Fernando Mejía Barquera
La radio mexicana vive una paradoja: estudios recientes indican que la mayoría de la audiencia prefiere
escuchar música a través de este medio y, sin embargo, los noticiarios se multiplican en el cuadrante.
Muchas emisoras renuncian al formato musical y adoptan el "hablado" cuando probablemente la
ortodoxia sugeriría que hay más posibilidades de capturar audiencia en un ámbito (el de la música) que es mayoritario, no
en el que menos radioescuchas atrae y se encuentra, además, en un acelerado proceso de saturación. ¿Cuál es la
razón de esta paradoja? Probablemente sea que, en este momento, a los grupos radiofónicos no les interesa tanto
la audiencia sino influir en otros sectores.
Noticias a la baja
En su entrega correspondiente a 2004, la encuesta "Consumo cultural y medios", que realiza anualmente el
diario Reforma, indica que en el Valle de México la programación musical es la opción que prefieren
mayoritariamente los radioescuchas. Según la encuesta, efectuada en febrero de este año y publicada el 13 de mayo, a 76% de
los consultados le gusta escuchar música en la radio, a 42% noticias, a 19% entrevistas y a 14% deportes (la
publicación aclara que la suma no da 100% porque se aceptaron múltiples respuestas). Asimismo, según el estudio, el
porcentaje de personas que escucha diariamente noticias en la radio bajó un 3% durante el transcurso de un año: en 2003
la cifra era de 46%, mientras que en 2004 es de 43%. La tendencia, cabe decirlo, se ha ido incrementando con
el tiempo, pues en 1996, año en que
Reforma publicó su primera encuesta, el porcentaje de radioescuchas
que sintonizaba diariamente noticias era de 58%.
¿Por qué si las noticias y en general la radio "hablada", según la encuesta de
Reforma, van a la baja en cuanto a interés por parte de los radioescuchas, la radio vive la invasión verbal a que nos referimos el mes pasado en
este espacio? Ahora tenemos en el Valle de México 28 estaciones musicales y 28 "habladas" (además de
cuatro culturales que son "generalistas", es decir, que incluyen programación de ambos tipos), y hasta TV Azteca
ha ingresado a la radio a través de tres noticiarios que, mediante un convenio, difunde en frecuencias del grupo
Radio Fórmula.
Poder político y económico
La respuesta podría estar en dos palabras: dinero e influencia. Lo curioso es que en ambos casos el referente
no parece estar tanto en la audiencia como en el poder político y económico. Las elecciones de 2006 han abierto
una coyuntura con duración de dos años en la cual los partidos políticos, como ya se ha dicho reiteradamente,
destinarán decenas de millones de pesos para anunciarse en medios electrónicos, y de esa "derrama" la radio
desea obtener una porción lo más grande posible. Si la política en México continúa en los próximos meses por la vía
del escándalo (y no hay razones para pensar que se vuelva tersa sino, al contrario, que acentúe su grado de
estrépito), los noticiarios y buena parte de los programas hablados podrán, quizá, suscitar interés en la audiencia y, sobre
todo, en anunciantes dispuestos a patrocinar, por ejemplo, el segmento de un noticiario donde se va a dar a conocer
una noticia estruendosa. En cualquier estación, la publicidad en los noticiarios es más cara que en los
espacios musicales, y dentro de los programas informativos es más caro patrocinar una sección que el spoteo normal.
Esas tarifas son las que más interesan a los radiodifusores en estos días de política convulsa. Mientras haya
empresas dispuestas a pagarlas, el nivel real de audiencia no es prioritario, sobre todo si el anunciante, gracias al trabajo
eficaz de un buen vendedor de publicidad, cree que llega a una gran masa de consumidores.
Pero más allá del objetivo económico, el móvil político parece formar parte fundamental del repentino
interés que algunos grupos radiofónicos sintieron por los noticiarios. La relación con los actores políticos partidos,
gobiernos, legisladores y personajes diversos y la búsqueda de influencia sobre ellos es algo de lo cual estos grupos
no pueden prescindir, individualmente y como gremio, en una etapa de la vida nacional donde la alternancia se
ha convertido en realidad; en ello van en juego muchas cosas: el futuro de la industria radiofónica y el diseño del
rumbo político y económico del país, aspectos en cuya definición los radiodifusores no desean quedar excluidos. El
interés de los actores políticos por aparecer en los medios electrónicos y el temor que suelen tener hacia una
cobertura desfavorable de sus actos en radio y TV es algo plenamente demostrado.
En la entrega anterior de días de
radio preguntaba si la invasión verbal en el cuadrante disminuirá después de
las elecciones y la radio musical tendrá un repunte o si estamos ante una nueva tendencia que se consolidará por
varios años en la radio mexicana. Empiezo a inclinarme por la primera opción: una vez concluida la coyuntura
presidencial de 2006 es probable que los grupos radiofónicos hagan retornar a varias de sus emisoras, ahora "habladas",
al formato musical y que permanezcan en él hasta que una nueva coyuntura política exija otra vez transmutarse.