Aleida Calleja
Diez emisoras comunitarias tienen el reconocimiento del Estado para operar y eso marca el cierre de una primera
etapa y el inicio de otra.
Pero antes damos vuelta al diccionario, lo sacudimos, y sale la palabra exacta, simple, directa. Dice: Gracias. No es
un gracias cualquiera. Es un gracias a las personas, instituciones, medios, periodistas, legisladores y organizaciones
que creyeron en esta causa, que escucharon y nos dieron luces, historia, inteligencia. Gracias a
etcétera que nos acompañó
en un descampado que juntos fuimos poblando y que generosamente se apropió de nuestras angustias y silencios,
esperamos que ahora también de nuestra alegría.
Y lo que sigue
Esos diez permisos para emisoras comunitarias son, sin duda, un avance en materia de libertad de expresión y derecho a
la información. Aunque, tal como lo hemos afirmado en otras ocasiones, es sólo una solución coyuntural. Aún están
por construirse los cambios de fondo para garantizar condiciones de equidad, tanto para el acceso a nuevos grupos
ciudadanos que quieran operar su propio medio, como para que las emisoras ya permisionadas tengan sustento financiero.
Este es el punto esencial: una reforma integral a la Ley Federal de Radio y Televisión y la existencia de
políticas públicas que den certeza jurídica y viabilidad financiera a los medios operados por organizaciones civiles. La
certeza jurídica deberá contemplar criterios transparentes y equitativos para acceder a frecuencias radioeléctricas, y las
variables con que se les permitan fuentes de financiamiento. Dejar a los medios permisionados con un solo canal de
financiamiento es, además de riesgoso, una manera muy clara de detener su desarrollo y fortalecimiento. Éstas son algunas propuestas:
1. Aportaciones de la
comunidad. Es una estrategia recurrente en el modelo de las radios comunitarias para generar
una apropiación del medio por parte de la gente, también obliga a la radio a tener mayor claridad en la rendición de cuentas.
El problema de dejar sólo esa vía de financiamiento es que la mayoría de las comunidades a las que las radios dan
servicio son de economía inestable, lo cual las deja en la incertidumbre constante.
2. Acceso a recursos públicos.
No estamos necesariamente en favor del subsidio, sino por desarrollar proyectos
con instituciones federales, estatales y municipales que apoyen el desarrollo social local, por lo que éstas deberían
contemplar el apoyo directo a los proyectos comunitarios. Dejar un medio dependiente del subsidio es un riesgo para la
autonomía. También limita el crecimiento pues casi siempre se cuenta con lo mismo.
3. Patrocinios. Contrario a lo que algunos creen, eso no significa comercializar, hay muchas microempresas locales
y regionales que, con fines sociales, quisieran promocionarse en la radio. Por ejemplo, cerca de Radio Calenda hay
una microempresa indígena muy exitosa productora de amaranto, que le interesa promocionar su producto para incrementar
el consumo regional. Si éste aumenta la empresa social se fortalece, tanto la radio como la empresa social pueden
generar más fuentes de trabajo y aportar sustancialmente a la economía local y regional. Los mercados de las radios
comunitarias no son los de los de las radios comerciales.
El patrocinio tampoco debe ser la única fuente de ingresos, aparte de que los mercados locales no dan para tanto,
les pasaría lo que a muchas comerciales, que por ser su única fuente pierden su vocación de servicio.
4. Donaciones y agencias de cooperación nacionales e
internacionales. Organismos internacionales de la ONU y
otras agencias de cooperación apoyan a las radios comunitarias para el desarrollo de proyectos integrales. Por ejemplo el
Programa de Ciudadanía Ambiental Global que desarrolla AMARC con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente contempla financiamiento para la capacitación y la producción en esos temas. De igual forma dejar que la
cooperación internacional sea la única fuente económica es incierto, pues de acuerdo con sus propias agendas, dichos organismos
no tienen siempre las mismas metas y techo financiero.
La búsqueda de un esquema viable para las radios comunitarias implica una ingeniería financiera que permita
fuentes diversas. Esto para no limitar su fortalecimiento como proyecto social, pues hasta ahora a las emisoras se les exigen
los mismos requisitos que a los medios permisionados -que tienen subsidio- pero no tienen derechos. Eso es inequitativo.