Víctor Ugalde
De poco sirve que el gobierno mexicano haya reactivado la producción de largometrajes si no logra equilibrar la
mala distribución de los ingresos en taquilla que benefician mayoritariamente a los exhibidores, y poner freno a las
prácticas oligopólicas de las distribuidoras estadounidense que están arruinando a los empresarios cinematográficos nacionales.
En la producción fílmica se pasó de una inversión de 165 millones de pesos en el sexenio anterior a 575 millones
hasta el quinto año de gobierno, lo que ha permitido un crecimiento constante en el número de largometrajes producidos: 21
en 2001; 14 en 2002; 29 en 2003; 38 en 2004, y 50 en 2005.
Sin embargo, la inversión conjunta iniciativa privada/gobierno se ha visto duramente afectada por el control
oligopólico de la Motion Pictures Asociation (UIP, Columbia, Buenavista, Warner y Fox Films de México).
El mercado fílmico nacional generó en 2004 ingresos superiores a los cinco mil 400 millones de pesos con una
asistencia de 162.8 millones de espectadores, sin embargo el cine mexicano tiene poco acceso a esta riqueza, pues las cintas
nacionales se estrenan en las peores condiciones. Fechas como el 25 de diciembre o periodos como el verano parecen coto
exclusivo de los estrenos de las multinacionales.
Las cintas mexicanas son programadas en temporadas malas, es decir, desde finales de agosto y hasta el 24 de
diciembre, además de que salen pronto de cartelera. A esto hay que agregar los bajos porcentajes que otorgan distribuidoras y
exhibidores por acceder a las pantallas. Además se encuentra la descapitalización que significan las campañas publicitarias y
la entrega, en ocasiones, de cifras falsas de los asistentes a las salas.
El más claro ejemplo es el reciente estreno de la cinta infantil mexicana
Imaginum. Programan su estreno a media quincena (19 de agosto), precisamente la misma semana que su público potencial regresa a clases. Ese fin de semana
la media de asistencia por sala en el país fue de 341 espectadores, 60% menos que el promedio semanal durante el año.
Los 200 mil espectadores que obtuvo hasta la cuarta semana de exhibición no resultan suficientes para recuperar la
inversión. En una buena fecha, esa película hubiera obtenido el doble o más de esos asistentes.
Por el número de pantallas que cuenta nuestro país (tres mil 400), estrenar una cinta nacional no debería ser
problema, pero el acceso se restringe debido al excesivo número de copias de las cintas estadounidenses. El año pasado, el
cine mexicano representó sólo 6% del mercado nacional con 8.9 millones de espectadores e ingresos por 324 millones
de pesos.
Las cinco distribuidoras de la MPA estrenaron 218 títulos, de los cuales 160 fueron estadounidenses, es decir que
con 47.8% de los estrenos, obtuvieron el 87.22% de los ingresos nacionales, dejando a 22 compañías el 13% restante.
Urge corregir esta práctica que deforma el libre juego del mercado y resta alternativas a los consumidores, además
de arruinar a los pequeños y medianos empresarios que se arriesgan por nuestro cine.