Marco Lara Klahr
Toronto, Ontario.- En el centro de esta ciudad cosmopolita, Paul Jay habita un espacioso apartamento que deja sentir la naturaleza independiente y calmosa del caracol. Prodigando incertidumbre a los caminantes, afuera persisten la noche precoz, el viento y la lluvia, que aquí suele ser fría y pertinaz. Transpuesto el umbral, estrechan el silencio
y el calor sedantes, la alfombra que acalla los pasos, cada pequeño espacio aislado con haces de luz, la cocina pulcra,
la habitación, el estudio y, en el medio, la sala, donde frente al ventanal una imperturbable mujer de piel oscura
hace imperar su hermosura.
Cualquiera que haya visto Return to Kandahar (Regreso a Kandahar) supondrá que Jay, su co director, no
está para banalidades. En el corazón de ésta, su habitósfera, con mirada y sonrisa afables, el tipo dispara: "Canadá es una buena base para invadir Estados Unidos, porque ellos están demasiado concentrados en Irak y queriendo
ocupar América Latina, pero no miran hacia el norte; es así como tenemos ventaja sobre ellos".
La conversación propiciada por etcétera obedece al lanzamiento formal, a partir de 2007, de
The Real News (www.iwtnews.com), una red global de contenidos televisivos independientes, con plataforma inicial simultánea en Canadá e India, y que ha concebido y dirigirá este canadiense calvo y atípico, aprovechando sus relaciones
con periodistas del mundo; el progresivo fracaso, según él, del infoentretenimiento; el creciente interés ciudadano
por mirar más allá de lo que ofrecen los monopolios multimediáticos, y el florecimiento del periodismo de
investigación, sobre todo en diarios del orbe.
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Al principio nombró a su novedoso proyecto Independent World Televisión (Televisión Mundial Independiente). El eslogan que acompaña la nueva denominación (The Real News, Las Noticias Verdaderas) da incontrovertible idea del espíritu que lo anima: "You have the right to know" ("Usted tiene derecho a saber"). Reivindica lo mejor del periodismo ciudadano también cuando lo primero que aparece en su portal de Internet es esta suerte de código de ética condensado: "No Corporate Dollars" ("No dólares corporativos"), "No Government Funding" ("No financiamiento gubernamental"), "No Comercials" ("No comerciales"), "No Strings" "No seriales".
Desde mediados de los 90 y hasta mayo de 2004, Paul Jay produjo en CBC Newsworld el más importante programa canadiense de debate político: counterSpin. Tiene asimismo una vasta experiencia como documentalista, con piezas para National Film Board of Canada, A&E, Discovery Canada&US, TVOntario, The 'A' Channel, CTV, CBC Witness, BBC's Storyville y La Sept/Arte. Conoce, pues, la industria mediática como no muchos; sabe de los coletazos que ésta puede dar a cualquiera que amenace sus márgenes de rentabilidad; ha aprendido a sacar ventaja de sus fracturas; tiene claro, sobre todo, que existen formas de sortear la pretendida homogenización de contenidos, de no dejarse avasallar como ciudadano o periodista.
The Real News hará del ciberespacio su hábitat; apelará a la responsabilidad de los ciudadanos del mundo para que contribuyan con pequeños donativos deducibles de impuestos a la construcción de contenidos; sus producciones, incluidas las noticiosas, privilegiarán la contextualización y la voz de los actores de cada historia; dispondrá de una red de periodistas por el mundo, y pondrá en juego la creatividad y la pasión para plantarle cara al infoentretenimiento. En suma, "podemos ir juntando los hilos que nos permitan ayudar a empujar esta época hacia una nueva Ilustración y contra ese intento de imponer a la gente un viejo tipo de ignorancia", reflexiona Jay.
Presentados como noticias, investigaciones o debates, los temas de la agenda editorial de la naciente propuesta televisiva serán la guerra, las ocupaciones y los ataques terroristas; el calentamiento global y propuestas que aspiren a solucionarlo; las violaciones a los derechos humanos y las leyes internacionales; la amenaza que constituyen las armas nucleares, químicas y biológicas; la catástrofe producida por el VIH y sus soluciones; la pobreza y modelos alternativos de desarrollo; las condiciones de vida de los trabajadores y la lucha por la defensa de sus derechos; transparencia y rendición de cuentas
(accountability), y modelos para crear un mejor futuro.
Lo mejor ahora es que el propio Paul Jay exponga los móviles que lo condujeron a emprender The Real News, algo tan entusiasmante para el público y los comunicadores.
En un momento donde predomina la deliberada administración de la realidad que hacen los grupos multimediáticos, ¿su proyecto muestra que el poder mediático es falible?
La imagen del mundo en los mainstream media (categoría que define a los medios industriales predominantes en el plano global), tanto en las transmisiones corporativas como en las privadas, es representada dentro de unos límites estrechos, en los cuales no pueden cuestionarse los sobreentendidos subyacentes; puede hablarse de la política superficialmente, no más. En inglés usamos esta expresión: "El elefante en la habitación", que significa que las cosas más obvias, ésas no puedes mencionarlas.
Por ejemplo, si hablamos de las tropas canadienses en Afganistán, los media de noticias presentarían una
gran historia acerca de si tienen balas suficientes o sus tanques poseen armamento suficiente, pero no reportarían,
ni discutirían, ni debatirán por qué están ahí; no se preguntarían si nuestra política hacia Afganistán conducirá a
la democracia. Repetirían los eslogan: "Estamos ahí por la democracia" o "Estamos ahí para la reconstrucción
de Afganistán", pero no harían un periodismo que investigue si nuestras políticas están consiguiendo lo que
dicen proponerse.
Si uno cuestiona ese sobreentendido lo acusan de querer llevar su propia agenda o de ser izquierdista; o, si
lo haces dentro de los confines de una sala de noticias, entonces eres un buscapleitos. Porque la agenda de cómo
pueden discutirse los eventos del día está limitada más o menos por los parámetros establecidos desde los principales
partidos políticos. Esto es así en Estados Unidos y aquí [en Canadá]. Aunque tal vez lo sea menos en la prensa escrita,
donde hay un poco más de margen, en la televisión se tienen unos confines angostos, y la razón es que ahí es donde
se encuentra la audiencia masiva, que es para la que crean una ficción completa del mundo.
En el programa que produje para CBC, counter-Spin, tratábamos de llevar invitados que pudieran romper
esa fantasía virtual que era la representación convencional del mundo, pero es poco lo que puede lograrse dentro de
los confines de un programa de debates, de manera que tuve cada vez más la sensación de que necesitábamos
periodismo de investigación, reportajes que pudieran contar las historias de modo más temerario.
Pese a que uno podría decir que la CBC hizo mejor trabajo que el de las cadenas estadounidenses y que
había individuos que hacían excelentes reportajes, éstos eran cada vez más la excepción; la mayoría de los reportajes
eran simples copias recicladas de los cables de agencias. Aun cuando tenían gente en el campo, los de la CBC
estaban tratando siempre de ver lo que AP, Reuters o transmisiones estadounidenses estaban diciendo, para meterse en
su línea. Si un reportero en el campo tenía una historia novedosa, él mismo evitaba darle un enfoque aunque fuera
un poquito alejado de AP, Reuters, BBC o CNN, en parte porque temía que los editores excluyeran su material,
pues además la verdadera fuerza del conservadurismo está más entre los editores, que son quienes deciden.
Así, tuve la creciente sensación de que necesitábamos, de algún modo, un programa televisivo de temas
de actualidad que fuese independiente y pudiese romper esta camisa de fuerza impuesta por el
financiamiento gubernamental, en el caso de la CBC, y por la publicidad, en el de las cadenas privadas o corporativas.
Por supuesto, la situación en Estados Unidos era mil veces peor. Un momento clave para que yo comprendiera
lo peligrosa que estaba poniéndose la situación fue cuando Colin Powell acudió a Naciones Unidas para promover
el argumento de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Era claro, ya en ese momento, que
mentía; tuvimos invitados en
counterSpin que sostenían que aquello era simplemente indemostrable [] Pero los
media, casi sin excepción, abordaron el tema como si se tratara de un suceso político legítimo y serio, casi sin crítica.
Sabemos que unos días después de la exposición de Powell el jefe de su propia rama de seguridad y análisis [Strategic, Proliferation, and Military Affairs Office], Greg Thielmann, renunció en protesta y que otras tres personas de inteligencia del Departamento de Estado también lo hicieron, pero eso casi no fue reportado.
Quedó de manifiesto que la televisión, sobre todo, renunció siquiera a una pretensión de periodismo, convirtiéndose en nada más que propagandista de la política belicista de la Casa Blanca. Por mi parte, concluí que la situación de la democracia en Estados Unidos era problema de todos, pues si descendía a una especie de tiranía neoconservadora, su política exterior sería más agresiva y peligrosa. Y que si los media continuaban no había razón para creer que no lo hicieran adormeciendo a la gente con un estado de comprensión fantástica del mundo, construida en torno del chovinismo estadounidense, el mundo entero pagaría las consecuencias.
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La idea de desarrollar Independent World Television [como originalmente se denominó
The Real News] surge de lo que observé en el entorno canadiense, pero aún más de lo que sucedía en Estados Unidos, y de la convicción entre quienes percibimos esto de que necesitábamos actuar. Canadá es una buena base para invadir Estados Unidos, porque ellos están demasiado concentrados en Irak y queriendo ocupar América Latina, pero no miran hacia el norte; es
así como tenemos ventaja sobre ellos.
Ha habido otros intentos allá de crear medios independientes. Hay mucha prensa escrita, desde The Nation hasta Mother Jones. También están sucediendo muchas cosas en Internet. Pero los esfuerzos televisivos nunca han tenido el dinero suficiente para hacer algo en una escala que pudiera competir por la audiencia masiva. Pese a que Internet está
adquiriendo relevancia como fuente de información, la audiencia masiva sigue acudiendo a la televisión, porque
ahí están los programas de entretenimiento.
Mientras la gente siga enganchada a estos programas lo cual sucederá por mucho tiempo todavía, pues
dichos programas estadounidenses tienen a todo el mundo enganchado, y no sólo a los americanos, ésa seguirá siendo
su fuente de noticias, al menos si nos referimos a la audiencia masiva.
Esa visión fantástica del mundo podríamos llamarla "americanismo" (aunque, más allá de Estados
Unidos, puede variar según el país). En Estados Unidos lleva 100 años construyendo esa mitología y 50 o 60 de
televisión reforzándola, y es muy fácil de comprar; mientras la vida siga su curso más o menos normal, te hace sentir
bien, responde tus preguntas y puedes de algún modo relajarte, dejarte entretener. Para una suficiente cantidad de
personas (no para todas, pues para muchas las circunstancias son tan difíciles en Estados Unidos como lo serían en
América Latina) la mitología americana es satisfactoria la mayor parte del tiempo, pues es reforzada cada noche por la televisión.