b) La comunicación gubernamental. Aquí sí hay un cambio radical con el gobierno de Fox. La estrategia es otra. La diferencia fundamental está en la decisión de que Calderón y sus secretarios mantuvieran un perfil muy bajo en los medios. Está también la apuesta de que el Presidente actúe como la única voz del gobierno. Son contadas las ocasiones en que los integrantes del gabinete salen a los medios. La postura de Fox era distinta. él tenía una muy alta exposición en lo medios y animaba a los integrantes del gabinete legal y ampliado para que estuvieran de manera sistemática en ellos. En las reuniones de trabajo siempre les pedía que salieran a informar y defender las acciones y posiciones del gobierno.
Fox daba el ejemplo y de manera directa salía a los medios a debatir y a promocionar las acciones del gobierno. Esto no se contempla en la estrategia de Calderón. él, por lo mismo, está siempre menos expuesto a la crítica. A cambio tienen menos presencia en los medios. En esta administración se eliminó la figura del portavoz y el responsable de la comunicación volvió a concentrarse en las tareas que eran propias de quien ejercía la función de coordinador de comunicación social de la Presidencia en los últimos gobiernos del PRI, pero en un contexto político que resulta claramente distinto.
El impacto de la comunicación gubernamental
La estrategia de comunicación de Felipe Calderón ha reducido el ruido mediático que caracterizó al gobierno de Fox, sobre todo los dos últimos años. Es algo que se buscaba y se ha conseguido. De otro lado, esta decisión ha provocado que el gobierno, sus integrantes y acciones tengan un débil posicionamiento en la imagen de los ciudadanos.
Las encuestas dan cuenta de algo que sorprende y resulta incluso extraño. El cambio de estrategia no ha modificado de manera significativa la percepción que tiene la gran mayoría de la ciudadanía sobre ambos gobiernos. Los niveles de aceptación del presidente Calderón rondan en 60% y la calificación en 6.4. Estos números son muy semejantes a los que Fox tuvo a lo largo de su mandato. Este último, incluso, siempre tuvo unas décimas por arriba de las calificaciones que ahora tienen el primero.
El cambio fundamental está en que el círculo rojo (periodistas, académicos, líderes empresariales...) trata por ahora mejor a Calderón que a Fox. Es cierto, con todo, que la información publicada no necesariamente genera opinión pública. Hace mucho ruido porque se conoce entre las elites, pero no penetra en la visión de la mayoría de los ciudadanos. Hoy, sin duda, existe mucho menos ruido del generado por el círculo rojo, pero esto no influye en la percepción de los ciudadanos.
El que hayan ocurrido cambios en la estrategia de comunicación de Calderón y Fox, pero que ambos tengan más o menos los mismos niveles de aceptación, tiene dos posibles explicaciones: la primera es que existe una clara predisposición de los mexicanos a calificar de manera positiva al Presidente y su gobierno en independencia de la manera de ser; la segunda es que sólo cambió la comunicación gubernamental, la que llega directamente al círculo rojo, pero no la publicidad gubernamental que es a la que está expues-ta la gran mayoría de los ciudadanos. Lo determinante, parece ser, siguen siendo los spots. Las preguntas que no tienen respuesta clara son todavía muchas.