero,
Alejandro García Gamboa habló de autonomía, imparcialidad y pluralidad.