Grupos del interior amenazan
el liderazgo de las metrópolis
Jose Marques de Melo
Un hecho llamó la atención durante el reciente Congreso Brasileño de las Ciencias de la Comunicación, realizado
en Salvador (Bahía), para conmemorar los 25 años de la fundación de la Intercom (Sociedad Brasileña de
Estudios Interdisciplinarios de la Comunicación).
Me refiero al discurso vertido por el doctor Antônio Teixeira Barros (Brasilia) en la sesión de clausura de la
onceava Iniciacom (Jornada de Iniciación Científica en Comunicación). Al anunciar al equipo vencedor del Trofeo Vera
Giangrande 2002, resaltó su procedencia de una ciudad del interior.
De la autoría de los estudiantes André Luiz de Castro e Silva, Monique da Costa Gardingo y Morgana Garcia
Carvalho, el trabajo premiado ("Dramas de lo cotidiano en la programación superpopular de la TV brasileña") fue orientado
por el profesor Carlos Alberto Avila Araujo. Tanto los alumnos como el orientador están vinculados a las Facultades
Integradas de Caratinga (MG).
Atrofia académica
El coordinador de la Iniciacom reconoció lo valioso de los incentivos a los proyectos de iniciación científica dados
por instituciones marginales de enseñanza superior o universidades de nivel medio o pequeñas situadas en las
zonas perifericas de la geografía nacional.
Amén de la monografía procedente de Caratinga (MG), los estudios clasificados tenían el sello de ciudades
como Taubate, Bauru, Campinas, Sao Bernardo, Sao Caetano y Sao Carlos (en el estado de Sao Paulo), Chapecó e Itajaí (en
el estado de Santa Catarina), además de capitales distantes del eje metropolitano, tales como Belém, Recife,
Salvador, Curitíva o Porto Alegre.
La paradoja de este comentario residía, justamente, en lo que no fue dicho: la ausencia en la Iniciacom de
trabajos realizados por las universidades tradicionales paulistas, cariocas o brasilienses. Mejor dotadas con las cuotas de
becas de iniciación científica por el gobierno federal, además de ser sede de renombrados programas de postgrado,
tales instituciones no tienen justificación posible para este tipo de omisión.
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Esa distorsión sólo puede ser explicada por el gigantismo peculiar de las grandes universidades, públicas o
privadas, donde la burocracia sofoca las iniciativas innovadoras. Otra causa tal vez radique en la democracia ejecutiva, proceso
que atrofia a los órganos colegiados, obstaculizando la investigación o transformándola en actividad corporativa. Los
liderazgos intelectuales son inhibidos o acorralados, prevaleciendo, algunas veces, el consenso mediocre de los grupos
improductivos. Síntomas idénticos de esos guetos universitarios aparecen con nitidez en países como México, Venezuela o Argentina.
Sentimiento regionalista
En contrapartida, en las regiones emergentes o en aquellas ciudades no contaminadas por el inmovilismo de
los grandes centros universitarios, es posible identificar proyectos renovadores o iniciativas promisorias.
Me sorprendió no hace mucho la osadía y pujanza de un grupo universitario de Tocantins, la más reciente
entidad federativa de Brasil.
Elegido como padrino de la generación 2002 del curso de periodismo de la Unitins (Universidad de Tocantins),
estuve en Palmas, construida hace 13 años para ser capital del novísimo estado brasileño. Los dos días de convivencia con
mis ahijados intelectuales me causaron impresiones profundas y duraderas.
Ellos me explicaron que me habían escogido como padrino para romper una tradición local. Buscando esta vez no
elegir a personalidades políticas locales usufructuando los beneficios surgidos de esa situación, como ocurrió en
años anteriores, los egresados del 2002 optaron por una acción colectiva independiente. Prefirieron homenajear a un
investigador del periodismo, cuyos libros habían leído durante el curso y cuyas ideas habían sido encomiadas por sus profesores.
Confieso que desconocía completamente a los alumnos diplomados y a los profesores. Sin embargo, quedé
impresionado con la familiaridad que demostraron en relación con los planteamientos teóricos y metodológicos de mi trabajo
académico. Un conocimiento semejante tenían de otros comunicólogos relevantes, cual es el caso de Nilson Lage (Santa
Catarina) o Muñiz Sodré (Río de Janeiro).
Se trata de una generación que se lanza a la conquista del mercado periodístico nacional-regional, nutrida de
referencial brasileño. Ellos sienten orgullo de ese bagaje, en cierto sentido, regionalista. No es que hubiese desdén por los
marcos teóricos importados directamente de París, Nueva York o Frankfurt, que suelen predominar en las universidades
hegemónicas de nuestros centros metropolitanos. Su actitud era la de quien tiene los pies en la tierra, sustentándose, por lo tanto,
en armas intelectuales capaces de enfrentar las adversidades de una coyuntura erizada de incertidumbres.
Pragmatismo utópico
Entablando contacto inmediato con el trabajo académico de la generación de Tocantins, percibí nítidamente el
modo en que esos jóvenes profesionales se inspiran en los postulados del pragmatismo utópico diseminado por los
pensadores de la Elacom (Escuela Latinoamericana de Comunicación). Dos ejemplos son suficientes para demostrar este aserto.
La revista Aldeas de la
Isla, proyecto experimental orientado por los profesores Fabio d'Abadia de Sousa
(periodista) y Odair Giraldin (antropólogo), muestra señales alentadoras de la cooperación interdisciplinaria en los
laboratorios didácticos de comunicación. Se trata de un trabajo de investigación que aduna conocimientos periodísticos y antropológicos, mediante el cual un equipo de aprendices del reportaje exploró a profundidad la cultura indígena de las tribus que
habitan la isla del Bananal. Para ello, realizaron cinco viajes a diez diferentes aldeas, contabilizando 25 días de convivencia
con sus fuentes de información. Mi sorpresa ante la calidad y seriedad de ese trabajo de laboratorio proviene de la
comparación hecha con otros trabajos que he examinado en universidades de renombre, donde los autores se limitan a reseñar
fuentes bibliográficas, complementándolas con declaraciones obtenidas telefónicamante o testimonios consultados a través
de Internet.
Por otro lado, el periódico
Ensayos-Comunicación en revista, proyecto de fin de curso del dueto Aurielly
Queiróz Painkjow y Lailton Alves da Costa, orientados por la profesora Jocyelma Santana Martins do Santos Oliveira,
demuestra el modo como la valoración de la investigación científica produce efectos creadores en las nuevas generaciones.
Aurielly y Lailton desafiaron a sus maestros tocantinesenses a sistematizar nuevos conocimientos mediáticos,
diseminándolos profusamente. El canal propuesto fue una revista científica, que ellos planearon y ejecutaron en los laboratorios de
la universidad, recurriendo incluso a arbitraje externo, lanzando la primera edición el día de su graduación. El impacto
de esa iniciativa causó tanta repercusión que la vicerrectora de investigación de la Unitins, Ma. Luiza Nacimiento, y el
director del campus de Palmas, Joseano Carvalho Dourado, asumieron un compromiso público y espontáneo, garantizando
la continuidad de la publicación.
Señales de esperanza
La utopía impulsada por los audaces alumnos de la generación de Periodismo 2002 de la Unitins, se
convierte, pragmáticamente, en la fuente de difusión de las ideas y productos comunicacionales generados por la universidad
para beneficiar a la comunidad a la que pertenece.
Esta iniciativa es similar a la de otras universidades del interior, que rebasaron lo trillado de las actividades
discursivas en las aulas y osaron recopilar conocimientos útiles, difundiéndolos entre la sociedad. Ejemplo de esa postura
innovadora son las revistas académicas recientemente lanzadas durante el Congreso de la Intercom:
Grifos es un producto del Grupo Comunicacional de Chapecó (ciudad ubicada en la región sur de Santa Catarina);
Conexión aparece como el vocero del Grupo Comunicacional de Caxias del Sur (ciudad ubicada en el circuito serrano del estado de Río Grande do Sul); y
la revista Idea, que surge como fruto del singular idealismo del Grupo Multidisciplinario de la Facultad Sao Francisco de Barreiras (comunidad enclavada en el oeste bahiano).