Periodistas en la historia
Jose Marques de Melo
Uno de los sellos distintivos del siglo XX fue el menosprecio atribuido al protagonismo de los individuos en
la construcción de la Historia. Las metodologías hegemónicas privilegiaron el papel sociopolítico de las estructuras, de
las instituciones o de las masas.
Como si éstas no fuesen accionadas por personalidades dotadas de carisma o fuerza persuasiva.
Correspondió siempre a tales liderazgos impulsar revoluciones o conducir procesos de cambio radicales.
El círculo vicioso fue roto parcialmente por la acción de periodistas intrépidos. Ellos se erigieron en biógrafos
de personalidades que dominaron la escena pública, influyendo decididamente en los rumbos recorridos por las
respectivas sociedades. En América Latina abundan casos paradigmáticos de individuos cuyas trayectorias particulares definieron
el panorama de las industrias mediáticas nacionales.
Libros-reportaje
Los libros-reportaje que rescatan las historias de vida de los magnates de los medios cumplieron función esencial
en el proceso de reescritura de nuestra historia. De cierto modo, ellos ayudaron a corregir las distorsiones de
aquella corriente miope de la historiografía contemporánea.
En Brasil, el principal ejemplo de esta iniciativa fue el libro de Fernando Morais,
Cható, el rey de Brasil (Cia de
Letras, Sao Paulo,1994), que reconstruye la biografía de Assis Chateaubriand, nuestro primer empresario multimedia,
una especie de Hearst aborigen. En Argentina, destaca el relato de Pablo Sirvén,
El rey de la televisión-goar maestro y la
historia de la televisión argentina (Clarín/Aguilar, Buenos Aires, 1996).
En éste se cuentan las peripecias del empresario cubano perseguido por Fidel Castro, que se refugió en la
capital porteña en los años 60, cayendo en las garras de Perón para después peregrinar por varios países de la región.
Más recientemente, apareció en México
el bestseller escrito por Claudia Fernández y Andrew Paxman:
El Tigre, Emilio Azcárraga y su imperio Televisa
(Grijalbo, México, 2000), cuyas ventas excedieron los 50 mil ejemplares a los 15 días de
su lanzamiento.
A esa lista podemos añadir la colección publicada en Perú por Domingo Tamariz Lúcar,
Memoria de una pasión-la prensa peruana y sus protagonistas
(Jaime Campodonico Editor, Lima, 1997). Su enfoque es más amplio, no se
restringió a los magnates de la prensa nacional, pues estableció los nexos entre ellos y sus colaboradores profesionales en
las empresas periodísticas.
Historiadores contraatacan
El filón descubierto por los periodistas, construyendo emocionantes historias de individuos que dejaron huella en
su tiempo, indelebles en la memoria popular, produjo una reacción tardía pero firme y consciente, en los círculos
académicos. En Brasil esa tendencia es evidente.
Incluso corriendo el riesgo de la crítica de los colectivistas o estructuralistas, la Fundación Getulio Vargas acaba
de lanzar, en Río de Janeiro, una colección de libros bajo el título "Los que hacen la historia". Se trata de pequeñas
biografías de figuras prominentes de la vida nacional, narradas de modo ligero, agradable, inteligente.
Como dice la editora ejecutiva Arzira Alves de Abreu: "Por medio de la biografía de un personaje que se destacó
en la vida pública brasileña, se pretende reconstruir un tiempo histórico. El biografiado debe vestir el traje de su
tiempo, hablar el lenguaje del momento histórico en que vivió...".
Periodistas ilustres
Los primeros volúmenes de la nueva colección privilegiaron personajes que fueron excelentes comunicadores
públicos o cuya proyección histórica tuvo a la prensa como escenario o tribuna.
El iniciador fue Anchieta, precursor de
la folk-comunicación nacional. Se trata del jesuita que catequizó a los
indígenas brasileños en el siglo XVI, adoptando estrategias de comunicación apropiadas. El recurrió a artificios lúdicos y a
procesos teatrales, hablando en tupi-guaraní, lengua general adoptada por las tribus que vivían en la zona territorial próxima
al océano Atlántico. De este modo renunció al código lingüístico del colonizador para diseminar
eficazmente su ideología y su cultura. Por otro lado está Joâo do Rio, el reportero maldito. El fue quien enfrentó a las élites nacionales a principios del
siglo XX, introduciendo la cotidianidad de las clases populares en reportajes brillantemente publicados en la prensa de
la época.
A continuación aparece Rui Barbosa, nuestro héroe republicano. Su aura histórica lo convirtió en árbitro elocuente
de la falta de ética de la prensa precapitalista, sustentada por el aparato burocrático de la República vieja. En su
compañía llegó Silvio Romero, quien pugnó críticamente por la identidad de la literatura brasileña en los periódicos de la
segunda mitad del siglo XIX, rescatando la riqueza del patrimonio nacional de la cultura popular.
Humanizando a Fray Caneca
El más reciente título de la colección
Fray Caneca, entre Marilia y la patria (FGV, Río de Janeiro, 2000) ilumina la
zaga del héroe del noreste, cuyo martirio fue cantado en prosa y verso, inmortalizándose en la memoria cívica nacional.
El gran mérito del autor consiste en haber humanizado a Fray Caneca, distanciándolo de los clichés históricos que
lo entronizaron en el panteón de los héroes patrios.
Por primera vez aparece de cuerpo entero, de carne y hueso, lejos de la mitología consagradora, aquel periodista
que derrumbó los cimientos del primer reinado. Fray Caneca puso a temblar a don Pedro I y a su séquito autoritario, por
medio de sus artículos difundidos en las páginas del
Typhis Pernambucano. Como represalia, el "argonauta" fue preso,
torturado y fusilado.
La narración de Marco Morel descubre ángulos antes escamoteados por los historiadores oficiales. Revela su
universo familiar, exhibiéndolo como personaje típico del mestizaje luso-brasileño. Demuestra que sus ideas libertarias
fueron determinadas por el ambiente cultural donde se forjó como ciuadano y no exclusivamente por el liberalismo
filosófico diseminado en las aulas del Seminario de Olinda. Lo presenta también como figura típica del clero colonial brasileño,
cuya adhesión al celibato fue puramente retórica. De ese modo en la biografía destaca la pasión del fraile-periodista por
una amante hábilmente ocultada, así como su angustia por garantizar el bienestar de los hijos que crió, amó y protegió.
Biógrafo singular
Marco Morel no es un neófito en el género biográfico. Se estrenó hace más de dos años con el perfil
Cipriano Barata, el planfletario de la independencia
(Brasiliense, Sao Paulo, 1986). Allí confiesa su admiración por los revolucionarios
que fungieron como constructores de la patria brasileña.
Su trayectoria intelectual es singular. Hizo su carrera en periodismo, pero su maestría en Historia en Río de
Janeiro, concluyendo su carrera académica como doctor en Historia por la Universidad de París. Actualmente dicta la cátedra
de Historia de Brasil en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, donde organizó un coloquio y publicó un libro dedicado
al periodismo patriótico de Barbosa Lima Sobrino. Rescató, así, la trayectoria del más viejo periodista brasileño en
activo, muerto el año pasado a los 103 años de edad.
Marco Morel pertenece al linaje de los periodistas famosos. Su abuelo, el legendario reportero Edmar Morel,
conquistó a los lectores de la famosa revista
O Cruzeiro con narraciones primorosas y temáticas sorprendentes. Su padre,
el periodista Mario Morel, introdujo en la escena pública nacional al más fascinante personaje de nuestra historia
contemporánea. Es el autor del libro-reportaje
Lula, el metalúrgico (Nova Fronteira, Río de Janeiro, 1981), vaticinando la
carrera política del obrero que fundó el Partido de los Trabajadores y que casi conquistó la Presidencia de la República.
La simbiosis de periodista e historiador en Marco Morel anticipa una producción intelectual fuera de serie. ¡Y sólo
falta leerlo... y disfrutarlo!