En fecha próxima se proyectará en Coyoacán un documental, admirable por todos los
conceptos: Del peligro a la dignidad (1995).
Este video forma parte de una trilogía de la cineasta estadounidense Dorothy Fadiman, y es un recuento del largo
y cruento camino recorrido por las mujeres y la sociedad civil de la Unión Americana hasta lograr, en el ya lejano año
de 1973, la despenalización del aborto, a nivel federal, en su país.
 |
Dorothy Fadiman (al centro) |
Completan la trilogía de Fadiman otros dos cortometrajes sobre el mismo tema; uno de ellos,
Cuando el aborto era ilegal (1992), nominado al Oscar como mejor cortometraje documental, ganador además de una larga lista de
premios y reconocimientos nacionales e internacionales, nos presenta una serie de conmovedores testimonios de mujeres
desesperadas y de aquellos que intentaron ayudarles en circunstancias de excepcional apremio. Para mi gusto, éste es
el mejor logrado, visto desde una perspectiva exclusivamente cinematográfica. Sin embargo, el tercero de ellos,
La fragilidad del derecho a decidir (1996), es sin duda el más crítico, desconcertante y a la vez desalentador de los tres, puesto
que nos muestra que en
un país de
leyes, como nos acaba de aleccionar el presidente
Doblevé (Fidel
dixit) que es
Estados Unidos, también se le puede dar la vuelta a la ley, con esta misma en la mano, cosa que por lo demás ya sabíamos.
En efecto, tras la despenalización del aborto a escala nacional, vemos como cada estado de la Unión
Americana modifica y matiza la ley como más le conviene, insertando todo género de candados y artimañas, al grado de
retroceder en muchos casos a una situación semejante a la que prevalecía en la época de la ilegalidad. Por supuesto con
la complicidad, de quién si no, de la Iglesia católica y de los grupos más reaccionarios de aquella nación. Lo anterior,
en patente contraste con la actitud de ministros de los más diversos credos que coexisten en el país vecino, que
contribuyeron en todo momento a la lucha por el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.
(¡Aguas,
monseñor Serrano Limón, no es éste el documental que proyectaremos en Coyoacán, pero de todas
formas ojalá nos eche la manita con sus oportunas y progresistas declaraciones, como las que tan buen efecto
publicitario tuvieron a raíz del estreno de la valiosa cinta
El crimen del padre Amaro; tal vez también podamos contar con un
apoyo solidario de don Onázimo Cepeda, quien ya tuvo a bien emitir veladas amenazas contra ese filme, al evocar el
asalto faccioso en contra de los actores de Cúcara
Mácara, allá en los años 70, a manos de golpeadores clericales de
ultraderecha; y se dejó en el bolsillo la mención de un atentado semejante, una década antes, en contra del elenco de
Libertad, libertad, en el hoy teatro Julio Castillo. Actos criminales emblemáticos, sin duda, de la tan cacareada defensa de la fe cristiana.)
La proyección del documental inicialmente mencionado,
Del peligro a la dignidad, en nuestra ciudad, no es casual
ni gratuita. En nuestro país, la lucha por la despenalización del aborto aún está en ciernes, como lo está la democracia
misma, siendo imposible separar un concepto del otro, esto sin dejar de reconocer los significativos logros que se
han conquistado recientemente en la materia.
Impresiona en la cinta el hecho de que el compromiso de muchas militantes en favor del aborto legal y seguro, las
lleva de la mera acción política al extremo de capacitarse ellas mismas, para poder ejecutar esa intervención quirúrgica,
bajo las más estrictas condiciones de salubridad, higiene, respeto y, ante todo, amor, que las circunstancias exigían. Todo
ello en abierto y consciente desafío a la retrógrada legislación que en esa época estaba vigente. La culminación del video
que será exhibido, lo constituye sin duda el momento en que el senador George Michaels, representante de una
circunscripción predominantemente católica del estado de Nueva York, decide cambiar su voto, para romper el empate existente, y
con ello aprobar la ley en favor de la despenalización del aborto en esa entidad. "Estoy consciente", proclama Michaels,
"de que esto representa el fin de mi carrera política y de mis posibilidades de reelección". "Pero de qué sirve ser elegido
o reelegido añade si uno no va a luchar por lo que cree". La aprobación de esa legislación en un estado tan
importante como el de Nueva York, representó la indispensable ruptura de una barrera que a la postre le abrió el camino a
la despenalización en el ámbito federal.
Ante la contundencia de las imágenes y la narrativa de los hechos, no podemos menos que replantearnos una
serie de consideraciones acerca de los alcances y de los logros del séptimo arte:
El cine como culto a la imaginación, como industria, dolencia, alteración y perturbación de las imágenes, fuente
de sueños compartidos, así como el anodino, insustancial y adictivo en el peor sentido de la palabra cine de
Hollywood, fábrica de sueños, enajenante y manipulador, primera o segunda industria generadora de divisas del país más
poderoso del mundo, al que por cierto le obsequiamos en los tratados internacionales más de 90% de nuestro
tiempo-pantalla, no tiene la culpa del buen o mal uso que se haga de él. Es, de cualquier manera, el deslumbrante y festivo
espectáculo pirotécnico que nos legó el siglo XX.
Existe además, por fortuna, el cine como arte, el cine de autor, el cine patrimonio cultural de los pueblos, el cine
que todo país civilizado debe apoyar indiscriminadamente, y lo repito para los
globalifílicos: indiscriminadamente; el
que debe ser subvencionado como lo es en casi todos los países del mundo en primerísimo lugar en Estados Unidos
pues no puede subsistir sin la tutela del Estado. Esto va también como respuesta a Serrano Limón y a los que con él
cuestionan el hecho de que Imcine haya cofinanciado al
padre Amaro con tres tristes millones de pesos. Con el destino cultural de los pueblos no se puede ahorrar en aras de la modernidad y del pragmatismo neoliberal, donde lo único que tiene
el derecho de existir es el dinero, en contra del satanizado proteccionismo en favor, precisamente de la cultura, de
la educación y de la seguridad social. A menos, claro, que se trate del proteccionismo que sí se le otorga a los dueños
del gran capital.
Pero existe también este otro, conmovedor, cine documental que inquieta la conciencia, que va más allá de los
logros personales, reconocimientos o éxitos de taquilla, mas no por ello carente de valores artísticos. Por lo tanto, no se
trata de un cine panfletario o didáctico. Uno que cumple con la imperativa exigencia de expresión y de información de
una sociedad harta de un cine que le miente y le oculta o al menos le maquilla la realidad.
Después de ver estas cintas, uno no puede menos que admirar y reconocer el trabajo de todas aquellas mujeres
del mundo entero que no han cejado en su lucha terca y pertinaz en pro de la despenalización del aborto, y cuya
máxima recompensa, intuyo, estoy segura, consiste, como nos dice "Lana" en el video, en la posibilidad de dormir tranquilas.