Los comunicadores del Presidente
Javier Solórzano Zinser
Sigue sin verse por dónde. Hasta ahora el gobierno de Vicente Fox no ha podido cohesionar el trabajo de comunicación social en su propia casa. Cuando no es un nuevo cambio en la dirección, aparece la imprudencia pasando por la
duplicidad de funciones. El asunto se está haciendo cada vez más delicado.
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Foto: Mario Aldana |
Hoy en día las direcciones de comunicación social de las secretarías de Estado tienen un peso menor. Fue mayor
cuando el "chayo" era el centro de su acción, o cuando también se daban, porque efectivamente se daba, el ofrecimiento
de información útil para los medios. Los periodistas en muchos casos le entraban a las reglas no escritas del juego con
las dependencias oficiales. De alguna u otra forma estaban, en su tiempo, hecho el uno para el otro.
La propia división de las llamadas "fuentes" otorgaba una especie de puesta en escena en la relación entre
algunas dependencias y los periodistas. A lo largo de los años se trabajaba de manera conjunta que de forma casi
inevitable generaba formas y complicidades. ¿Qué podía ofrecer la Secretaría de Agricultura de no ser la promoción de alguien
o del propio titular de la dependencia? Los periodistas tenían oficinas en las propias dependencias y desde ahí
enviaban la nota que les daban.
La relación era intencionalmente confusa. Hoy las cosas han cambiado, pero desde donde se vea la función de
las direcciones de comunicación social tienen que pasar por un proceso de revisión no sólo en su funcionamiento,
sino también en sus objetivos y el sentido mismo de su existencia. Las han ido haciendo cada vez más pequeñas, pero con
todo y esto muchos de los vicios se mantienen. Mientras que no se haga un cuestionamiento profundo lo que pase en Los
Pinos tendrá un efecto explosivo para cualquier dependencia del gobierno. Es por esto que los cambios y los vaivenes en
la Presidencia afectan de manera inevitable a todas las dependencias. El asunto es evidentemente integral.
Si bien los cambios en la Presidencia pudieran tener cierta lógica es evidente que no han resuelto nada, por lo
menos hasta ahora. El primero tuvo que ver con el nuevo estatus de quién dirigía la comunicación: Marta Sahagún. Se casó
con el Presidente, casi nada. La memoria indica que su gestión estuvo enmarcada por una indefinición de territorios. Por
lo que pasó después es evidente que el cargo era algo menor y, por lo tanto, se llegó a vivir más de algún momento
de confusión que hoy se entiende. Marta Sahagún fue una vocera con quien no se sabía cuándo informaba lo que
el Presidente quería dar a conocer o cuándo lo interpretaba. La cercana relación, que posteriormente se confirmó,
creó escenarios confusos junto con la falta de oficio. El grupo que laboraba al lado de la señora Sahagún era conocido
como el "kinder".
Su salida, más allá del respeto a la vida privada del matrimonio, podía ser ocasión de una nueva etapa. Francisco
Ortiz llegó al relevo. La decisión se fundó en una fase que, sin duda, Ortiz y el Presidente conocían, y además les había
dado resultados: mover la propaganda y las técnicas de medición de opinión pública hacia la comunicación social. El
resultado fue también adverso. La relación con los medios seguía sin componerse. La Presidencia sigue construyendo
estereotipos a su alrededor: los buenos y los malos, y/o los que están conmigo o los que están contra mí.
Los conocimientos y las capacidades de Ortiz no llegaron hasta la comunicación social. No se podía porque en sí
misma la materia prima es diferente. La prensa es compleja y las expectativas que generó la Presidencia en manos de
Vicente Fox fueron, y en algún sentido siguen siendo, muchas. La atención a lo que se hace y no se hace en Los Pinos es
totalmente lógica y le debería sacar menos ronchas a la Presidencia. Los medios de comunicación han sido una de las
diversas plataformas del cambio y no pueden dejar de desarrollar su esencia que es, entre otras, la crítica.
De nuevo hay cambios en la comunicación social. Llega Rodolfo Elizondo que tampoco ha tenido experiencia en el
área. Sin embargo, tiene en su favor que es un político-político y se supone que entiende desde sus escalas en
recintos legislativos, la oposición y el ejercicio actual del poder algunos recovecos de la relación entre los medios y el
poder político. Los medios, sin duda, también han caminado en los excesos, pero bajo una política inteligente desde el
gobierno se debe otorgar el justo medio a las cosas. Es tiempo de que los medios se vean también hacia dentro. En varios
casos se ha manejado la información en tono irresponsable, y se ha dañado a más de alguno sin tenerse los elementos
claves para ofrecer la información.
Los medios no están contra el Presidente. Más bien el panorama puede ser leído. La presentación del
programa Fox en vivo, Fox contigo, del sábado 12 de enero, confirma que la Presidencia sigue sin claridad en el tema. Iniciar el
programa pregonando que "esta emisión no es para periodistas, analistas, etcétera", lo único que logra es abrir todavía más
la brecha entre prensa y gobierno. No es que todos debamos ser amigos, lo que queda claro es que es obligatorio que
se respeten las relaciones, y por encima de todo se profesionalicen. Se plantean las cosas como si los periodistas,
analistas y etcéteras fueron de otro mundo y los ciudadanos, entre los que no están los periodistas, analistas y etcéteras, sí fueran.
Se requiere de relaciones diferentes. La Presidencia tiene que hacer una gran tarea. Por lo pronto, deben hacerse a
un lado los estereotipos y dejar que la crítica haga su parte. Hay que atender aquello que sume y sobre todo que ponga
el dedo en la llaga y permita reflexionar para actuar. De otra manera las distancias enfriarán un camino que debe tener
casi por principio intensidad y tensión, pero no hay que cimentar la relación en la creación de mayores distancias. Ya es
hora de que también en esta área se aprenda.