A nadie beneficia la desconfianza a los medios
Jorge Carpizo
A. En la historia de la humanidad no hay poder absoluto o ilimitado que perdure para siempre. El hombre busca,
tiende y lucha por su libertad. En las democracias más avanzadas se legisla sobre medios masivos para precisar sus
derechos, libertades y obligaciones. Lo mismo acontecerá con aquellos países, entre los cuales se encuentra México, que están
en la retaguardia en este aspecto.
A nadie le conviene, ni a los propios medios, que éstos laboren en la indefinición jurídica, la cual trae como
consecuencia confusión, incertidumbre y riesgos de toda índole.
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Foto: Newsweek |
Prueba de lo anterior es un editorial reciente de una revista argentina especializada en medios masivos y que se
titula "La culpa de todo la tienen los medios", el cual trata de ser equilibrado respecto de las características negativas y
positivas de aquéllos. Sin embargo, con franqueza y valentía expone: "La culpa de todo la tienen los medios"; "ahora,
todos quieren aparecer en los medios"; "los medios transforman la realidad"; "si no estás en los medios no existís";
"ahora cualquiera trabaja en los medios"; "los medios especulan con el dolor y las miserias humanas"; "recurrí a los
medios porque la justicia no me daba respuestas"; "nadie quiere quedar mal con los medios"; "los medios no son el cuarto
poder, son el primero"; "yo le creo más a los medios que al resto de las instituciones"; "no le creo nada a los medios, todo
lo hacen por el
rating". Estas y muchas otras situaciones demuestran distintas experiencias y sensaciones de la
gente respecto de los medios.
Constátese que las ideas negativas hacia los medios son más numerosas que las positivas, y están recogidas en
un editorial, no de un crítico de los medios, sino de una revista especializada en ellos.
A nadie beneficia que exista escepticismo y desconfianza respecto de los medios porque ello sólo contribuye
a enrarecer la atmósfera social y a exacerbar la desconfianza. A todos beneficia que los medios gocen de prestigio
y credibilidad. Para lograrlo se necesitan medios masivos con sentido de responsabilidad social y ética, con pleno
respeto al Estado de derecho y a los derechos humanos de las personas que habitan el país.
B. En diversas naciones, los medios masivos desean otorgar garantías a sus lectores y auditorios de que trabajan
con honestidad y responsabilidad éticas. Con ese objetivo crean autocontroles controles impuestos por el propio medio
y uno de ellos son los códigos o decálogos éticos. También existen esos códigos expedidos por asociaciones nacionales
de periodistas.
Adam Michnik, una de las grandes figuras intelectuales y políticas del movimiento polaco Solidaridad y director de
la Gazeta Wyborcza de Varsovia, expresó su propósito para que dicho periódico constituya un elemento positivo en
la democracia de Polonia y con esa finalidad definió el código ético y profesional de ese medio de información,
contenido en 11 principios:
1. Actúa con plena libertad, tu única limitación es la que impone la verdad.
2. Utiliza las palabras sagradas "libertad" y "verdad" con prudencia y sensatez para evitar que pierdan su valor.
3. Toma tiempo para reflexionar y para hacer un honesto examen de conciencia sobre tus fobias y apasionamientos.
4. Se crítico pero siempre con respeto y conocimiento de los hechos y las historias.
5. Respeta tu propia dignidad y cultívala; siente responsabilidad por el prójimo y trátalo como a ti mismo.
6. Combate con tu pluma pero con honestidad y sin odios; no mates con la palabra.
7. Se fiel a los principios que consideras valiosos; no prostituyas tu profesión para conseguir poder, dinero o
tranquilidad.
8. No robes; en consecuencia, no plagies, no difames, no mientas, no manipules la verdad.
9. No enturbies las cosas; nunca des un testimonio falso, lo cual constituye la violación más grande de las normas
de la profesión periodística.
10. No seas envidioso ni codicies los logros de los otros.
11. Nunca realices propaganda en vez de informar, publicidad en vez de descripción honesta de las cosas,
campañas alborotadoras en vez de fomentar las polémicas sensatas.
C. Hoy en día, los códigos, catálogos y decálogos de ética que existen para los medios son abundantes: los hay
de carácter individual para un medio, para un tipo de medios, regional, nacional e internacional. El control ético
que persiguen obtener con su existencia, la enumeración de los principios éticos que deben regir el trabajo cotidiano del
medio o medios y de los periodistas que laboran en éste o en ellos, resultan más que insuficiente por su cotidiana infracción.
Con frecuencia los medios que menos respeto tienen por los principios éticos de la profesión periodística se
otorgan un código de ética como una cortina de humo para tratar de engañar a sus lectores o auditorios. Parece que
razonan de la siguiente forma: ¿qué se pierde con la expedición de dos o tres hojas que contengan postulados
universalmente aceptados? Nada. Al contrario, quizá se pueda embaucar a suficientes lectores.
Por lo anterior es que resulta, en términos generales, que los autocontroles de los medios pueden ser pasos
importantes pero completamente insuficientes para asegurar que van a respetar el Estado de derecho y los derechos
humanos. Esta aseveración es de fácil verificación en la realidad de los países más democráticos de Europa y si en ellos es así,
lo que acontece en otras latitudes es escandaloso.
Los poderes no suelen autocontrolarse; en consecuencia, es indispensable la regulación jurídica, el
establecimiento de las reglas del juego para que los medios de comunicación masiva contribuyan a fortalecer el Estado de derecho,
la democracia, la libertad, el respeto a los derechos humanos, los principios éticos, la educación y la cultura.