El aroma de la mañana nos acercaba la humedad de la tierra y la frescura de los árboles que tapizan
los montes que rodean el ITESM Campus Morelia, lugar que tres horas más tarde recibiría al Premio Nobel
de Literatura 1998, José Saramago. Los organizadores habían dejado en claro que no habría entrevistas,
que el escritor portugués no daría oportunidad a algún medio de comunicación en la ciudad de Morelia,
sin embargo, llegamos a tiempo para acreditarnos y tomar el mejor lugar, frente a él.
Por la mañana, participaría en un seminario con académicos y representantes del ITESM, y por la tarde
se esperaba una conferencia magistral, a invitación de la cátedra Alfonso Reyes de esa institución. En el
seminario pudieron estar presentes cerca de 100 personas. Fue una sesión de preguntas y respuestas con
el periodista y escritor lusitano. Al terminar, un grupo de representantes de la prensa solicitamos una
entrevista, sin embargo, la petición fue rechazada.
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José Saramago |
La estrategia fue muy simple, si no podemos entrevistarlo, conversemos con él dentro del seminario y
en la conferencia de prensa. Era la única posibilidad; sin embargo, al llegar el medio día, los organizadores
nos invitaron a una comida privada con Saramago, debido a que "nos queda un lugar de una persona que no
pudo llegar", señaló la profesora Yesmín Israde, del comité organizador. Se había hecho realidad, ahí estaríamos.
La comida transcurrió con tranquilidad y esperamos la primer posibilidad para acercarnos a él.
Había iniciado la firma de libros. Efectivamente, José Saramago había decidido no dar entrevistas, nos lo
confirmó de su propia voz. Sin embargo, solicitamos conversar con él, y ante la mirada atónita de su pareja, Pilar
del Río y de los presentes, aceptó hacerlo brevemente. Esta fue la conversación.
Maestro, en el cuento de la isla desconocida el protagonista tiene en la mente la idea de llegar a un
lugar con esa pasión que lo caracteriza, ¿la humanidad se dirige a algún lugar, es una isla desconocida o cómo
lo visualiza?
Yo no puedo decir a dónde se dirige la humanidad; a lo mejor, en la primera conversación intelectual
entre Adán y Eva. Eva seguramente ha preguntado (porque Eva es la curiosa, el hombre no tiene ninguna
curiosidad, la mujer es la que quiere saber, y seguramente Eva ha preguntado), mira tú qué es lo que tú crees,
tú que ya estabas aquí antes que yo llegara, ¿a dónde crees tú que vamos a ir?
Adán, que no sabía nada, seguramente inventó una historia, que es lo que el hombre hace cuando la
mujer le pregunta, entonces él siempre se inventa una historia para que alguien se crea que es verdad y si ella
se cree que es verdad, él pasa a creer realmente que lo que ha inventado es verdad.
Yo no sé a dónde va la humanidad, no tengo la menor idea, y además, tengo que decirlo, dentro de
50 años el mundo será de otra forma distinto, diferente de lo que es, que no vale la pena que pensemos,
porque cuando nosotros estamos preguntando a dónde va la humanidad, lo que nos estamos preguntando es
una cosa distinta, a dónde vamos nosotros, y la respuesta a esa pregunta, que es la auténtica, es: nosotros
no vamos a ninguna parte.
Nosotros no vamos a ninguna parte porque tenemos el límite temporal de nuestras vidas, ahí, más o
menos ahí adelante, en el mejor de los casos, para muchos de nosotros podréis esperar vivir más de 60 años o
más de 70 años y se acabó. Y van a conocer un mundo que ahora es impensable porque no es solamente
la ingeniería genética, no es solamente el clon, la ingeniería genética y todo ello, todo eso cambiará el futuro.
Umberto Eco decía, y yo creo que él tiene toda la razón del mundo, que "se presentará muy pronto un
ser humano que no tiene nada que ver con nosotros o que tiene muy poco que ver con nosotros", con
valores distintos, con ideas distintas sobre el mundo y sobre la relación humana y todo eso, entonces, a dónde
va la humanidad en el límite, tiene límite, ahí sí eso puedo yo contestarlo.
En el centro de la galaxia hay un agujero negro y alrededor la materia estelar, las estrellas y todo eso,
va rodando, rodando y rodando hasta ser absorbido por el agujero negro; el agujero negro (podrán
explicarlo mejor los físicos con mayor rigor científico que la improvisación que yo dijera ahora aquí), la propia luz
no puede escapar al agujero negro, se queda ahí la luz. Entonces toda la galaxia acabará ahí, nuestro
sistema solar acabará ahí, ese es el límite. Entonces se acabó todo, se acabó Morelia, se acabó Monterrey,
nosotros no porque ya nos hemos acabado antes.
Es decir, la finitud, el final, el acabose, el se acabó, ahí está, pero mientras, lo que nos importa no es a
dónde vamos, a dónde va la humanidad, lo que debe importarnos es lo que estamos haciendo ahora; y además
hay que tomar en cuenta esto, a la humanidad del siglo XXIII, puede importarle un pepino lo que estamos
diciendo aquí, nuestros ideales, lo que creemos que es bueno y todo eso, para ellos es poco. Entonces, la única
cosa que podemos hacer aquí, lo que podemos influir en algo, es ahora, dejemos el mañana en paz porque el mañana no nos pertenece, lo que nos pertenece es el día de hoy, es ahora, y si queremos tener un
mañana mejor, si no lo preparamos hoy, no lo tendremos mañana.
Esta es la sabiduría del sentido común, que algunas veces no sirve pero otras veces sí.
La dictadura de Antonio Oliveira Salazar permeó a los medios de comunicación lusitanos, ¿cómo vivió
esa experiencia José Saramago desde el Diario
Noticias?
Yo fui director del Diario
Noticias en el año de 1975, ya después de la revolución. Antes había tenido
una experiencia en los años de 1972 y 1973, no con Salazar sino con el político llamado Marcel Caetan, es
decir, algunos movimientos de las fuerzas armadas, de los capitanes y todo eso. Entonces fueron dos años
muy importantes en ese periódico. Era un periódico de la tarde, un vespertino que se llamaba
Diario de Lisboa y ahí efectivamente con la censura que había y todo eso, ha sido realmente, digamos importante desde
dos formas distintas.
Una en el último tiempo, en el último despertar de la dictadura, y la otra, en el entusiasmo de la
revolución. Bueno, en el fondo yo no he sido el elemento de lo que se llama un periodista, porque el periodista
hace entrevistas, hace reportajes y yo no hice nunca nada de eso, es decir, yo he sido editorialista en el
Diario de Lisboa y director en el Diario
Noticias, por lo tanto es una experiencia muy limitada a las funciones
que entonces he desempeñado.
¿Algo de esa labor en los diferentes diarios influyó en su literatura?
Creo que no, aunque es cierto que yo tengo una obra de teatro que se llama
La noche y que es la noche del 23 al 24 de abril de 1974, es decir, cuando se manifiesta la revolución y es una obra de teatro que
describe las tensiones en el interior de la redacción de un periódico y por tanto, unos esperando que la
revolución triunfara y otros decían que fracasara, por tanto, hubo un momento de paz, entre una situación y otra.
Pero más que eso, no.
En el campo de refugiados de Jenín se han cometido atrocidades que han sido comparadas con el
campo de concentración de Aushwitz. Periodistas europeos han tomado fotografías de lo que ahí ha sucedido
y usted ha tomado posición al respecto ¿los medios de comunicación han logrado hacer algo
realmente significativo al publicar esas noticias?
Creo que sí. En el caso concreto de Israel y de los palestinos y todo eso, si no fueran los medios y si no
fuera uno, realmente hay que reconocerlo, hay una cierta preocupación de objetividad por parte, no de todos
los medios pero de muchos, que no se dejan llevar por la propaganda israelí, que efectivamente lo hace con
un descaro total y con la complicidad de otros medios, pero hay medios que efectivamente mantienen
una objetividad que nos permite, a pesar de todo, tener una idea bastante ajustada a la realidad de lo
que realmente está pasando ahí.